Una Novia Para Navidad

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Una Novia Para Navidad (Parte 5 - Final)

Por el fin el día había llegado, el reino de Canterbury estaba dichoso; su príncipe al fin conocería a la próxima reina. Todos andaban de aquí para allá, esperando que la celebración fuera perfecta, no podía ser de otro modo. A las siete de la noche, toda la población se encontraba reunida junto al gran árbol de navidad; deseaban que el joven príncipe y sus progenitores aparecieran prontamente para observar el gran espectáculo. No tuvieron que esperar demasiado, a los pocos minutos aparecieron y se posicionaron en su lugar. Ahora sólo quedaba esperar a que la chica elegida apareciera.  
— * — 
Eliza se inmiscuyó entre las personas hasta que logró estar medianamente cerca de los asientos de los integrantes de la realeza. La joven observó al príncipe y notó que este mantenía una sonrisa estática en su rostro, parecía que nada podía borrársela. Y ella comprendía por qué, aunque su pensamiento fuera erróneo.  
Eli ya sentía calambres en sus piernas, las horas pasaban y nada ocurría, las personas ya comenzaban a posar en un su rostro una expresión de preocupación; la princesa de navidad no aparecía. Cuando una llama de esperanza parecía florecer en ella, de la multitud emergió una joven con rizos dorados y una sonrisa resplandeciente que impactó en todos los presentes. A los pocos segundos, las personas empezaron a vitorear de alegría. 
Desde su posición, Benjamín se encontraba estupefacto, ese no era el resultado que él estaba esperando. No podía negar que aquella joven poseía una belleza impresionante, pero Ben sólo anhelaba estar con la joven que en estos momentos se escurría entre la gentes, para irse de la celebración. Ben observó a su alrededor, todos estaban aliviados, incluso sus padres, que en ese momento se acercaban a la recién aparecida con gran emoción. Él, por otra parte, no podía moverse de su lugar, deseaba que aquello no fuera real, que el rey y la reina no lo llamaran con gran apuro. Se encontraba en una gran dicotomía; cumplir con la tradición, o correr hacia el amor de su vida, sin embargo, sólo le costó unos segundos tomar su decisión. 
Eliza caminó resignada entre el grupo de personas, aun sabiendo la verdad, deseaba que el resultado hubiera sido distinto. No obstante, no alcanzó a dar muchos pasos porque alguien la tomó por el brazo. Ella se giró y se encontró con Benjamín; su sonrisa, no podía indicar otra cosa; la había elegido a ella, en frente de todo el reino. ¡Qué locura! Eli, sólo pudo ofrecerle su mano, y ambos con una gran felicidad empezaron a correr, lejos de todo el bullicio, de todas las complicaciones. Aunque su dicha no duró mucho, porque delante suyo apareció un espectro de luz que le impidió avanzar.  
—No lo hagas Elizabeth, ya te advertimos —declaró con firmeza el espectro de una mujer. Eliza enseguida comprendió quién era. 
—Solo queremos ser felices. 
—Jamás lo serán a costa de la infelicidad de otros. 
—No sé quién eres —intervino Ben —pero la decisión está tomada; no hay nada que puedas hacer cambiar lo que sentimos. 
El espectro lucia confundido, no entendía cómo su tradición pudo cambiar, el amor, como ella lo veía, sólo podía planearse, sino, no era fructuoso. 
—Elizabeth, por favor. 
—No —exclamó con firmeza —quizás es momento de que las tradiciones cambien. Quizá ya no habrán deseos, pero tendrán reyes felices, que gobernarán de la misma forma. Además, soy como tú, buscaré la forma de darles lo que desean, estoy segura. 
Benjamín estaba confundido, pero suponía que por el gesto que le hizo Eliza, muy pronto se enteraría. 
El espectro, no del todo conforme, sólo asintió, y se desvaneció en el aire. 
—¿Qué significa todo esto? —preguntó confundido el joven príncipe.  
Eliza sólo río, y le dijo que pronto se enteraría.   
— * — 
Ambos volvieron a la celebración y explicaron a todos los presentes, que ambos se amaban, y que una tradición tan antigua, no destruiría su amor. No todos estuvieron conformes, sobre todo el rey, así que Eliza, tuvo que explicar sus orígenes y hacerles entender que no había mejor candidata que una descendiente de aquella hechicera que los ayudó por generaciones, además, se comprometió a despertar sus poderes, para ofrecerles sus deseos del corazón. La mayoría estuvo conforme con ese hecho, y aceptaron con gran dicha la nueva relación. 
Elizabeth y Benjamín, se casaron un año después, justo, el 25 de diciembre. Para ese tiempo la joven ya había adquirido la habilidad para la magia y había otorgado varios deseos del corazón. Todo el reino se encontraba feliz, porque no habrían podido encontrar una mejor novia de Navidad. 
 



Alessa Navarro

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En el texto hay: navidad, realeza, canterbury

Editado: 20.12.2019

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