Una modelo en apuros

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16; Atardecer

Dylan y yo bailamos muy pegados, sus brazos están en mis caderas y mis manos en su cuello. Creo que estoy borracha.

Entonces miro el reloj: las seis y media.

-¡Mierda! -maldigo en voz alta, y el rubio me mira con el ceño fruncido-. ¡La sesión de fotos! ¡Era a las ocho! -grito de los nervios.

-Todavía son las seis y media, tenemos tiempo -dice tartamudeando ligeramente.

De pronto, la borrachera parece haberse esfumado, y el tiempo se me echa encima como un vaso de agua fría. Entre que llego al hotel, me ducho y me arreglo me dan las uvas, necesito irme ya de aquí. Y los chicos también.

Cojo a Dylan de la mano y recorro el lugar en busca de los otros dos. A Ethan lo encuentro bebiendo mientras habla con algunos chicos que, dios me salve, están como los panes. Tras dedicarles a estos una sonrisa coqueta, arrastro al pelinegro conmigo.

-¿Qué haces? -pregunta confuso.

-El reportaje, Ethan Scott, el reportaje. Y vamos muy tarde -digo respirando pesadamente a causa de la carrera que me estoy dando para encontrar a Alex.

Al fin lo veo, liándose con una chica morena. Uf, está desesperadito el pobre. Sin vacilar, me acerco a ellos e interrumpo el beso cuando le doy a Alex un puñetazo en la espalda. Creyéndose que era algún tío, se da la vuelta con la mano alzada, pero al ver que soy yo, su expresión solo se torna enfadada.

-¿Qué coño haces, rubia? -me suelta.

-Tenemos que irnos al reportaje -contesto, y sus ojos se abren ligeramente.

-Hostia -dice.

-Sí, hostia. Ahora despídete de tu ligue y vámonos -ordeno.

-Adiós, bonita, ya nos veremos -le dice seductoramente y ruedo los ojos del asco.

¿Es que siempre tiene que hacer lo mismo con todas? Me exaspera.

Llegamos al hotel a las siete menos cinco, y cada vez empiezo a estresarme más. Entro en mi habitación, cuando me doy cuenta de que los tres chicos vienen detrás de mí.

-¿Dónde os creéis que vais? ¡Fuera! -les grito, y tras agachar la cabeza se van cada uno a su suit.

Apresuradamente, me doy una ducha y me visto con lo primero que pillo: unos shorts y una camiseta corta, que deja mi plano vientre al descubierto.

Peino mi cabello y lo seco ligeramente con el secador para quitarle la humedad. Ya casi me llega por la cintura, estoy tan orgullosa de mí misma.

Cojo el bolso y le doy un toque a Alex antes de salir de la habitación.

-¿Dónde estáis? -pregunto.

-Ya vamos -cuelga y, al segundo, los tres salen de la suit de Dylan, a cada cual más ardiente.

Nos dirigimos juntos al hall del hotel, donde nos espera Charlie.

-¿Que tal estáis? -nos saluda.

-Bien -digo sonriendo-. ¿Y tú?

-Pues aquí andamos, que hace unas horas estuve en una fiesta con motivo hawaiano.

Se me corta la respiración por un momento, y empiezo a toser sin parar. Ethan me da un golpe en la espalda y consigue que se me calme.

-¿Estás bien? -murmura Charlie.

-Sí, sí. Solo me había atragantado -digo echándole una mirada furtiva a los chicos.

Gracias a dios que no nos vio, porque si no hubiera sido una situación de lo más extraña.

Salimos del hotel y dos taxis nos recogen y nos llevan a una playa con un precioso panorama.

La arena está compuesta por pequeñas piedras redondas, el agua luce tranquila y transparente, y el sol empieza a esconderse por el oeste, haciendo que el cielo se vea de un color anaranjado muy peculiar.

-Es bonito -le digo a Ethan que se ha quedado a mi lado.

-Como tú -repone, y lo miro sin saber qué decir.

-¡Lily, Ethan, venid! -nos llama Charlie, y acudo rápidamente.

-Ve con la modista, Lily, y tú con la peluquera -nos dice el director y obedecemos.

Me visto con un vestido sin mangas blanco con motivos plateados, varias pulseras y un collar a juego. Después de eso me dirijo a la peluquera, que pasa las planchas por mi cabello y forma bucles abiertos en las puntas. Finalmente, un hombre me maquilla y salgo de los cabinetes.

-Primero con Ethan -dice Charlie-. Colocaos mirando hacia allí para que se vea el cielo del atardecer.

Obedecemos y nos ponemos los dos juntos mirando hacia el mar. Charlie nos mira pensativos.

-Quítate la camiseta, Ethan -repone.

El pelinegro me mira conteniendo la risa y hace caso al director, lanzando la camiseta a un lado en la arena.

-Ahora colócate por detrás de Lily, y agárrala por la cintura. Pon la cabeza en su hombro, muy bien. Lily, déjate llevar, te veo algo tensa.

¿Yo? ¿Tensa? Para nada. Solo me está abrazando Ethan Scott Brenton, tampoco es para tanto. Suspiro y me relajo. El fotógrafo comienza a tomar fotos hasta que Charlie lo para.

-Alex, ponte con ellos -le dice al moreno.

Veo cómo Dylan me mira divertido pero a la vez mosqueado. Él quiere abrazarme, lo sé. Suelto una risita malévola y le saco la lengua. Entonces el moreno se coloca a mi lado, de manera que quedo rodeada de los dos modelos. Esto sí que es vida. Nos toman algunas fotos graciosas y otras más serias.

-Alex, Ethan, ya podéis cambiaros. Dylan, ponte con Lily.

Tantas fotos cansan, eh. Nunca os atreváis a pensar que el trabajo de una modelo es fácil. PORQUE NO LO ES.



Tetuela

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En el texto hay: novela juvenil, modelos, verano

Editado: 12.11.2018

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