Una musa para el dios de la guerra.

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El regreso al templo de Apolo.

 

Tenso la mandíbula mientras sentía el ardor en su abdomen. Miro hacia abajo y encontró el rostro concentrado de la chica.

-¿Así que las musas saben curar heridas? – pregunto tratando de desviar sus pensamientos del dolor.

-No sé si todas, yo aprendí gracias a mi madre. Cada vez que hacia alguna travesura cuando era niña, mi castigo era pasar mis tardes con el curandero. Atendí partos, heridas y alas rotas.

-¿Quién es tu madre? – pregunto de nuevo pensando en las diosas. No recordaba a ninguna diosa en el Olimpo que se le pareciera. La musa dudo un poco, dejo de mover sus manos.

-Morinda. – respondió la musa levantando la mirada lentamente, ¿retándolo a burlarse?

-¿Morinda? ¿La reina de las hadas? – soltó algo escéptico.

Ella asintió y volvió a su labor. Así que por eso no actuaba como las otras musas y por eso lucia tan… diferente a las otras diosas.

-¿Cómo… como es que terminaste aquí? Quiero decir, se que para las hadas el encierro es… lo peor.

-Así es. Para mi desgracia, Dionisio es mi padre. Estoy obligada a permanecer aquí por la parte que tengo de él.

Ares entendió a que se refería la chica cuando aseguraba que escaparía a la primera oportunidad. Los Fae no eran criaturas domables, ellos eran salvajes y libres, como las aves, si las retenías por mucho tiempo, terminaban pereciendo. Encerrar a un hada era como arrancarle las alas a una mariposa.

Decidió no decir más, entendió que era una situación difícil para la pelirroja.

Después de unos minutos más, la musa termino con su labor.

-Bien, las heridas están casi cerradas, creo que para mañana estarás como nuevo. Es hora de que me vaya.

Ares asintió. No dio las gracias y ella tampoco dijo más. La musa salió de los aposentos del dios de la guerra con su cabello de fuego hondeando tras ella. Y ambos dejaron el encuentro como algo pasado, que no se repetiría.

 

…….

 

-¿Estás bien? Estábamos tan preocupadas por ti. – le dijo Nastia en cuanto la vio llegar al templo de Apolo.

-Estoy bien, puedo cuidarme sola.

-Sí, claro, pero… es Ares, el dios de la guerra. El más bravo y cruel de los dioses. Temíamos que… tú…

-Está bien, estaba demasiado débil como para hacer más que quejarse e insultarme.

-Bien, me alegra que ya estés aquí, sana y salva.

Daría sonrió, comenzaba a sentir el templo como su hogar, no era como estar libre en sus bosques pero al menos las demás musas eran corteses con ella y no la hacían menos por no ser enteramente olímpica. Pensó que en el templo de Apolo al fin tendría un merecido descanso hasta que la musa castaña le dio las nuevas.

-¿Fiesta? ¿Esta noche? Oh, no, estoy tan cansada hoy.

-Lo sé, lo lamento, pero es la reunión semanal de Apolo y sus hermanos y…

-Sí, lo había olvidado. Es solo que estoy muy cansada.

Las demás musas entraron en ese momento, la musa del drama la miro y casi se puso a llorar.

-Oh, mi querida niña. Hemos estado tan preocupadas por ti.

-Estoy bien, solo tuve que atender a un bárbaro durante algunas horas. En las que paso la mayor parte del tiempo dormido. A decir verdad, no fue tan malo. No como yo esperaba y…

-¿Qué no fue tan malo? – pregunto la musa del drama. –Oh, mi niña. Estas teniendo un colapso.

La tomo por los brazos y la llevo hasta la tina en donde las demás comenzaron a masajearla y bañarla.

Daría iba a alegar que se encontraba bien pero al ver las atenciones recibidas las miro con ojos llorosos y soltó:

-Oh, fue tan horrible, ese horrible monstruo me miro feo…

-Shhh, ya cariño, estas a salvo ahora.

Nastia rodo los ojos al ver la actuación de las musas y salió de ahí, aun había mucho que preparar para la reunión.



Frann Gold

Editado: 14.11.2019

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