Una Fea Esplendorosa *serie La Hermandad De Las Feas 03*

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CAPITULO 3

...Es requisito para ostentar
el estatus de "dama perfecta"
conservar siempre un aspecto
pulcro, elegante y sobrio...

Extracto de: "Requisitos para ser una
dama perfecta"

 

Ella se tenso y tragando saliva permaneció estática, rogando en su interior que alguien les interrumpiese, que aquel gigante desistiera en su curiosidad y la soltara para poder refugiarse a su rincón de seguridad habitual. No obstante no sucedió. Una vez más el mundo parecía conspirar en su contra.

- Vamos, bella flor...sé que eres tú...puedo reconocer tu aroma, tu cabello color fuego y la tentadora forma de tu...- continuó el hombre con su marcado acento escocés, pero ella sofocada y escandalizada le interrumpió.

- No se de que habla milord. Me está usted confundiendo con otra persona -balbuceo rígida, ejerciendo presión para liberarse.

- ¿Ah si? - respondió él, con un evidente tono socarrón, lo que no hizo sino intensificar el ya monumental sonrojo de la joven. - Supongamos que le creo milady, y ésta es la primera vez que tengo la dicha de encontrarla, ¿podría entonces recibir el placer de conocer su nombre?

Briana se desespero. Otra vez aquella pregunta, que nuevamente como en el museo le causaba consternación, pues ella no deseaba develar su nombre, no quería traspasar la barrera que imponía ser desconocidos, y sobre todo no soportaba revelarse ante él como lo que era: una don nadie.
Por lo que fijo su vista en la camisa y chaleco color burdeos del duque, tratando de ignorar la manera infame con la que la tela se pegaba al pecho musculoso y buscando elucubrar alguna estrategia que logrará sacarla de aquella bochornosa escena, dijo lo primero que cruzó por su mente aturdida, y no precisamente experta en estrategias y locuacidad.

- No soy una lady, milord. Mi padre sólo es un barón - soltó y la respuesta del escocés fue un temblor en su pecho y una ronca risa.

- De acuerdo, hija de barón. ¿Puede usted decirme su gracia? - inquirió burlón el duque, seguramente divertido por su actitud melindrosa.

- No es posible milord, no es correcto decirle mi nombre sin una adecuada presentación, ni mucho menos el que estemos...- negó Briana, pero el movimiento brusco que hizo el duque al pegar sus rostros hasta lo indecente, le hizo interrumpir su clase de protocolo no pedida.- Pero...qué hace...- balbuceo sin aliento ella, estremeciendose cuando por fin sus miradas se cruzaron.

El color de sus ojos era de un azul profundo y brillante, como el mar inglés, como un cielo despejado en la tierra de su madre. Y ellos la veían de una manera tan intensa, tan devastadoramente inquietante que cada vello de su cuerpo se erizo.

- Lograr mi cometido, ver sus ojos señorita. Y comprobar que son tan bonitos como los imagine...- contestó el duque, desplazando su vista hacia su boca que seguramente estaba abierta de conmoción. Al igual que su pulso, que corrío desbocado cuando él se inclinó lentamente hacia ella, que no pudo más que suspirar expectante y sumergida en un sueño dorado, a la espera de que sus labios se juntaran.

- ¡Briana! - chillo la conocida voz de Mary Anne, expulsandole del paraíso que de no ser por su oportuna interrupción se hubiese convertido en su infierno particular.

Salvada por la hermandad..justo a tiempo...

Alexander aflojo sus brazos, permitiendo que la muchacha se alejara, y observo como ella se abrazaba con dos damas tan mojadas como la pelirroja.
Por fortuna la llegada del grupo que también incluía a Vander y a Luxe, impidieron que el cometiera un error garrafal, que sin duda cuando su cuerpo se enfriara lamentaria. Y no porque estuviese arrepentido de haber estado a punto de besar a la joven, sino porque claramente era uno de los puntos que su tío le había recalcado hasta el hartazgo, y definido como: Prohibidos.
En Inglaterra: estaba prohibido abordar damas sin un acompañante adecuado, prohibido bailar con una mujer más de dos veces, prohibido hacer algún comentario sobre su fisonomía, prohibido decir lo que piensas sino es elegante y correcto, prohibido usar un trato informal con nadie ajeno a la familia, prohibido quedarse viendo los encantos de las damas, prohibido permanecer a solas en público con una mujer, y más que prohibido besar a una señorita soltera y menos si ésta forma parte del mercado matrimonial.

Uff...eso aunque ridículo llegaba a entenderlo. A lo que no se acostumbraria era a hablar como un cura frente al rey, y a caminar como si le hubiesen empalado por el...¡Rayos!...¿Tampoco podía pensar en la palabra trasero?

Bueno...entonces estos ingleses además de estirados y afeminados, eran hipócritas...porque bien que no se podía decir la palabra, pero cada uno de sus amigos no dejaban de comer con la mirada las curvas del cuarteto de floreros, que sus vestidos mojados y adheridos a sus cuerpos dejaban ver.
Y él...él ni borracho se perdería la visión ardiente, que componía esa pelirroja tan apetitosa como tímida y misteriosa.

Vaya...más que una flor, la joven era un dulce, un exquisito dulce que ahora más que nunca estaba más que decidido a desenvolver.



EvaBenavidez

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En el texto hay: caballeros, bailes, amor de epoca

Editado: 02.09.2018

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