Valentina

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Hoy los niños malos han vuelto a hacer lo mismo de todos los días. Me han golpeado en el patio trasero de la escuela de nuevo, gritándome ofensas sin parar. 

A veces despierto en mitad de la noche con la ropa empapada de mi propio sudor,con la respiración agitada y esas pesadillas rondando en mi cabeza como fantasmas crueles. Puedo oír sus voces retumbando en mi mente mientras desayuno y juego con el cereal, les oigo a todas horas a donde sea que voy. 

Pero todo es peor al llegar a la escuela. Cuando entro al salón todos se repliegan hacia atrás por ordenes de ellos, dejándome solo al frente, vulnerable y asustado. 

 En el descanso la situación no mejora. 

Me siento solo en una banca como siempre a comer, pero ellos llegan y me quitan todo. Me tiran al suelo a empujones, jaloneandome del cabello. Siento mi cuerpo caer pesadamente, sus patadas golpeando mi estomago, dejándome sin aire con cada estocada. 

Los niños a nuestro alrededor no hacen nada, sólo están ahí. Como espectadores imposibles de un coliseo romano, uno en donde yo soy el gladiador; y no puedo vencer a este león. 


<<Maricón,joto ,anormal, desadaptado>> - son la clase de cosas que dicen a coro, riéndose una y otra vez de mi. 

Tapo mis oídos llorando, pero eso parece enardecerlos más. Uno de ellos, el más fuerte de todos quizá me toma por el pelo, agarrando uno de mis mechones con fuerza entre sus gruesas manos, bastante extrañas para ser de un niño. Saca unas tijeras azules de su bolsillo, de esas que usamos para recortar los dibujos. Lo pasa por mi cabello con una sonrisa malvada. 

Lloro aún más al verme desprendido de ella, mirando algunos de mis cabellos cayendo de entre e sus manos. él es lo muestra a los demás, como si fuese un trofeo con una sonrisa de triunfo. 

La multitud de niños ríe al unisono  señalándome . Yo sólo me escondo entre mis brazos, sin poder levantarme del suelo. 

Parece que se rinden y se van, no sin antes propinarme una ultima patada a modo de despedida. 

Me he rendido, ni siquiera sé lo que puedo o debo hacer. Y nadie esta para salvarme. 



Bea Shams

Editado: 11.10.2018

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