Una musa para el dios de la guerra.

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Las mejores amigas

 

Daria se encontraba recostada en el diván mientras comía uvas con los ojos cerrados.

-Levántate, te ahogaras

Ella la ignoro y continúo su silenciosa tarea. A la segunda vez que Nastia la molesto se levanto.

-Te pones de un humor extraño cada vez que el reisito viene.

-Claro que no.

-Que sí.

-Que no - dijo la musa golpeando el suelo con su fusta para dar énfasis en la negativa.

Daria sonrió cínicamente y se dio la vuelta, se levanto en hombros y soltó:

-Si no te conociera mejor, diría que estas enamorada.

Su tono de burla hizo que quisiera estampar la fusta en sus preciosas mejillas permanentemente sonrosadas.

Levanto el "arma" para golpearla cuando escucho al hipogrifo llegar.

Se sobresalto de tal manera que brinco en su sitio.

A lo lejos, muy a lo lejos escucho la carcajada de la pelirroja.

Pero ella solo tenía ojos, oídos y atención para él.

Apolo.

Bajo del hipogrifo con su armadura brillando por los rayos que se impregnaban en esta, no querían abandonarlo, ¿quien querría?

Su aliento se detuvo, él la vio, si, la vio, ¿no?

Tal vez.

Rechino los dientes al ver la horda de musas correr hacia él.

-¿El reisito traería regalos? - pregunto la pelirroja en su hombro.

Apretó su fusta y dio media vuelta. ¡Que le importaba!

No era como si no pudiera vivir sin él, como si le adorara más que al sol naciente o a la luna errante. No era como si él... la notase.

Escucho los pasos de la pelirroja tras ella.

-¡Largo!

-Vas de regreso, te acompaño.

-No quiero tu compañía, eres la musa más insoportable que he conocido.

Daria paro por un instante, después apresuro el paso para alcanzarla.

-No lo dices enserio.

No, no lo decía enserio, la molesta chica incluso llegaba a divertirla en ocasiones pero...

Justo ahora, no estaba para bromas.

Entraron al enorme templo. El hogar de los dioses, lleno de colores, de luz, de magia y hermosura.

Recorrieron largos pasillos hasta llegar a las habitaciones y se lanzo a su cama en cuanto llego a esta.

-Sabes, escuche que un hijo de Hermes es bastante guapo...

-¿Y?

-Pues... los humanos dicen que... un clavo saca otro clavo.

-¿Que es un clavo?

-Es algo así como... el amor.

-Amor, que tonterías.

-Tal vez, podrías intentarlo, Apolo es... bueno él es...

-¿Qué?

-Es algo... juguetón, entiendes, no es el hombre de una sola chica, enamorarte de él te hará sufrir Nasthy.

Se dio la vuelta y no le dirigió la palabra de nuevo.

Cuando la mañana llego no encontró a nadie en el dormitorio.

Salió al jardín y encontró a todos sentados a la mesa.

Daria le hizo señas a un lugar vacio a su lado y ella rodo los ojos y se sentó en este.

-Lucias tan linda dormida que no pude despertarte, oh, veo que no has dejado tu fusta ni para el desayuno.

-Cuando los dioses me crearon lo hicieron con ella, no la dejare.

-Claro. - sonrió la pelirroja con cortesía.

Apolo llamo la atención de las musas chocando su cuchara de plata en la copa con filo de oro.

Mis niñas, mis amadas y hermosas musas.

Ella casi pudo sentir el brillo emanar de sus ojos al verlo.

Daria solo recargo su barbilla en su mano y miro hacia un lado como si nada de lo que el dios dijese le importase.

-Hoy es un gran día. He estado hablando con Zeus.

Hubo murmullos de éxtasis y alegría por parte de las musas. No cualquier dios podía darse el renombre de ir y hablar con el gran y poderoso Zeus, y su amo era uno de esos, uno de los pocos a los que Zeus adoraba.

Nastia sintió orgullo.

-Bien, me ha dado la oportunidad de ir y darles alegría a los mortales.

Los murmullos se intensificaron.

-¿Cómo? - preguntaron las musas.

-¿Cómo? Con su encantadora presencia por supuesto mis queridas. Que mejor para la alegría de un mortal que encontrarse con una musa.

-Pero, los mortales no son dignos, mi señor - soltó una de ellas.

-Oh, bueno, no, no serán todos, serán... solo unos cuantos. Los que tengan la capacidad para soportar sus caprichos.

Nastia se volvió con Daria, sus ojos estaban brillando.

Después del desayuno la pelirroja la abordo.

-¿Has oído eso Nasthy? Con los mortales.

-¿Que tienen de geniales?

-¿Que que tienen de geniales? Se nota que jamás has bajado a su mundo. Tienen de todo, ríen por todo, son felices.

A Nastia no le terminaba de agradar la idea. Mortales, eran solo un montón de brutos sin sentimientos destinados a una muerte rápida y sin sentido.

Pero tal vez, podría darse cuenta porque su patrón se la pasaba tanto tiempo allá. Tal vez, entendiera que había en la tierra que le fascinaba tanto.

En la tarde busco a la pelirroja, pero como era su costumbre, había desaparecido.

Decidió dar un paseo a la luz del crepúsculo.

Las luciérnagas comenzaban a salir y ella, como buena musa escuchaba los cantos del bosque.



Frann Gold

Editado: 14.11.2019

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