Vampeires: Orígen

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ESCAPATORIA

El paisaje se nos presentó frío, dándonos de golpe en toda la cara, estaba nevando suavemente y lo único que pudimos divisar fueron campos helados con pequeñas cabañas de madera desperdigadas por todo el terreno. Por lo que comentó Milos estábamos a las afueras de Sighisoara, suponiendo que su apreciación fuese correcta.

Él fue nuestro guía desde el principio ya que nosotros no seríamos capaces de orientarnos en un país desconocido, lo que probablemente aceleraría nuestra captura. El cielo estaba encapotado por una gruesa capa de nubes, lo que agradecimos Karel y yo, ya que la luz era suave, dejándonos ver con total claridad sin afectarnos. Nos dijo que efectivamente nos encontrábamos en la capital, lo que no era precisamente un consuelo, ya que la idea de estar tan cerca del castillo de Vlad no era grato para nuestro propósito.

Fuimos por un camino que cruzaba entre dos terrenos bordeados con vallas de madera que se encontraban en un lamentable estado. Milos iba delante sumido en sus pensamientos, caminando con rapidez intentando dejar atrás la prisión como si estar cerca de ella le quemase. Estuvimos andando más de tres horas, dejando a nuestro pasó casas abandonadas y huertos que ahora permanecían congelados por el frío creciente del invierno. En cierto punto nos detuvimos ante un carril que se separaba de la carretera principal y Milos sin dudar tomó esta nueva ruta.

- Es mejor que sigamos por aquí, es demasiado peligroso seguir por la vía principal, ya que por ahí será el primer lugar donde nos busquen – dijo sin dejar de andar, no mostraba signos de fatiga.

- ¡Si que corre el enano! – exclamó Karel.

- Se llama Milos, por si no lo recuerdas – repliqué. La verdad que estaba un poco nervioso por saber dónde nos llevaba, ya que todo indicaba que nos dirigíamos hacia el centro de la ciudad y esa no era la idea de alejarnos que tenía en mente.

- Vamos a una posada que se encuentra a tres kilómetros de Sighisoara dirección a Biertan, un pequeño poblado a las afueras. La edificaron en la carretera secundaria para evitar que las tropas de Vlad se acercasen a ella, ahuyentando la poca clientela que quedaba. La verdad que nos va a resultar difícil entrar allí sin una sola moneda. - Dijo intentado buscar la forma de hacernos suave un tema tan espinoso.

- ¿Y no sería mejor huir en dirección a las montañas y buscar alguna cueva donde escondernos? - respondí creyendo que esa la solución viable a nuestros problemas de solvencia.

- ¿Y morir de frío? Ya veo que no conocéis el clima de Sighisoara, cualquiera que se adentre en las montañas con este tiempo no durará vivo durante muchos días. - dijo sin mostrar ninguna emoción en sus palabras.

Seguimos andando hasta que a lo lejos divisamos unos carromatos que se dirigían en nuestra dirección. Al poco lo tuvimos lo bastante cerca de nosotros como apreciar que se trataba de un convoy de carretas que llevaban lo que parecían hombres encapuchados. Milos se volvió hacia nosotros con una sonrisa y empezó a hablarnos.

- ¡Dios nos ayuda de las maneras más extrañas! - dijo divertido.

- ¿Nos vamos a ir con ellos? - dije sin comprender.

- No. Vamos a robarles – dijo extrañado de que no hubiese captado su intención.

- ¿Estás loco? ¿Por qué crees que vamos a hacer eso? - hablé indignado ante la proposición.

- Por la sencilla razón de que no tenemos dinero, ellos tienen mucho y lo más importante, esos malnacidos están vendidos al Príncipe, ellos mueven el dinero que al pueblo le hace falta y en vez de repartirlo lo emplean en pagar tributo para asegurarse la protección del reino. ¿Os parece poco?

- A mí me parece bien. Esperad a que me vean y se lo harán piernas abajo – Dijo Karel contentó con la idea de Milos.

- ¡Está bien! Pero prometedme que nadie saldrá herido – Contesté consciente que las razones esgrimidas por Milos no eran malas y supuse que tener un poco de ese oro nos vendría de perlas a la vez que nos sentiríamos bien sabiendo que nunca llegaría a las arcas del estado. Los dos me lo prometieron.

- ¿Y cuál es el plan? - repuse intentando parecer tranquilo.

- Eso dejádmelo a mí. No sería la primera vez que hago esto.

- Vaya con tu amiguito Jaroh, ahora resulta que el enano sabe lo que se hace – dijo un desenfadado Karel.

- Deja trabajar al enano y aprende – Dijo Milos mirándolo de arriba a abajo con una fingida mirada de desprecio.

La caravana se acercó y a punto estuvo de pasarnos. El monje, porque luego supe quienes eran, que llevaba las riendas saludó con la mano mientras nos deseaba un lacónico "que la paz sea con vosotros".

- Disculpe hermano, ¿cree usted en el destino como una forma de hablarnos nuestro Señor? - dijo Milos impasible.

- ¿Cómo? - dijo extrañado el monje poniéndose en guardia. Parecía que estaba nervioso por nuestro atuendo, ya que permanecimos con la capucha puesta en todo momento, empezó a sospechar algo por su forma de actuar. Se llevó una de las manos al cinto donde tenía un espadón que relucía por el cuidado continuo de su dueño. - Claro que lo creo hermano y según parece, tu destino es continuar tu camino evitando problemas.



Jaroh Lonescu

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En el texto hay: vampiros, suspense, vampiros y romance

Editado: 18.02.2018

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