Valentina

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Eran altas horas de la noche, quizá la mitad de la madrugada, me desperté poco a poco y mire a Leah durmiendo plácidamente sin moverse siquiera. A medida que iba siendo más consciente de la realidad empece a notar un sonido extraño. Se escuchaban como quejidos, casi sollozos. Por un momento me asuste y creí que era otra cosa, pero al prestar más atención creí darme cuenta de  que venían de la habitación de Valentín. 

Me baje de la cama lo más sigilosa y cuidadosamente que pude, esquivando a los peluches regados por toda la habitación a medida que avanzaba. Cruce el pasillo que dividía su habitación de la nuestra y me quede escuchando unos instantes. Sin duda era él quién producía esos sonidos, se movía de un lado a otro en la cama sin encontrar la posición adecuada. 

Me acerqué a su cama y me recosté a su lado, a pesar de estar semi-dormido se aferró a mi con fuerza, llorando sobre mi pecho. Encendí la luz para tranquilizarle y quizá hablar con él. 

No tenía idea de porque no lo había notado antes, quizá había llegado demasiado tarde del trabajo que ni me fijé, pero tenía moretones algo grandes en su cuello. Tome sus brazos y se los descubrí un poco. También tenía moretones ahi. Por todas partes.

  — Mi amor...— susurré sin saber más que decirle, pro él seguía llorando contra mi pecho.

Me destrozaba verle así, deseaba que todo su dolor fuese el mío para que él no sufriera nunca. Como vi que no tenía intenciones de hablarme le cargué hasta nuestra habitación, era realmente fácil hacerlo pues no pesaba demasiado. Al llegar lo coloqué en medio de Leah y yo. Al poco rato ella se giro despertándose. A medida que se incorporaba me miraba con una expresión confusa como si no entendiera que sucedía. Sólo le tomo entre sus brazos y él hizo lo mismo que conmigo, se echo en ellos a llorar aún más. 

—¿Porqué está llorando?—me preguntó en un tono tan bajo que tuve que leer casi sus labios.

Me encogí de hombros y moví la cabeza de un lado hacia otro, recibiendo un resoplido como única respuesta. 

Encendí la luz de nuestra habitación ahora sólo para que pudiese ver lo que tenía. Sin embargo lo que venía me soprendió aún más.

  — Le...le cortaron..su..su hermoso cabello— dijo ella titubeando, con la voz temblorosa

Me acerque a mirar y en efecto así era, algunos mechones de su sedoso cabello castaño estaban mal cotados, se veía que lo habían hecho con tijeras de escuela, por lo mal cortado que estaba. 

La ira, la rabia y la desesperación se apoderaron de mi en ese momento, incluso la culpa también. Sentía esa culpabilidad moral de no haberme dado cuenta antes de lo que le sucedía y que hubiese llegado a tal extremo. Tenía que hacer algo para resolverlo, no me importaba ya nada con tal de protegerlo. 



Bea Shams

Editado: 11.10.2018

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