Una temporada en el infierno

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Capítulo II

La única conexión entre este nuevo número telefónico y el anterior es el prefijo, que dentro de Duncombe tiene tanto valor como cualquier electrodoméstico sin un cable de alimentación. Su estado de ánimo en el viaje de vuelta a casa fue ilógicamente bueno para lo que fue el día en sí. Es verdad que esta última casualidad lo mejoró en un ochenta y ocho por ciento, pero olvidar cómo había fallado nueve horas antes debería ser motivo de reflexión, de autocrítica y de tristeza, si eso le sirve para afrontar la próxima dificultad.

Por si nadie se había enterado, salió de su trabajo a las cinco pero ingresó a las doce; durante la mañana tuvo una entrevista laboral a unas calles de donde se encontró con el amigo de su infancia. Superarla le aseguraba un lugar en la lista preliminar de candidatos para ocupar un lugar en el departamento de marketing de una empresa. Un empleo que no era lo que soñaba, pero estaría satisfecha si aún así lo consiguiese… Cosa que, tristemente, no va a suceder.

Enumerar la cantidad de errores que cometió antes y durante la entrevista cabría para un libro entero sobre lo que NO hacer en una. Y ganaría dinero a base de su inutilidad, no está nada mal, ¿eh? Volviendo al tema, primeramente llegó hasta donde tomó lugar la entrevista, a una sala con una pequeña mesa redonda y dos sillas enfrentadas, pues bueno, después se dio cuenta que no tendría sentido que el entrevistador estuviera dándole la espalda a la puerta de entrada y el entrevistado a los rascacielos, calles y al ayuntamiento de la ciudad, pero en ese momento no se le pasó por la cabeza y ocupó el lugar que le correspondía a su peor pesadilla. Como si esto no fuese suficiente oda a la vergüenza ajena –en este caso propia- lo que ocurrió en la entrevista en sí anuló su motivación de presentarse a otra.

Si existe alguien peor que el que asiste sin ninguna preparación, es el que va sobreinformado. Es el que se ha preparado tanto la entrevista que se la sabe de memoria y pierde naturalidad a la hora de aplicar lo estudiado. El representante de derechos humanos siente haber charlado con una máquina antes que con un ser humano. Colapsar en información es contraproducente, creyendo que lo único que importaba era el contenido y no las formas de expresarse, descuidando el lenguaje no verbal y desnaturalizando el poco que adoptaba. Entre sus fallos se encuentra hablar como si estuviera en una competición de quién recita la mayor cantidad de palabras en el menor tiempo posible, después está el hacer movimientos erráticos con las manos que no tenían ningún valor agregado. Y, finalmente, no ponerse de acuerdo acerca de qué posición adoptar en el asiento. Todo lo que pudo salir mal, salió mal, y la entrevista terminó antes de lo previsto; no porque el entrevistador así lo haya querido, es que ella misma cavó su propia tumba por no tener la más remota idea de cómo funciona el mundo laboral, y eso que ni siquiera se ha metido formalmente en él.

Duncombe es una ciudad próspera. Sus habitantes disfrutan de un lugar limpio y sin crisis, donde las oportunidades van y vienen y donde el dinero es relativamente fácil de conseguir. El problema es ella, que aún naciendo en un lugar así es incapaz de ingresar al mundo laboral. El trabajo a medio tiempo con el que se las arregla no es suficiente para dos personas; su bolsillo y su madre. La culpa de que esté esforzándose así es exclusivamente de la mujer que la trajo al mundo. Tiene razón en que no es posible dedicarse plenamente a lo que hace siendo que le ha ido tan mal como lo está pasando últimamente, pero lo único que ella pedía desde un principio era un poco de comprensión. ¿Acaso es un pecado soñar con vivir de lo que te gusta? Lo es si pretendes hacer de un hobby un trabajo. Lo es si tu sueño no es ser político, oficinista o representante de la burocracia. Lo es si, básicamente, tu sueño tiene connotaciones artísticas. Y de un pecado pasa a ser un crimen si la persona de la que dependes económicamente considera el trabajar ocho horas como la única fuente de ingresos viable, que se antoja particularmente irónico en el mal sentido viendo que esa misma persona hace todo tipo de artimañas para huir de esa realidad. Para que ella se tome la orden de ganar dinero en serio, la persona que la emitió debería empezar con dar el ejemplo. Su miedo principal es el de no decepcionarla para que la deje en paz y no el no conseguir el trabajo, es porque algo está mal.

Su vivienda es una casa humilde de solamente una planta, tres pasillos y cinco cuartos, que se distribuyen en cocina, baño, habitación de padres, sala de estar y su habitación. Cuando llegue, es muy probable que su madre esté recostada sobre el sofá con los ojos pegado al televisor viendo alguna serie en Netflix, servicio que paga con el poco dinero que obtiene con su trabajo actual y del que prácticamente ni disfruta. Cierto es que en los impuestos básicos ella no tiene ninguna influencia, pero lo realmente molesto es atestiguar la injusticia en el cómputo de todo.

Dicho y hecho: los fuertes sonidos del nuevo melodrama de la red superaron la dureza de las paredes, haciéndose notar desde el otro lado de la puerta. La abrió con extrema timidez, chocando con la alfombra y mirando de reojo la posición de su madre, que es exactamente la que predijo que tendría. Está demasiado ocupada atendiendo el Smart TV como para voltear y saludar a su hija. Mejor así. Conducida por la idea de no romper esa despreocupación, se metió en la casa y se dirigió a sigilosos pasos acelerados hacia su habitación, como quien tiene sed a las tres de la mañana y se mueve como un gato alrededor de la casa para no despertar a nadie, sólo que aquí el intento fue prematuramente lamentable.



Alex Abisalias

Editado: 08.12.2019

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