Una musa para el dios de la guerra.

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Después de la batalla perdida

Los doce, ahora solo nueve, se reunieron en el salón para discutir sobre los tiempos venideros.

Los tronos de cada uno de los dioses estaban colocados en media luna, de forma que todos se podían verse a la perfección. Se sentía una extraña pesadez en el pecho al ver el trono mayor del medio, el de Zeus, dorado y vacío, al lado del de Hera y mas allá el de Dionisio, también vacíos. Le habían pedido a Hestia que volviese a tomar su lugar entre ellos pero esta se negó, diciendo que la condición de Dionisio no sería eterna y algún día volvería a sentarse en su sitio.

Los nueve dioses discutían sobre quien debía liderarlos ahora, quien debería tomar el lugar de Zeus mientras él no estaba.

Todos tenían razones para querer adjudicarse el título de rey del Olimpo, sobretodo Atenea, quien dio una lista casi interminable de triunfos, victorias, y puntos por los cuales ella debería reinar. También estaba Apolo quien pensaba ser mejor que Atenea para el puesto. Los únicos que no prestaban ni atención a la discusión eran Artemisa, a quien no le interesaba reinar o quien lo hiciera y Ares, quien estaba presente, pero con el pensamiento muy, muy lejos de ahí.

Afrodita propuso a su esposo Hefesto para el puesto pero fue ignorada, incluso por el mismo Hefesto quien no tenía intenciones en reinar, de hecho apoyaba a Atenea en ser quien los comandara alegando que ella tenía voz de mando y era la favorita de Zeus.

Ares no presto mucha atención sino hasta que su propio nombre fue proclamado.

Deméter pregunto por qué no reinaba Ares, después de todo, era el único hijo varón del matrimonio real, además de dios de la guerra y nombrado líder de la legión y protector del Olimpo por Zeus mismo.

Atenea por supuesto se opuso alegando que Ares no tenia lo requerido para reinar, era muy impulsivo además de tonto.

Para sorpresa de Ares, Poseidón estuvo de acuerdo con Deméter. Afrodita dio saltos en su puesto feliz con la proposición y Artemisa asintió a favor de Ares también.

Apolo, Hefesto y Atenea se cruzaron de brazos molestos, pero al dejarlo a votación hubo cuatro votos a favor de Ares, Hermes elimino su voto sin poder o querer decidirse por ninguno. Apolo voto por él mismo, Atenea y Hefesto votaron por Atenea y Ares tampoco voto. Así que por mayoría de votos, Ares resulto ser el nuevo líder de los dioses, cosa que lo sorprendió tanto como al resto.

Además de sentirse sorprendido, también se sintió abrumado, Ares no quería reinar. Ares no quería hacer nada en realidad, lo único que le apetecía en estos momentos era embriagarse con vino y ambrosía y dormir hasta que todo estuviera como antes. Pero eso no pasaría, nada jamás volvería a ser como antes. La reconstrucción de los templos de sus padres avanzaba con rapidez. Los cíclopes hacían un buen trabajo liderados por Hefesto. Los dioses menores trabajaban duro y los semidioses hacían el trabajo de los sirvientes Fae que ya no se encontraban ahí para ellos.

Ares sonrió de lado. Al final, los Fae lograron lo que querían, Daria logro lo que quería, libero a los suyos y consiguió su libertad. Y solo tuvo que destruir un par de templos... asesinar a muchos semidioses y dioses menores, un dios mayor, y hacer correr al mismísimo Zeus... ah y romper su corazón. Pero bueno, así es la guerra después de todo, él no era quien para juzgar las artimañas de la musa.

Dejo car la copa de oro en la que había bebido, habría querido lanzarla pero no tenía muchas fuerzas. Escucho como las puertas se abrieron y alguien después de entrar, las cerró de nuevo.

La mujer se sentó a su lado y acaricio su cabello.

-Necesitas un baño. – susurro la chica en tono casi maternal.

-Ahora no Hebe. – soltó Ares dándose la vuelta.

-Ares... te necesitan allá afuera, llevas días aquí.

-Que Atenea tome mi lugar, estará más que feliz.

-¿Y desde cuando permites que Atenea sea feliz?

-Desde que no me interesa.

-Ares... no es tiempo de rendirse... no después de...

-¿De qué? ¿De perder la guerra? ¿Perder a nuestros padres? ¿Perder a mi esposa?

-Después de... todo eso... - Hebe se mordió el labio.

-Hebe... solo quiero dormir, déjame... por favor.

La diosa rubia salió del templo de Ares con la cabeza baja. Desde aquel día todo estaba mal. Ares deprimido, Hermes perdido en sus pensamientos, Dionisio... bueno... Dionisio estaba... o... estaría... algún día... al ser el dios de la fertilidad... él regresaría, ella lo sabía, lo esperaba. Al menos su corazón continuaba latiendo.

Decidió ir por la artillería pesada. Nadie quería escucharla a ella, pero tal vez a sus hermanas sí.

Ilitia estaba ocupada, siempre lo estaba. Los bebes tenían esa costumbre de nacer siempre en los momentos menos oportunos, a ellos no les interesaba lo que sucediera en el mundo, ellos simplemente nacían, por lo que encontrar un tiempo para charlar con ella siempre era difícil, pero cuando al fin lo logro, la convenció de ir por Enio... Ares la escucharía a ella... sin duda.



Frann Gold

Editado: 14.11.2019

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