Unidos por el destino ©

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Capítulo 35

Demian

Buenas noches cariño.

Buenas noches grandullón.

En cuanto los pitidos avisan que la conversación ha llegado a su fin, tiro el móvil encima de la cama mientras me dedico a dar vueltas por la amplia habitación.

Intento tranquilizarme, pero, en estos momentos parece que eso será misión imposible. Pensé que llamando a Meri todos mis nervios desaparecieron en el instante en el que su voz inundara mis odios, y así fue, al menos por el tiempo en que estuvimos hablando, porque nada más colgar, mi cuerpo ha vuelto en el mismo estado en el que se encontraba antes de la llamada.

Ya han pasado unas horas desde los suceso que tuvieron lugar en la casa de Rebeca y aún no me hago a la idea de lo ocurrido con Silvia. Estoy muy preocupado por ella y por su salud, porque una enfermedad mental es lo peor que le puedo pasar a una persona y más para una tan joven como ella. Me siento algo culpable de todo lo que está pasando, debería haber acabado con ese matrimonio en el mismo instante en el que vi que nunca sería feliz. Pero, el miedo y la cobardía han podido conmigo y al parecer eso está teniendo grandes consecuencias. Solo espero que eso no llegue más allá.

Por muy egoísta que pueda sonar, venir hasta aquí puede que haya valido la pena. Ahora sé muy bien que ya nada me une a Rebeca, sus hijos siempre tendrán un lugar en mi corazón y siempre me tendrán a su disposición. Puede que, con el paso del tiempo, Silvia se recupere porque ya no tendrá cerca a nadie que pueda hablar de mí o puedan recordarme al menos estando ella presente. Y yo por fin podré seguir con mi vida sin miedo a que alguien pueda intervenir en mi relación con Meri. Bueno...eso último siempre puede ser posible porque uno nunca sabe lo que pueda ocurrir en el día de mañana.

—Siento interrumpir la conversación que estás teniendo contigo mismo, pero, creo que después de lo que ha pasado podemos volver a casa, ¿Qué dices? – no entiendo que hace Sandro en mi habitación ni tampoco como ha entrado sin que yo le abra la puerta, pero decido no darle importancia y solo me dedico a responderle.

—Aún no, todavía me queda una cosa por hacer y tú vendrás conmigo.

...

Merian

—Buenos días Meri

—Buenos días Nancy.

—Al parecer alguien no ha dormido como es debido.

—La verdad es que no he conseguido pegar ojo en toda la noche y eso es raro porque no me suele pasar, pero, por suerte he tenido a Copito a mi lado.

—Yo creo que ha sido porque mi chico no está. – estuve a punto de caerme de la silla debido a sus palabras y la sonrisa pícara... mejor será que no hablemos sobre eso.

—No dependo tanto de él, hoy tengo un examen y varios trabajos por eso me he pasado la noche sin dormir – doy mi respuesta algo nerviosa y un tanto avergonzada.

—No tienes nada por lo que avergonzarte cielo, estás enamorada y es normal echarlo de menos, aunque se ausente solo por dos o tres días, eso dice que mucho acerca de lo que sientes por él. – mis mejillas se encienden. Por suerte no me hace parecer una exagerada, me alegro que me entienda.

—Ese hombre me tiene algo pillada.

—Demasiado diría yo, pero, no sabes la alegría que siento de saber de qué por fin es feliz con la persona adecuada, eres una gran mujer y eres todo lo bueno que él se merece.

—Por lo menos a alguien cercano a él le alegra que estamos juntos. – la mujer niega con semblante triste, mientras se dedica a servirme el desayuno – algo a lo que todavía no me acostumbro –.

—Sus padres son personas muy complicadas y no creo que cambien nunca, pero al fin y al cabo es su hijo y en el fondo sé que se alegran de verle feliz.

—Dijeron que me aceptaban, pero no nos quieren cerca cuando sus amistades estén presentes.

—No dejes que nada ni nadie se interponga entre vosotros, deja de eso de lado y desayuna porque vas a llegar tarde al examen. – antes de que pueda decir algo, me da un beso en la frente y se va dejándome sola en la cocina.

Engullo las tostadas y el zumo en un tiempo récord y antes de salir disparada por la puerta, me despido de Nancy con un beso en la mejilla. Hay momentos en veo a esa maravillosa mujer como a una madre. Está pendiente de mí en todo momento y eso hace que me sienta muy a gusto. Al final no me he podido despedir de mi pequeño peluche porque el muy vago sigue dormido.

Al salir todavía se puede sentir el frío en las calles. Las nevadas han quedado atrás, pero el frío sigue presente de manera agradable.

Mi mirada se pasea por toda la acera y enseguida me relajo al ver el coche de André aparcado al otro lado de la calle. Camino hasta el coche con paso apresurado, estoy deseando llegar a clase, necesito que el examen pase rápido para quitármelo de encima.

—Hola hermosa. ¿Qué tal tu primer día sin el sexy hombre con el que compartes cama? – puedo ver como Robert tensa la mandíbula, ante las palabras de André.

—Buenos días chicos, estoy bien. –antes de que André pueda abrir la boca, Robert le interrumpe y yo la verdad se lo agradezco.



DaniellaMore

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En el texto hay: mentiras, novelaromantica, amor

Editado: 10.07.2019

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