Unidos en sagrada confusión

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Capítulo 4

Nicholas observó como la prometida volvía a colocarse su fino vestido de noche, el que él se había encargado de quitar hace un rato. Anna tenía un cuerpo espectacular, lo que era obvio. Ella era una modelo y una de las más hermosas de Grecia. Era alta, pero no tanto como él. Aún le faltaban un par de centímetros para alcanzarlo. Esa cualidad hacía que su figura se vea esbelta y elegante. No podía decidirse cual de todos era su mejor atributo. Era sin lugar a dudas una mujer con una belleza impresionante.

Anna le dio la espalda y giró su cabeza para mirarlo encima del hombro—¿Me ayudas?—le dijo y le señaló el cierre de su espalda. 

Él no se lo negó. Después de todo, Anna le fue de lo más complaciente hace unos instantes. Lo había seguido sin titubear a unas de las habitaciones del barco y logró convertir esta noche agobiante en algo más soportable para él. Además de ayudarle a ganar una apuesta. Ahora su amigo tendría que ocuparse de cualquier reunión que le resultara fastidiosa. Andreas era un buen negociante, no temía dejarle algunas de sus responsabilidades. Por eso estuvo de acuerdo en hacer ese tipo de apuesta. Lástima que Andreas no ganaría esas vacaciones que le había pedido si él fallaba.

Cuando terminó de subirle el cierre a Anna, ella se lanzó a abrazarlo por el cuello y lo besó—No puedo dejar de pensar en ti nunca, Nicholas—le dijo rozando su boca.

Una sonrisa arrogante se dibujó en su rostro y decidió ignorar por esa vez el gesto meloso—Lo sé, te necesitaba también. Hoy fue un día agotador.

Con toda la crisis que estaba atravesando el país, Nicholas debía esforzarse a niveles estresantes si quería que su cadena de hoteles siga siendo todo un éxito. Aunque su contador le diga que no hay de qué preocuparse tanto, para él era una necesidad verificar que ni un detalle se escape de su control. Ese negocio, era toda su vida. 

Anna hizo una mueca—¿Es por esa torpe nueva criada que tienes, no es así?—resopló—Ya te dije que conozco mejores criadas, solo tienes que decírmelo y te llevaré una de inmediato. Una que no sea tan estúpida como esa—le dijo molesta—A menos que quieras que ella se quede—y lo miró con mala cara.

A Nicholas no le agradaban los dramas y se alejó, haciendo que lo suelte—¿Otra vez con eso Anna? No entiendo porqué te pones así ¿Estas celosa de ella, de verdad?

—Por supuesto que no. Sé que no serías capaz de caer tan bajo. Pero ¿Por qué tenemos que ser discretos ahora que esta ella? Quiero volver a estar en tu casa—le dijo haciendo un puchero.

Nicholas empezó a perder la paciencia—Ya te lo he dicho. La anterior criada no era metiche. Pero de ésta no tengo idea. ¿Qué pasa si es chismosa? Los rumores empezaran y todo será un desastre—le respondió.

Aunque eso no era cierto. La llegada de Areleous le sirvió como una perfecta escusa para ponerle distancia a Anna. Últimamente se estaba poniendo demasiado pegajosa para su gusto, esperaba que su escusa la enfriara y volviera ser la de siempre. Pero ahora se daba cuenta que eso no había servido. 

Anna se cruzó de brazos y quedó callada mientras miraba a otro lado.

—Además, la criada cocina bien. Tampoco me preocupa que ella me robe nada, tiene lo básico al menos de una buena criada. No tengo intención de echarla, todavía.

Siempre se autoconvencía de que era así. Que esas eran sus razones principales de contratarla y de que aún se quedara. Pero, todavía no estaba seguro. Quizás se quedó tonto después de ser aturdido por los llantos de su tía. Solo sabía que en cuanto Areleous se enteró que Venize no podría trabajar, su semblante cambió y él quiso ayudarla. 

Quizás la razón sea que tenga algún complejo de Dios. Él podía hacer que todos sus problemas desaparecieran en solo unos segundos. Cambiar su vida y su expresión con unas simples palabras. Y así había sido, en un instante la tristeza y la preocupación se esfumaron de su rostro. Areleous volvió a ser radiante, su sonrisa fue auténtica y sus ojos verdes brillaron de nuevo. 
Bueno, realmente no le importaba las razones ¿Qué más daba? Le servía para ocuparse de la casa, la comida y nada más.

Anna lo sacó de sus pensamientos cuando lo enfrentó—Podríamos acabar con todo esto de una forma sencilla, Nicholas.

Él se frotó la barbilla—Ya dije que no voy a despedirla, Anna.

—No me refiero a eso—se apresuró a decir y alzó su mano para jugar con su chaqueta—Me refiero a que si me lo dijeras...—lo miró a los ojos—Si me lo pides de forma seria, yo voy a acabar con todo esto.

Nicholas se estaba asustando—¿A qué te refieres?

—Al compromiso, Nicholas. Gianous no me gusta mucho, te elegiría a ti sin dudarlo por encima de él.

Nicholas huyó de su tacto—Anna, lo nuestro nunca va ser así, lo sabes. 

—Pero viniste por mí. Me búscate ¡En mi fiesta de compromiso! Ni siquiera en un momento así puedes contenerte ¿Por qué lo niegas, Nicholas?



Gabiesquivel

Editado: 02.08.2018

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