Vampeires: Orígen

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RECUERDOS

La noche había vuelto a envolverlo todo con su manto de sombras, y aunque la imagen que apareció ante mí por la ventana era hermosa, nada podía consolar la sensación de tristeza y añoranza que iba creciendo dentro de mí por la marcha de mi padre. Mi madre estaba recorriendo toda la casa como alma en pena, sin hablar, preparando las cosas que mi padre necesitaría en su viaje a la capital del reino. Mi padre por su parte bromeaba diciendo que con todo lo que le estaba preparando mi madre, parecía más una mudanza.

Yo sólo me limité a observar a ese hombre que para mí siempre había sido un gigante y que con el paso del tiempo iba menguando hasta ser de mi misma estatura aunque más corpulento. Pasaba casi todo el tiempo en su taller afanándose en algo a lo que no presté atención. Sus manos se movían con destreza enfrascado en la pequeña pieza de metal que estaba manipulando, martilleando cuando así lo requería y repujando los contornos de forma tan armoniosa como si estuviese acariciando a un bebé. Yo había disfrutado esta escena miles de veces cuando era niño. Recordé como mi padre sin levantar la cabeza de su trabajo, me dijo – El metal es la palabra de dios aún sin pronunciar, por eso los orfebres jugamos a ser dioses dándole forma en tributo a Él por medio de la palabra que fluye de nuestro interior. - Luego girándose hacia donde yo estaba, me pedía que me acercase hacia él para admirar lo que su enorme y cálida mano sujetaba. Recuerdo bien esa obra en forma de corazón rodeada de espinas magistralmente manufacturada de forma que ninguna de las púas tocaba la superficie del corazón dorado. - Simboliza el hombre fuerte que se mantiene alejado de todo aquello que lo daña, por mucho que este dolor le ronde, él permanecerá prudentemente lejos de ese peligro continuo. - dijo regalándome su mejor sonrisa.

- Deberías estar con tus amigos – habló sacándome de mis recuerdos – no es bueno dejar que se preocupen por ti. - Levantándose tan ágil como lo recordaba siempre, se alejó de su banco de trabajo dirigiéndose hacia donde yo permanecía inmóvil. Cuando llegó a mi altura extendió su brazo y lentamente abrió la palma de su mano dejándome ver la brillante pieza. Era un colgante muy parecido al de mi recuerdo, pero con diferencias notables. Este era un corazón hecho totalmente en plata, que aparecía con una línea zigzagueante desde la parte superior hasta la inferior dividiéndolo en dos partes. En el centro del mismo aparecía otro corazón más pequeño donde aparecía mi nombre. En cada trozo del corazón principal estaban los nombres de mis padres. Magistralmente había creado una cadena pequeñísima que atravesaba cada trozo uniéndolos al corazón más pequeño.

- Si quieres podemos quedarnos todo lo que queda de noche así, anda cógelo – dijo riéndose como pocas veces le había visto hacer. Titubeante cogí la cadena que sujetaba esa pequeña obra de arte y la elevé para ponerla a la altura de mis ojos – Es un regalo para que nos recuerdes todos los días de tu vida. Siento no haber dispuesto de más tiempo para terminarlo mejor....

- No te preocupes, es precioso así como está. - no le dejé terminar la frase.

Me ayudó a ponérmelo y al observar mi pecho por la abertura del cuello de la camisa bromeó diciendo que tenía más músculos que él y todos los vejestorios de su edad juntos. Reímos. Pasamos largo rato hablando de cosas banales, cotidianas, como otro día cualquiera mientras yo no paraba inconscientemente de juguetear con el pequeño corazón.

La inminente marcha hacía aumentar mi necesidad de salir de la casa ya que conforme se acercaba la hora sentía una creciente opresión en el pecho, que debía dejar salir antes de que me consumiese por completo. Salí del taller abrazando a mi padre y dándole de nuevo las gracias por el regalo. Me dirigí hacia el pequeño salón y vi a mi madre sentada como una estatua con la mirada perdida. Me arrodillé delante de ella y le pregunté - ¿Mamá, te encuentras bien? - ¡vaya pregunta más tonta! ¡No, no se encontraba bien! ¿Pero qué podía hacer? Lentamente fue moviendo los ojos hasta los míos y agarró mis manos acunándolas en las suyas.

- Si... estoy bien cariño, no te preocupes, ya verás cómo vuelve pronto.

Las lágrimas que estaban empezando a nacer de sus ojos grises delataban lo que sus palabras intentaban ocultar. Entonces, viendo a mi madre en ese estado, me acordé de la promesa hecha a mi padre, ¿cómo podía ser tan egoísta? ¿Pensando solo en mi dolor cuando mi madre parecía morir por momentos? En ese mismo instante me juré que cuidaría de mi madre anteponiéndola a todas mis necesidades y cumpliría la promesa hasta que mi padre volviese de esa maldita guerra, que se empeñaba en arrebatarme todo lo que en mi vida importaba.

La besé en la frente y le acaricié su cabello que brillaba intensamente bajo los reflejos del fuego de la chimenea. Le dije que volvería pronto que iba a hacer unas cosas pendientes y que nos veríamos en un rato. ¿Cómo le iba a decir que estaba tan destrozado por dentro como ella? No hubiera sido justo cargarla más en su pesar.



Jaroh Lonescu

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En el texto hay: vampiros, suspense, vampiros y romance

Editado: 18.02.2018

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