Una modelo en apuros

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Epílogo

Miro a mi hermana. Sus ojos marrones rebosan vitalidad, y su cabello ha crecido dos palmos. Esbozo una sonrisa, el tratamiento funcionó perfectamente. Hoy cumple ocho años, y está preciosa.

Sí, han pasado casi dos años de todo. Mensajes, alguna que otra llamada y fotos en Facebook es lo que me ha quedado de los chicos. Alex se fue a España después del contrato, y lleva con Carmen un año y medio. Me dijo que esta vez iba a ir en serio, que le gustaba la chica y que iba centrarse de una vez por todas, la verdad es que hablamos bastante. No puedo estar más orgullosa de él. Ethan, sin embargo, se ha quedado en Beverly Hills con sus padres. No sé mucho más de él, aunque de vez en cuando me escribe para ver cómo estoy, siempre con palabras formales y sin rastro de rencor. Supongo que él también ha madurado y ha dejado atrás esos temores del pasado. Y habrá pasado página. Igual que Dylan. Los rumores dicen que sigue viéndose con chicas a menudo, pero que no dura más de dos días con ninguna. Recuerdo aquel beso que le negué, y el arrepentimiento me recome por dentro. Habría sido nuestro último beso.

Solo me ha llamado una vez: por mi cumpleaños.

"Te sigo queriendo, Lily, quiero que lo sepas", dijo antes de colgar, sin darme tiempo a asimilar sus palabras. Y yo, sabedora de aquellos rumores, me he negado a volver a llamarlo, pero ni de lejos lo he olvidado. Ni siquiera he vuelto a tener nada con nadie, y mira que hay suizos de buen ver.

Termino de recoger mi cabello en un moño alto, y me introduzco en un pequeño pero elegante vestido rojo. Me he asegurado de que mi hermana tenga la mejor fiesta de cumpleaños de la historia, ya que las dos últimas se las pasó en el hospital. Con ayuda de mis padres, hemos alquilado un gran local, llamado a todos los nuevos amigos de Evelyn y comprado un precioso vestido de princesa, con corona incluida. Está loca de contenta.

Cojo el coche y conduzco hasta el establecimiento. Aunque todavía quedan dos horas para que empiece la fiesta, tengo que terminar de colocar la decoración y de preparar los sándwiches. Entro y sonrío al pensar en la alegría que le va a dar cuando vea el castillo hinchable que hemos contratado por sorpresa. Cojo el pan de molde, la mantequilla y un par de cosas más y me pongo manos a la obra. Después de una hora y media, queda todo listo. Entonces, escucho la puerta abrirse, y frunzo el ceño al comprobar que aún queda media hora para que tenga que llegar la gente.

Se me corta la respiración. Me quedo paralizada. Y, sobretodo, el corazón se me sube a la garganta. Comienzo a respirar entrecortadamente.

-Dylan... -trago despacio.

Está impecable, perfecto, vestido con traje y corbata. Su pelo luce algo más corto, pero, por lo demás, es como si el tiempo no hubiera causado efecto en él. Cuando se acerca a mí, dejo de coger aire directamente. No entiendo nada. Pero lo que menos comprendo es la reacción que me ha provocado volver a verlo. Creía que lo tenía más o menos superado.

-Respira -dice, y me abraza.

Y yo lo abrazo. Enrollo mis brazos en su cuello y me permito soltar una lágrima.

-¿Por qué... has venido? -pregunto mirándolo a los ojos.

-No puedo estar sin ti, Lily. Créeme que lo he intentado -sus palabras son suaves, sinceras.

-¿Por qué no me has llamado, Dylan? -le reprocho.

-Tú tampoco has dado señales de vida. Si no fuera por Alex... no sabría nada de ti.

Entonces caigo en que yo había invitado a Alex a la fiesta, pero no podía venir porque tenía un compromiso con Carmen. Le había mandado la ubicación incluso. Todo cobra sentido.

-¿Cómo querías que te llamara? No es muy agradable escuchar que has estado acostándote por ahí con... a saber cuantas chicas.

-Voy a serte sincero, Lilian. Me he tirado a muchas niñatas, sí -y esas palabras se me clavan en el pecho-, con el único objetivo de olvidarme de ti. Pero no puedo, no he sido capaz de dejar de pensar en cómo me haces sentir. Ninguna es como tú. ¿De verdad crees que no he estado pendiente de ti? Todos los días he mirado tus malditas redes sociales, o le he comido la cabeza a Alex por teléfono para que me cuente qué tal te va. No quería ni llamarte, por miedo a que, al escuchar tu voz, explotara. Te he echado de menos, Lilian Rose Nicolle, y me da pánico pensar que has pasado página, porque yo sigo estancado en el puto momento en el que me despedí de ti. Y esa noche me emborraché como un jodido irresponsable, y lloré. Lloré como un niño pequeño porque me di cuenta de que, desde el principio, te había tenido ahí, y había sido tan tonto que, además de haberte apartado, me había quedado sentado viendo cómo otro se quedaba con mi chica, dando pasos en falso que lo único que hacían era cagarla.

Me quedo muda, mirándolo con la boca abierta. Al parecer, él también había madurado.

-Siempre te he querido, pero no siempre lo he sabido -continua-. Ahora estoy seguro de ello, y me he tomado mi tiempo para cambiar esa actitud inmadura que no me hacía ningún bien. Perdóname, Lily, por todo -sus ojos buscan los míos.

-No sé qué decir, Dylan -murmuro.



Tetuela

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En el texto hay: novela juvenil, modelos, verano

Editado: 12.11.2018

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