Vampeires: Orígen

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SOLOS

Mis ojos empezaron a abrirse mientras el mundo volvía poco a poco a tomar forma a mí alrededor. Una tenue luz entraba por una abertura que parecía practicada en el techo de la estancia. Noté una sensación extraña, me sentía mareado, mi vista peleaba por intentar enfocar correctamente lo que me rodeaba. Solo sabía que la habitación se encontraba en penumbra, lo que agradecí recordando gradualmente lo que aconteció antes de nuestro desvanecimiento.

¡Karel! Salté incorporándome rápidamente. Una fuerza que en ese momento no reconocí, tiró de mis brazos y piernas enviándome de nuevo hacía el lugar que había ocupado anteriormente. El golpe fue tremendo, mi espalda se resintió al soportar el peso de mi cuerpo sobre ella. Sólo el estridente golpeteo metálico fue la respuesta a esa fuerza que me mantenía retenido al piso. ¡Cadenas! Todavía estuve tumbado por un momento, intentando que remitiera el intenso dolor de la caída. Al poco me incorporé suavemente, sin forzar las cadenas, intentando localizar a mí amigo sin éxito. Solo pude ver la figura de un hombre delante de mí como a cinco metros de distancia que permanecía inmóvil mirándome con verdadero interés.

- Estamos solos, no sé a quién buscas pero no hay nadie más – dijo el hombre casi con desgana aunque no entendí lo que decía.

Cambié el color de mis ojos para poder distinguir las facciones de quien acababa de hablar. Durante unos segundos noté inquietud en su rostro que ya no se mostraba tan tranquilo como su voz. Interpreté su temor al repentino brillo en mis ojos. Al fin y al cabo todo empezaba a tener sentido en mi cabeza, sabía dónde me encontraba, esa persona no era como yo. Cierto era que físicamente se parecía, pero sus ojos, los mismos que había visto antes de desmayarme, tenían algo extraño, sus dientes que se encontraban ahora apretados probablemente por el intento de contener el miedo carecía de colmillos. ¿Pero cómo era posible? ¡Solo era un cuento! Me dije recordando la historia que le conté a la pequeña Maxim. ¡Me encontraba en el mundo de los hombres del relato! Intenté aclarar las ideas y averiguar cómo habíamos llegado hasta allí pero desistí por tener más preguntas que respuestas. Dudé unos segundos.

- ¿Dónde estamos? - pregunté señalando al suelo sabiendo que el desconocimiento de nuestras lenguas era mutuo. Pero algo me decía que permanecer callado no me ayudaría a comprender la situación. Repetí la pregunta varias veces intentando forzar una respuesta.

- ¡Ah!, Te refieres al lugar donde nos encontramos. ¡Valaquia! - señaló al suelo en señal de que había entendido la pregunta.

- Valaquia... - repetí hasta que mi compañero de celda se dio por satisfecho con la pronunciación con una leve sonrisa de aprobación.

- Me llamo Milos – prosiguió entusiasmado señalándose el pecho. Evidentemente ambos no teníamos otra cosa que hacer en ese sitio húmedo y lúgubre donde nos encontrábamos.

- Yo soy Jaroh – dije imitando a Milos.

- ¿De dónde vienes Jaroh? - señalándome a mí y luego a la lejanía.

Pensé durante un momento a que se refería, evidentemente hablaba de mí pero el señalar a la pared mugrienta no me ayudaba mucho. No tardé en darme cuenta que no era la pared lo que indicaba, era algo así como "más allá de estas paredes". Lo asocié todo y como pude contesté.

- Vamp-Eire, de allí es de dónde vengo – dije mientras me sonreía satisfecho con la respuesta.

Extrañamente poco a poco, conforme íbamos comunicándonos se me antojaba fácil la tarea ya que la memoria que teníamos los de mi raza era una máquina perfecta que registraba todas las palabras, recuerdos y situaciones con gran precisión. Mi compañero tampoco demostró estar por debajo de mi nivel. Se reveló como una persona muy inteligente.

Después de aquel inicio pasamos muchos días conversando, aprendiendo mutuamente nuestras lenguas, hasta que pronto podíamos hablarnos casi con fluidez en los dos idiomas. Conté aproximadamente que llevábamos unos tres meses en esa celda gracias a los ciclos de sueño de Milos que a diferencia de mí necesitaba recuperar fuerzas diariamente. Mi compañero tardó poco en caer en la cuenta de que yo no necesitaba comer ni beber, por lo que le cedía mi ración diaria de comida para sorpresa de nuestros carceleros que veían como con el paso del tiempo Milos parecía estar igual que cuando lo trajeron por primera vez, saludable y con buen color. Las jornadas pasaban unas tras otras con la misma rutina, conversación, comida, cabezadas de Milos y vuelta a empezar.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? ¿En qué parte de Valaquia estamos exactamente? - dije con verdadero interés.

- Creo que nos encontramos en Tirgovisthe, la capital, aunque no sabría decirte con seguridad ya que estuve inconsciente igual que tú hasta que nos metieron aquí. Aunque podría asegurar que estas celdas me son relativamente familiares. - dijo con tono agradable. Me dio a entender que no era la primera vez que había pisado una prisión.



Jaroh Lonescu

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En el texto hay: vampiros, suspense, vampiros y romance

Editado: 18.02.2018

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