Una Sola Mirada

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Capítulo 7

Nunca pensé que esas palabras pasarán por mi mente. Hace algunos días estaba decidido a dejar en claro que entre ella y yo no puede existir nada, y ahora me pasó por la mente eso. Ella está respirando, está viva. Está escuchándome ¿o no?, nunca lo sabré. No creo que lo primero que haga sea querer hablar conmigo y además sobre esto. Pero no pierdo las esperanzas.

—¿Cómo la viste? —preguntó Maggie apenas llegué junto a ella.

—La veo bien, como si solo estuviera durmiendo —admití.

—Es que solo está dormida, cariño —me respondió con una gran sonrisa, esa que tanto extrañaba, y más en estos momentos.

La sala se quedó en completo en silencio y eso no me gustaba, quería por lo menos escuchar unas voces murmurando cosas que no me importen.

—¿Y Thommas no ha venido? —pregunté, me mordí el labio inferior retractándome por haber dicho eso.

—Ha venido, pero lo hicieron regresar a la empresa, tenía una junta hace un par de horas. Entonces ya no tarda en llegar —me contestó sincera.

—Es que no lo he visto —contesté.

Mis palabras volaron por el viento, sin nada más.

Las horas transcurrieron debidamente, y sin pensarlo ya eran cuarto para las diez. Y tal como lo dijo Maggie, Thommas se hizo presente unos minutos después de que hablamos.

Había tenido el placer de conocer a la familia de Lily el primer día de "Asesorías", y la verdad es que les he tomado demasiado aprecio. Ellos me han sabido llevar perfectamente de la mano, los he llegado a ver cómo mi familia, Maggie me hizo sentir parte de la misma cuando me dijo la palabra hijo.

Me levanté de la banca en donde estaba.

—¿Gustan algo de la cafetería? —pregunté a los padres de Lily.

—Yo un café, gracias —dijo Thommas.

—Que sean dos —una sonrisa apareció nuevamente en los labios de Maggie, la cual escondía debajo de la tristeza.

Caminé directo a mi destino (la cafetería). A lo largo del día, las únicas personas que se hicieron presentes fueron Kenya, James y Oscar. Kenya se quedó un par de minutos, estuvo dándoles ánimos a los padres de Lily. James se tardó un poco más de tiempo, de hecho hace un par de minutos que se marchó, personalmente quería que se alargará desde hace horas. Y por su parte Oscar, llegó en buen momento, me llevó fuera del hospital a comer, le agradecí, ya que si hubiera estado cerca de James un minuto más, hubiera explotado diciéndole que se largara y confesándole a Maggie y Thommas el motivo de la recaída de Lily. Lo cual aún no he hecho.

Se me hizo muy hipócrita que James haya ido al hospital, después de saber lo que había pasado.

Mi celular comenzó a sonar, lo saqué de mi bolsillo y leí rápidamente quien era la persona que me estaba llamando.

Frida.

—Bueno —esperé a que me contestarán del otro lado del teléfono.

—¿Cómo estás? —preguntó—. Kenya me dijo lo que le pasó a tu amiga.

—Está bien, sólo tuvo una recaída.

—¿Sabes que estoy para lo que necesites verdad? —me dijo cariñosamente, yo necesitaba un abrazo ahora mismo de mi mejor amiga. Un sollozó se hizo presente en mi—. ¿Estás bien?

—No, esto que me está pasando, es muy fuerte, no puedo soportarlo —gemí de dolor.

Un nudo se hizo presente en mi garganta. Tenía ganas de llorar, de tirarme al suelo y olvidar todo, pero sé muy bien que eso no me haría bien, y además no traería de regreso a Lily. Su recaída no era fácil de llevarse, y mucho menos para sus padres, si yo me siento así, no quiero pensar en cómo están sus padres.

—¿Quieres que nos veamos?

Asentí con la cabeza, y después me di cuenta de que no podía verme.

—En unos minutos estaré en mi casa —dije con otro sollozó—. No quiero que sientas la tortura que es estar en un hospital.

Ella asintió y después de unos pocos minutos terminó la llamada. Seguí mi camino hacia la cafetería.

Tomé dos vasos de café y una botella de agua. Salí de la cafetería y me dirigí hacia la sala de espera donde se encontraban aún Thommas y Maggie. Al llegar le tendí su café a cada uno.

—Los traje sin azúcar —Ambos asintieron con un suave movimiento de cabeza—. ¿No hay novedades? —Los dos entendieron que hablaba de Lily.

Maggie negó.

—Estaremos al pendiente.

—Bueno, yo me retiro. Mañana tengo escuela y no quisiera faltar, pero si hay alguna novedad no duden en decírmelo, sea la hora que sea.

Los dos asintieron con la cabeza, y me despedí de ambos. Ya eran las diez de la noche, y a mi casa me hago cerca de cuarenta minutos. Y además Frida iría a mi casa.

Necesitaba hablar con alguien y no solamente conmigo mismo. Aunque también quería encerrarme y no volver a ver a nadie que no sea Lily.



Saul Vega

#12931 en Novela romántica

En el texto hay: amor y tragedia, escuela, ayuda

Editado: 11.11.2018

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