Una musa para el dios de la guerra.

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El dia en que el Olimpo ardió

El silencio reino después del grito furioso de la reina hada. Olímpicos y Fae se miraron unos a otros esperando el ataque del contrario.

Hefesto fue el primero en correr hacia el ejercito Fae, concretamente hacia Helios, con su enorme martillo en alto, se dirigió hasta el astro rey con quien comenzó una pelea.

Fue así como Atenea se lanzo contra la reina pero un grupo de cinco elfos la rodearon antes de llegar a ella. La diosa lucho contra ellos y los demás dioses, bélicos y no bélicos se levantaron para seguir peleando.

Ares buscaba a la musa que había perdido de vista mientras lanzaba estocadas a elfos, hadas, centauros, una especie de... trolls... ni siquiera sabía contra que peleaba, él solo peleaba. Una especie de hadas envueltas en fuego, iban por ahí, incendiando todo lo que podían. Todo estaba en llamas, si seguían así, el Olimpo ardería entero.

De pronto, vio a la musa, estaba lejos de él, hablaba con Eldrick y parecía desesperada, su cabello brillaba, toda ella brillaba, lloraba y al parecer suplicaba algo a Eldrick. El elfo negaba con la cabeza, fue entonces que la musa comenzó a correr hacia él.

No, no hacia él... hacia su madre. Entablo algunas palabras con ella, Morinda ni siquiera la miraba, continuaba estoica observando a la nada, con su cabello ya no rosa, sino carmín, prueba de su ira. Prometeo se acerco a la reina también, ella tampoco miro al titán mientras este hablaba.

Después de un momento la reina asintió y levanto sus manos. Todos en el templo la miraron. Dioses y Fae... todos. Daria parecía aliviada.

Al parecer fue una señal, pues el ejército comenzó a retirarse. Comenzaron a abandonar el palacio hacia los jardines y de ahí, abajo, dejando el monte Olimpo para volver a sus bosques.

Ares vio como de los distintos templos de los dioses, salían sátiros y ninfas, liderados por elfos, habían liberado a los esclavos Fae.

Morinda dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta del templo con Helios a su lado. El templo de Hera estaba destruido, al igual que el de Zeus.

De pronto, el sol se detuvo. Miro con el rabillo del ojo un dios que trataba de ocultarse entre los escombros.

Hebe se abrazaba a Dionisio con todas sus fuerzas, ella ni siquiera se percato de nada pues tenía los ojos fuertemente cerrados, totalmente aterrada. Escucho un grito en sus oídos, un NO desesperado y sintió como era lanzada con tanta fuerza que rodo más de dos metros lejos de Dionisio.

Daria se cubrió la boca sin poder hacer nada por su padre. Helios lo incinero. Del dios del vino y la fertilidad solo quedaron cenizas, y un corazón palpitante ennegrecido por estas.

Los dioses miraron todo con impotencia y sorpresa. Hebe corrió hacia el montón de cenizas y tomo el corazón de Dionisio entre sus brazos, lo repego contra su pecho llorando copiosamente. 

La reina Morinda ni siquiera detuvo su paso ante esto. Simplemente continúo su camino como la reina que era.

-Daria, vamos cariño. – soltó Helios cuando paso a su lado.

Al escuchar esto, Daria miro a Ares. El dios le devolvió la mirada lleno de ira. Necesitaba explicaciones. Quería saber si de verdad, él había sido solo una pieza más en los planes de su madre.

Daría abrió la boca y dio un paso hacia él, iba a decir algo, pero Eldrick tomo su mano y le susurro algo al oído. Daría trago fuerte, bajo la mirada y asintió.

Se dio la vuelta, igual que su madre. Como si él no hubiera sido nada para ella durante todo este tiempo. Lo abandono... igual que el resto del mundo.

Ares se quedo ahí, viendo como la musa elegía a los suyos, el bosque, su libertad, dejando de lado todo el amor que un día había proclamado tenerle.

Cerró sus manos en puños con fuerza, obligando a sus piernas a no moverse, a no ir tras ella. No lo haría, la musa eligió, no lo eligió a él.

A lo lejos vio a Eldrick volverse, aunque no miro a Ares, quien pensó que se mofaría. No, miro a Hermes, con tristeza, habiendo elegido también.

Ares vio como Prometeo sonreía complacido ante la batalla, puso su mano en el hombro de la musa y le dijo algo. La musa hizo una mueca en lugar de sonrisa y así, los Fae abandonaron el Olimpo, dejándolo devastado, en llamas, sin rey y sin reina. 

 



Frann Gold

Editado: 14.11.2019

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