Una sola regla

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Capitulo 29

Este no era Alex, este era un completo extraño, una persona completamente diferente y Leslie lo podía ver claramente en sus ojos oscurecidos por la furia.

-¡Cállate Alex, te lo pido!

-Te lo repetiré una y otra vez hasta que entiendas- tomo aire antes de continuar con una voz mucho más fuerte –eres una…

Ya era suficiente, no permitiría una sola mala palabra más contra mi saliera de su boca; así que sin más en un impulso incontrolable que venía de lo más profundo de mi ser se apodero de mi mano derecha impactando esta misma con su mejilla. Permanecimos en completo silencio por escasos minutos solo mirándonos el uno al otro, mientras Alex acariciaba su adolorida y roja mejilla suavemente.

-Solo no vuelvas a llamarme de esa manera ¿está bien?, tú no tienes ningún derecho a reclamarme y mucho menos mi propio hermano a tratarme de una cualquiera- mi voz se sentía pesada y ronca pero hacia lo posible por sonar lo más fuerte posible. Me odie a mí misma cuando las lágrimas incontrolablemente empezaron a salir; abrí la puerta y rápidamente baje del vehículo.

-¡Oye! Lo que menos quiero ahora mismo es estar cerca de ti pero necesito llevarte a casa- en su tono de voz note que hacia lo posible por sonar como si no le importara nada.

-Puedo caminar, prefiero eso a estar cerca de un idiota. – hice el intento por mirarle lo más mal que pude.

Se encogió de hombros y encendiendo el auto –Como tú quieras – solo eso dijo y se fue.

El camino hasta casa fue horrible. En ese momento lo que menos me importaba era que las personas me vieran llorara. Pensaba en Daniel, todo lo que me había ocultado, por amor a Dios se iría a otra ciudad, drogas ¿Qué me dicen de las drogas?, Alex (mi propio hermano) tratándome peor que una de esas chicas fáciles.

En menos de lo que pensé estaba frente a mi casa, vi el auto estacionado y supe que Alex ya había llegado; tome fuerzas, valorar y entre a la casa llevándome la no muy grata sorpresa de ver reunidos a Gemma, mi padre y Alex sentados justo en medio de la sala.

-Hija que gusto verte no sabes todo lo que…- paro de hablarme para fijar su atención a en hermano. –Alex ¿Qué le paso dijiste que la cuidarías?- nuevamente me miro – ¿hija, que te paso? ¿Acaso estuviste llorando?

-Yo eh…- no tenía ni idea de que debería decir.

-Se me salió de mis manos, no estaba en mis planes el hecho de pensar que se acostaría con todos mis amigos- finalizo tomando su vaso de jugo esperando mi reacción

“¿Qué yo me acosté con quién?”

Mi padre se levantó de la mesa bruscamente haciendo que todos nos sobresaltáramos repentinamente. – ¡Leslie! ¿acaso lo que dice tu hermano es verdad? – por alguna razón las palabras no lograban salir de mi boca. Me sentía en shock ¿cómo Alex podría haber dicho eso de mí? y peor aún ¿Cómo mi padre podría estar dudando de esa manera?

-Víctor, tranquilízate, siéntate aquí te traeré un vaso de agua- los intentos de Gemma por clamarlo dieron resultado.

-P-papa claro que no, lo que dice Alex es una men-tira- estaba tan nerviosa que inclusive tartamudeaba.

Alex no se quedó callado y casi a gritos me afronto – ¿no te cansas de decir mentiras? Estuviste a punto de acostarte con Daniel, sino hubiese llegado no quiero ni imaginarme que estarían haciendo en estos momentos, por favor me das…

Papa corto a Alex de un grito – ¡Cállate! Veo que los dos son demasiado inmaduros para vivir solos. – Puso sus manos alrededor de su cabeza – ¿Qué puedo hacer? Debo trabajar en unos importantes proyectos al otro lado de la ciudad y si los llego a descuidar todo se arruinara y por otra parte aquí están ustedes peleando y cualquier cosa les podría pasar.

Gemma le puso su mano en su hombro –Tranquilo cariño, puedo mudarme aquí mientras se arreglan las cosas entre ellos y tu solucionas las cosas en el trabajo.

-¿De verdad harías eso por mí?- su sonrisa daba el reflejo de tener una gran esperanza. Ella asintió sonriente.

“Genial, ahora todo será mucho peor, tener que ver a esa mujer todos los días no nos gustaba para nada”.

Estaba muy enojada, nunca planee que todo saliese así, pero era el momento menos indicado para reclamarles, así que me encerré en mi habitación hasta quedarme dormida.

Desperté con un fuerte dolor en el estómago e inmediatamente supe que era por no haber comido; caminaba muy despacio para que nadie se despertara, baje hasta la cocina y encontré una caja de pizza con nada más que tres pequeños pedazos, me senté en el sofá y comencé a comerla con gusto.

Para mi mala suerte el plan de no toparme con nadie había sido todo un fracaso pues la puerta del baño se abrió rápidamente.

-¿Leslie?- dijo casi como un bostezo – ¿Qué haces a esta hora despierta? – por primera vez me sentía aliviada de ver a Gemma.

-Tenía hambre – lo dije como si fuera muy obvio.

Sorpresivamente ella se sentó a mi lado y tomo uno de los trozos –cuando yo tenía tu edad. – ella hablaba como si fuera mucho más mayor de lo que realmente era. –peleaba constantemente con mi hermano pero al final solo era cuestión de hablar, aclara las cosas y…- la interrumpí bruscamente.



Natalia Moreno

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En el texto hay: novelajuvenil, amor, reglas

Editado: 25.01.2019

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