Una musa para el dios de la guerra.

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Razones

 

Las caricias del dios eran tiernas y suaves, y por otro lado expertas y llenas de deseo. La miraba con una sonrisa de lado mientras besaba sus nudillos. Ella sonreía plácidamente algo adormilada.

-¿Qué te ha parecido mi casa?

-Es linda. Aunque lo que más me gusta, es la persona que eres cuando estás aquí.

El dios soltó una sonora carcajada.

-¿Lo ves? A eso me refiero. Eres tan diferente. Incluso has dejado tu armadura, jamás te había visto antes con una toga.

El dios asintió. Tenía esa mirada pacifica que había tenido desde que entraron al templo hacia unos días. Todo había sido magnifico, incluso Enio, su hermana se comportaba con amabilidad, bueno, lo que ella consideraba amabilidad.

Las lunas, como solía llamarlos Enio, se pasaban el día haciendo bromas, cuando no estaban entrenando.

Ares no la había dejado sola ni un segundo, habían pasado los días, si no haciendo el amor, retozando después de hacerlo. Y cuando descansaban lo suficiente, el ciclo comenzaba de nuevo.

Ese era uno de los momentos de descanso y Daria sonreía felizmente mientras Ares se dedicaba a mirarla embelesado.

-¿Cuándo volveremos al Olimpo? – el dios frunció el ceño.

-¿Por qué? ¿Es que quieres irte ya?

-No, pero dijiste que no podíamos quedarnos para siempre y que en algún momento deberíamos volver.

Ares suspiro y se acomodo viendo el techo. Tenso la mandíbula y lanzo un profundo suspiro.

-Si, en realidad... mi padre esta buscándome. Ha venido aquí antes de que llegáramos y me han dicho que está muy molesto.

-¿Por qué?

Ares continúo mirando el techo frente a él y recordó la última vez que había visto a su padre.

El grito del rey de los dioses se escucho por el cielo entero.

-¿La has dejado escapar? ¿Cómo... por qué...? ¿Cómo osas desafiarme? ¿Tienes idea de cuánto me costó atraparla?

Ares escuchaba los desvaríos de su padre de pie, con la mandíbula tensa y los puños apretados.

-Eres un maldito... me has desobedecido...

-De todas formas – se escucho la pacifica voz de Hera – tu prometiste darle la musa a Ares.

Zeus la mira y se forzó a callar.

-Sí, pero no para que la liberara.

-¿Y qué importa? ¿Por qué tanto escándalo por una simple musa?

-No es simplemente una musa... - soltó Zeus atrayendo las miradas de los presentes – es una fae. 

-¿Y? – pregunto la reina.

-Yo...

Ares se alegro más que nunca de haberla dejado escapar. Zeus no la tendría, jamás la tendría. Y al parecer estaba desesperado por ella.

-Jamás la tendrás. – soltó el dios de la guerra casi sonriendo.

Zeus lo miro iracundo y después de un momento soltó una carcajada.

-¿Tú? ¿Crees que me interesa... como mujer? – Volvió a reír – No... no, no. es una sucia fae. Jamás... una fae. – casi lo ladro, como si los fae fuesen peor que algo que hubiese pisado.

-¿Entonces por qué...?

-Mis planes Ares... no necesitas saberlos. Lo único que sabrás es que la fae representa una ventaja para mí... para nosotros contra ellos...

-Ellos no son una amenaza. – dijo Ares.

-Ahora no, pero pronto.

-No padre, no me interesa lo que quieres de ellos, pero no llevare la guerra a los fae.

No, jamás. No haría la guerra contra las hadas, porque sería estar en guerra contra Daria y...

-No te necesito para llevar la guerra Ares, tengo a alguien más, a alguien mejor.

-Atenea – escupió Ares.

-Así es.

-No lo permitiré... ellos, no representan mayor problema, solo quieren vivir en paz.

-¡Se rehúsan a obedecernos! – grito Zeus.

-¡No tienen porque hacerlo! – grito Ares.

Zeus lo miro con rabia.

-Bien, Ares... si así lo crees. Pronto te demostrare tu error. Mientras tanto, ve por la musa, tráela de regreso. Haz lo que sea necesario porque si no lo haces, alguien más lo hará... y su suerte no será muy buena.

-¿De qué hablas?

-He mandado por ella, y no precisamente a seres muy pacíficos.

Ares abrió mucho los ojos. Sabia la clase de criaturas que su padre solía utilizar y su piel se volvió de gallina. Si quien quiera que fuera encontrara a su musa antes que él... la lastimaría.

Se dio la vuelta sin siquiera decir nada pero la voz de su padre lo detuvo.

-Tráela Ares, la quiero en el Olimpo. O mi ira se descargara contra ambos.

-Moriré antes que entregártela.

La risa de Zeus lo taladro.

-Parece que mi hijo se ha encaprichado de la fae. Yo sé lo que es eso Ares, esos seres no traen nada bueno jamás. Pero si estas tan seguro. Bien. Tráela al Olimpo, y será tuya.



Frann Gold

Editado: 14.11.2019

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