Valkiria

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Capítulo 4

Kaya parpadeó durante un par de segundos, tratando de comprender a qué se refería Altaira diciendo que Hela no podía salir de Hel. Conocía la historia de Hela, todos la conocían y, si bien habían sido tremendamente injustos y crueles con ella, eso no le daba razón para destruir el Valhalla. Según la historia, cuando el dios Loki y la gigante de Jotunheim tuvieron sus tres hijos, Odín se horrorizó del cuerpo de Hela, mitad mujer y mitad cadáver, así que la encerró en el Hel. Morada de los muertos, donde se convirtió en la Diosa de la Muerte y Reina de los Muertos. Pero lo que Kaya no sabía es que jamás podría salir de Hel. 

-Odín la encerró. Un día traerá el Ragnarok, Kaylin. Era peligrosa.-Una punzada de lástima saltó en su pecho, pero la ignoró, agarrándose al odio abrasador que le procesaba a la diosa.

-Altaira, la vi. Se que era ella. Era Hela. -La miró con preocupación, como si le hubiera salido un tercer brazo de la frente por acción espontánea. -Intentó matarme.-La chica suspiró, dirigiendo una mirada a su consejera. Eren parecía estar aburrida de esta conversación, como si estuviera viendo a un niño pequeño asumir que Papá Noel no es real y sus padres tuvieran que hacérselo entender. En parte, Kaya se sentía exactamente así.

-¿Podrías enviar a Gilly para comprobar?-Eren frunció el ceño ante la mención del Ratatosk. Lo odiaba, cosa que comprendía porque era terriblemente irritante, sin embargo, Kaya tenía que admitir que Gilly era un roedor de lo más adorable. Quizá fuera por la cola. Eren asintió, pese a que mientras se iba de la habitación  mascullaba algo acerca de un golpe en la cabeza.

-Altaira, escúchame. Se lo que vi. Estuve hablando con ella, era poderosa. Muy poderosa. Estuvo apunto de matarme y se dio atrás. Me estaba estrangulando y me soltó. Pero era ella, era Hela.  Tienes que creerme.-Altaira se mordía un labio, Kaya luchó para no mirarla pero notaba su piel ponerse de gallina. Tras unos instantes la joven suspiró y se levantó de la cama, de nuevo, Kaya sintió la sensación de repentina soledad.

-Esperemos a Eren mientras te preparan para volver a casa.-Con un movimiento de la cabeza la Doncella volvió a ocupar un lugar al lado de la cama. Kaya comprendió que no la creía, por eso había enviado a Ratatosk en lugar de ir ella misma u otra Valkiria a hablar con Odín y el resto de dioses. Muchas Valkirias habían tratado con los Dioses personalmente antes, pero Kaya solo había visto a una sola diosa antes; Freya,  diosa de las Valkirias y fue cuando bebió del Manantial con 10 años. Nunca más volvió a ver a un Dios. Por suerte. Todos sabían que cuando un dios entraba en tú vida, traía consigo muerte.

En cualquier caso, Altaira le dio la espalda mientras esperaban a que Eren volviera con las noticias. Parecía más  preocupada de lo que jamás la hubiera visto. Su ceño casi nunca fruncido permanecía hundido y sus labios apretados. En algún momento incluso había perdido la mirada en la nada, intentando encontrar algo que no existía en la pared.

Eren volvió, Altaira se levantó como un resorte esperando noticias. Kaya sintió un rayo de esperanza, solo tenía que decir la verdad, Hela había estado en la pelea de la caverna. Había hablado con ella. Gilly probablemente lo confirmaría. 

-Hela no salió de Hel. Nadie la ha visto en décadas, ni siquiera Loki.-Las palabras de Eren crearon un escalofrío en la piel de Kaya. Tardó un segundo en procesar la información, ¿que Hela no había salido de Hel? La había inmovilizado, estrangulado, golpeado y dejado inconsciente. Alguien debía haberla visto sentada en el trono de piedra, observando la batalla mientras se reía. ¿Reía? El rostro angustiado de Hela pasó ante sus ojos por un segundo, la había escuchado reír. Esa risa la había enfurecido, había deseado matar a Hela ahí mismo.  Pero cuando llegó a su altura Hela parecía estar lamentándose, incluso triste.

No entendía nada a estar alturas. ¿Quizá Altaira tuviera razón? ¿Quizá otro dios se hubiera hecho pasar por Hela? ¿Pero por qué? ¿Por qué se ocultó, no ayudó a las Valkirias y casi la mató? Los pensamientos se quedaron atrapados en su cabeza, cruzados  en su garganta y haciéndola incluso dudar de si misma. Altaria la miró, intentó descubrir que pensaba, pero sus ojos no le demostraban nada. No parecía triste, decepcionada ni molesta. Simplemente, no había nada en sus ojos. 

-Eren, Nay.  Esperad fuera por favor, necesito hablar con Kaya.-La joven se estremeció ante su nombre de pila. Altaira nunca usaba su nombre completo para referirse a ella.  Eren y la rubia, Nay, salieron de la habitación y se perdieron por el pasillo por el cual las Doncellas entraban y salían. Kaya intentó hablar, pero Altaira la paró alzando la mano en su dirección. -No quiero oírlo. Escúchame bien, no quiero volver a escuchar hablar de Hela ni de la estúpida pelea en la caverna. Está hecho. Somos guerreras, Valkirias murieron, es lo que hacemos. Es traumático, lo entiendo. Pero no vas a volver a pronunciar el nombre de Hela, jamás.-Kaya sintió como si la hubieran pegado de golpes por todo el cuerpo y sabía que no era por la pelea. Era la primera vez que Altaira reaccionaba así, siempre la había creído desde que eran niñas y ahora se sentía como si la hubiera traicionado.

-Casi me mata. No me inventaría algo así.-La chica apretó los labios, de repente su rostro parecía mucho más agresivo de lo que había imaginado ver jamás. -Sabes que no lo haría.-Odió que su voz se rompiera a mitad de la frase. Odió que Altaira la destrozara con una sola mirada helada.

-No te lo repetiré. No volverás a hablar de esto.-Intentó protestar, pero Altaira se lanzó a agarrarle el cuello de la camisa que las enfermeras le habían puesto.-No me obligues a castigarte por desobediencia.-Entonces comprendió que no estaba tratando con Altaira sino con la Líder de las Valkirias. ¿Prefería dejarla como si fuera una loca antes de sembrar el caos ante sus Guerreras? Kaya bajó la cabeza, tratando de disimular los ojos brillantes y las ganas de llorar mientras Altaira se movía hacía la puerta y salía entre los biombos. -Ponte la ropa, es hora de volver a casa.-Y se fue sin mirarla. 



Marlene Dawne Black

Editado: 11.10.2019

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