Una temporada en el infierno

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Capítulo V

Golpea el despertador a las siete menos cuarto, se quita la franela blanca lisa, se arrastra con un ojo pegado –normalmente el izquierdo– y el otro medio abierto hasta el baño, abre el grifo, junta las manos y las deja descansar debajo de él, se lanza lo acumulado a la cara, se seca, cepilla los dientes, se hace un café instantáneo con unas tostadas untadas en Nutella, se calza un pantalón vaquero con zapatillas blancas y negras en sintonía de un formal-informal polo gris, bebe el café, se come las tostadas y se mete en su auto rumbo al trabajo. Este proceso es el que Demian Gummers tiene que atravesar rutinariamente; puede parecer doloroso, pero es el camino que decidió elegir, la opción intermedia entre la fama, el poder, el dinero y la nada. Alguien cuyos sueños eran poco imaginativos, pero seguían siendo sueños. Es alguien que tenía mucho que contar, mucho que sentir y mucho que explorar pero lo sacrificó todo para favorecer una vida establemente gris. Hay días en los que llega a casa tras haber reído, sonreído, enfadado, entristecido y compartido con sus compañeros de trabajo, tirándose en la cama, mirando el techo y pensando en qué es lo que está haciendo con su vida. Luego recuerda lo que le dijo su padre, es preferible ganar tres mil mensuales que arriesgarte a trabajar de algo que un día te puede dar cien mil y al otro quinientos… Bueno, algo así era. En verdad la frase está tan ausente de musicalidad y metáforas que lo único en lo que coincide es que semejante mierda solamente podría haber salido de la limitada cabeza de su padre, alguien que desde niño antepuso lo material sobre lo que propone el espíritu. Anoche diversos pensamientos nacieron entre su cabeza y la almohada, la mayoría por la penetración de uno de los comentarios que Pristina fabricó en la cena, uno en el que preguntaba por el paradero de sus sueños. Excelente pregunta. Pero, desde lo más profundo de su corazón, ¿cuáles sueños? Su padre fue el que le implantó la preferencia del dinero por sobre cualquier otra cosa. Da igual que no te guste lo que haces, da igual que el sedentario trabajo de oficina te parezca soporífero, sigue siendo mejor que la inestabilidad financiera. Y por supuesto, sigue siendo mejor que el trabajo físico nueve horas al día para ganar un cuarto de lo que obtiene actualmente. Pero, por mucho que se esfuerce, no recuerda qué soñaba con hacer cuando tuviera esta edad.

Cuando niño se ilusionaba con muchas tonterías: desde pilotar un mecha –sueño importado de Tengen Toppa Gurren Lagann– hasta ser piloto de avión al descubrir que esos robots eran una invención de los japoneses. Eso fue hasta los diez años, o al menos hasta que comenzó la secundaria. En ese momento cree recordar que su padre se sentó a su lado mientras jugaba a la consola y le dio esa charla laboral. Jamás tuvo sueños porque los destrozaron antes que los pocos que tenían fueran algo realista.

Se levantó un poco congestionado. Si hay algo que odia con toda su alma, es estar enfermo. Puede que morir no sea la gran cosa, al fin y al cabo es el estado neutral de la nada que, por consiguiente, está alejado del sufrimiento. Sufrir es lo peor que existe. Una vida de sufrimiento es peor que estar muerto. Independientemente de que en un año tengas días buenos, por poner una cifra para ejemplificar, ¿cuál es el sentido de disfrutar quince días buenos si los restantes trescientos cincuenta van a ser una mierda? Y de todas las formas de sufrimiento disponibles, la fisiológica es la más cruel. El dolor superficial, al fin y al cabo, se puede contrarrestar en la medida de lo posible; el psicológico lo conoce tan bien que se ha acostumbrado a él. Pero el dolor que tiene sus raíces en algún virus o bacteria es el más insoportable, el que le destruye en cuerpo y mente. Algunos encuentran en esta desgracia una excusa para eximirse de sus obligaciones al menos por veinticuatro horas, la razón por la que él no puede darse ese lujo es triste: en su casa no tiene nada que hacer. Despertarse tan temprano no es una tortura porque lo tiene más que naturalizado y tampoco mentía cuando dijo que le gustaba su trabajo. Verdaderamente le gusta, otra cosa es que sienta lo mismo por sus compañeros.

El edificio en el que trabaja lo comparten dos empresas más quitando a la que él presta servicios, su sección está en la zona oeste. El punto negativo de esta parte es que es más complicado llegar a ella, todas las calles que tiene en frente son contramano y para cuando terminas de rodear el edificio ya han ocupado todo el estacionamiento. Desde que empezó a trabajar aquí se ha preguntado si llegando más temprano encontrará lugar, si jamás lo ha comprobado es porque para él es más importante dormir quince minutos más que aparcar cerca. Demora ocho en llegar hasta la oficina y otros ocho en volver al coche en el lugar que ha seleccionado para que duerma. Haciendo cuentas se encuentra con que se ahorra siete minutos de disgustos, hasta en eso es bueno con las matemáticas. El llegar siempre sobre la hora –a veces hasta diez minutos tarde– lo condiciona a tener que dar oda a los buenos modales saludando a todos. No uno por uno porque eso es el súmmum de la ridiculez, pero incluso algo tan simple como un “buenos días” con la mano levantada es un suplicio. El origen de este resentimiento contra sus propios compañeros es que son extremadamente falsos: un día dicen ser tus amigos y al otro te descartan. O peor aún, cuando era nuevo y apenas estaba conociéndolos, no habló con la mayoría hasta varios meses de haber sido contratado, y con los pocos que habló fue porque investigaron quién era, dónde vivía y qué había hecho de su vida antes de llegar aquí, como sometiéndolo a un examen para ver si era suficientemente apto para ser su amigo. Actitudes que le resbalan hay muchas, su preferencia porque todas mueran en su interior se debe al aprendizaje que recibió de su padre, el que pone el dinero por encima de todo. Si tan solo una de ellas sale a tomar sol su vida se irá a la mierda.



Alex Abisalias

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En el texto hay: vidas cruzadas, drama, romance tragico

Editado: 08.12.2019

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