Una musa para el dios de la guerra.

Tamaño de fuente: - +

Bacanal

 

 

Y así, el tiempo fue pasando, viéndose en reuniones, sin que nadie lo advirtiera, a veces "Hera" la mandaba llamar, otras veces Daria se escurría al templo del dios como una sombra. Pero siempre encontraban tiempo para verse, amarse, consolar su triste destino.

Esta vez se encontraban en el templo del dios. Retozaban entre las sabanas de ceda nagras. Mientras el dios acariciaba su espalda ella jugaba con sus negros cabellos.

-Habrá un bacanal.

-¿Bacanal?

-Lo sé, detesto que el nombre de mi padre sea alzado tan alto, pero... Apolo asistirá y con él, nosotras.

-¿Ustedes? - La musa asintió distraída.

-¿Iras?

Por supuesto que iría, no permitiría que la musa se paseara por tal lugar sin supervisión, sabía lo que esas fiestas admitían. Solo de pensarlo su espeso humo amenazaba con salir.

-Claro.

.......

-Hoy será. – susurro Nastia emocionada.

Hoy, era un día especial, su primer bacanal. Jamás había asistido a uno, pero había escuchado hablar mucho sobre ellos. Los bacanales de Dionisio eran legendarios, según las otras musas, claro que no habían ahondado en detalles. No, lo que ocurre en el bacanal, se queda en el bacanal.

Nastia suspiro para sus adentros.

Hoy, sería una mujer, no una musa, solo, una mujer. Y Apolo... Apolo, sería solo un hombre. Así que... había una oportunidad, por muy pequeña que fuera de que sus sentimientos, fueran correspondidos, aunque fuera solo una noche, solo una vez, solo un recuerdo.

Entre tarareos continuo arreglándose.

El enorme espejo le mostraba su castaño cabello arreglado perfectamente para la ocasión, sus enormes ojos rojos como el vino y su hermoso rostro juvenil con pecas esparcidas sobre la nariz. 

Estaba admirándose cuando la puerta se abrió de pronto, la vio atreves del espejo y frunció el ceño. ¿Quien se atrevía a entrar en su habitación? Era suya, solo suya.

Se volvió para ver entrar a una refunfuñante pelirroja. Nastia tomo aliento tratando de evocar paciencia.

-¿Disculpa? – preguntó con los brazos cruzados esperando una explicación.

La musa la miro un momento y se alzó en hombros.

-Claro, estas disculpada, solo que no recuerdo qué error has cometido. Bueno, supongo que ya tu conciencia estará más tranquila.

Nastia la miró asombrada. ¿Cómo se atrevía esa... esa... hada?

-Me refiero a ¿que se te ofrece?, ¿qué haces en mi habitación?

-Oh, no te lo han dicho, desde ahora la compartiremos.

-¿Qué? – pregunto Nastia casi a punto de gritar de cólera. – No puede ser, estas equivocada, seguro será otra...

-No, es esta la habitación a la que Apolo me envió. Dijo que mi reacción hacia Talía había sido demasiado grave así que me envió contigo – la musa se estiró de brazos estirándose más en el diván en que ya se había puesto más que cómoda, hizo un gesto con los labios como si se burlase – seguro piensa que tu fusta me ayudara a mantener la calma.

Soltó una carcajada viendo a la pequeña musa de ojos rojos.

-Te lo advierto de una vez – dijo sentándose, de pronto pareció amenazante – no me molestes o te dejaré peor que a la estúpida de risa fácil... al igual que el resto de ella.

Nastia frunció el ceño y salió de su habitación apresuradamente.

Toco con fuerza a la puerta de madera con adornos de oro hasta que el astro rey se dignó a abrir. 

-Nastia... querida... puedo ayudarte en algo. - soltó Apolo con esa perfecta sonrisa que solo dedicaba a sus musas. 

-Daria... Daria.... Ella esta, en mi habitación e... insiste en que las has mandado tú.

Apolo se puso serio de pronto.

-Sí, Daria... escucha, ella... no se encuentra muy cómoda aquí, ¿sabes? Yo, creo que necesita una amiga. Su relación con Thalía no ha sido lo que yo esperaba...

-Pues esta vez te equivocas también, ella y yo, simplemente no congeniamos, ella es tan, tan, tan... salvaje.

Apolo sonrió tiernamente.

-Se que... no son precisamente acordes pero...

-No, no Apolo, jamás reniego de tus mandatos, yo... trato de ser la más obediente de tus musas pero... pero... esto... Apolo por favor, ella y yo... simplemente....

-Daria solo necesita apoyo, tú, mi Nastia – dijo acariciando su mejilla en un intento de quitar los mechones de cabello que habían caído en su rostro al encontrarse tan colerizada. Un acto que la hizo temblar y olvidar su enojo – serás la ideal para ayudarla a entenderse con nosotros.

Nastia comenzó a negar efusivamente pero un beso del astro en su frente la hizo quedarse de piedra.

-Vamos Nastia, has de intentarlo, como un favor hacia mi. Si después de un tiempo veo que no se entienden definitivamente, la mandare a otro lado. ¿De acuerdo?

-De acuerdo Apolo, por ti. Lo que sea.

Apolo la miró de la cabeza a los pies y frunció el ceño. Nastia sintió su estómago revolverse. ¿No le gustaba?

-¿A dónde vas? Te has arreglado especialmente hoy.



Frann Gold

Editado: 14.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar