Una vez más

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Capítulo 8: UNA CERVEZA EN MI BALCÓN. Parte dos: CONFESIONES Y UNA NUEVA NAOMI.

Aún me sigue sorprendiendo que esté a punto de ir hacia donde vive Rhett. Fue aceptar de manera natural, porque así lo quise. No me detuve a pensar, como solía hacer, en excusas para decir que no.

Es lo que hacía con Chad, el hijo del conserje del edificio. Dejó que pasara tiempo de mi duelo por Scott para invitarme una cerveza, al cine, al teatro, o a su casa para probar la mejor lasaña del mundo.

Pero para todo había una excusa, a todo le decía que no. Hasta que se canso, por supuesto. Ahora sólo me saluda, y lo bueno es que es sin resentimiento alguno.

Los chicos ya se fueron, y ninguno supo lo que íbamos a hacer con Rhett. Y supongo que lo prefiero así, me evito responder preguntas innecesarias.

Sólo voy a beber una cerveza con un integrante de la banda para conocerlo de mejor manera, y tal vez, considerarlo un hermano o un gran amigo como al resto. Al menos yo lo veo de esa forma, sé que los chicos hubieran pensado diferente.

Rhett se sube a su motocicleta, y para mi sorpresa, esta vez tiene dos cascos. Cuando lo tengo en mis manos, frunzo levemente el ceño y él sonríe.

—¿Me crees si te digo que vine hasta aquí con la intención de invitarte? —me pregunta, como si así me diera el motivo del por qué trajo otro casco.

—¿Y sabías cuál iba a ser mi respuesta? —se encoge de hombros y niego con la cabeza— No te creo, habrás tenido compañía.

Rhett me observa, y una sonrisa curva se dibuja en su rostro.

—No, no tuve compañía.

—¿Y por qué la sonrisa?

—Por nada.

—Anda, insisto.

Se ríe, y vuelve a encogerse de hombros.

—Has sonado un poco… ¿celosa?

Ante la última palabra eleva sus cejas, y vuelve a instalar en su rostro una sonrisa curva.

—¿Celosa, yo? ¿De ti? ¿Por qué?

—Demasiadas preguntas.

—¡Ja! —se ríe— Oye, Rhett, me caes bien. Así que no lo arruines.

Se sigue riendo y lleva sus manos hacia su rostro, lo cubre con ellas y respira profundo, hasta calmar su risa.

—De acuerdo, no lo arruino —me mira— Pero dije la verdad. Vine al ensayo con la intención de invitarte a beber algo, y traje el casco por si acaso. Y no hice mal.

Nos miramos fijamente a los ojos por un breve momento. La que pierde en esta guerra de miradas soy yo. Sus ojos oscuros son tan intensos como intimidantes, pero lo son de una manera un tanto atractiva. Y el pensar así fue lo que me hizo bajar la mirada.

Me coloco el casco, y me subo a la motocicleta. Rhett enciende el motor, y me desespero por agarrarme de la parte trasera de mi asiento una vez que emprende el viaje hasta su departamento.

La velocidad que maneja Rhett es tranquila, y con mucho cuidado. Es bueno que sepa que estoy aquí para que maneje así, pero me gustaría que sea así siempre.

Pues no me gustó la forma en que salió disparado la otra vez. Me aterran las motos, demasiado. Y ni hablar cuando la velocidad es demasiado alta.

—Llegamos —dice y luego apaga la motocicleta. Entonces me armo de valor, y abro los ojos.  Que alivio saber que estoy viva.

Nos encontramos en el estacionamiento de un edificio semi vacío. Un señor saluda a Rhett con un amigable y simpático buenas tardes, se trata de la seguridad del lugar.

Sigo a Rhett en sus siguientes pasos, ambos nos mantenemos en silencio todo el trayecto hasta el ascensor. Cuando nos subimos, toca el número 8 y la máquina hace lo suyo. Y de hecho, son ocho los pisos del edificio. Ahora entiendo porque su balcón es el mejor.

Y el silencio, sin ser para nada incómodo, se mantiene hasta llegar al piso 8. Cuando las puertas se abren, vuelvo a seguirlo como si me tratara de un pollito.

Llegamos al departamento número 2 y Rhett abre la puerta con una sonrisa de bienvenida en su rostro. Enciende la luz, y me deja ver, o más bien conocer, su lugar.

Las paredes son blancas, y sólo se encuentran adornadas por un reloj negro y un cuadro de un paisaje que se acopla de manera perfecta a la madera del suelo.

Hay un ventanal grande escondido detrás de las cortinas grises. Quizás, detrás de ellas, está el balcón que me ha dicho.

Hay un sofá negro, acompañado por otro individual del mismo color. La televisión se encuentra pegada a la pared a pocos pasos del sofá, y en el medio hay una pequeña mesa de vidrio con fierros negros, hay un libro de tapa blanda sobre la misma. Desde donde estoy, no alcanzo a leer el título, pero sospecho que es un libro que leyó más de una vez por el estado en que se encuentra.

Hay una mesa de madera, con cuatro sillas del mismo material, y es lo que divide la sala de la pequeña cocina con azulejos verdes intercalados.

Cuando me enfrento a Rhett, veo que espera a que le diga algo sobre su lugar, ya que me vió observándolo con mucha atención.

—Esperaba un departamento más… desordenado —digo y frunce el ceño.

—¿Sólo por ser hombre? Naomi, está muy mal que me prejuzgues sólo por mi sexo.

No lo dice de forma molesta, o al menos la sonrisa de su rostro me hace entender que no le molestó mi comentario.

—Sí, tienes razón. Lo siento. Sólo me dejo llevar por como encuentro el departamento de los chicos cuando los visito.



Maggmon

#13121 en Novela romántica

En el texto hay: amor, dolor, volver a amar

Editado: 13.02.2019

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