Vampeires: Orígen

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KASSANDRA

Durante el resto del día nadie nos molestó. Anduvimos por todo el castillo y tuvimos plena libertad en satisfacer nuestra curiosidad. Solo la reservada forma de tratarnos del servicio nos sacaba de quicio.

A la noche siguiente se repitió la cena y las incontables preguntas y respuestas. Y como la noche anterior, nuestro anfitrión se retiró a su dormitorio cuando la noche se encontraba ya muy avanzada.

Estuvimos todo el tiempo en aquel comedor esperando que alguien nos salvase de aquella soledad en la que nos encontrábamos. Milos ya estaba empezando a desesperarse por la falta de sueño y de vez en cuando se levantaba de la mesa y paseaba mirando cada detalle, por pequeño que fuera, con tal de mantener los parpados abiertos.

Karel seguía aquejado de dolores ya que seguía teniendo el cuerpo lleno de moratones y cortes que se abrían cuando realizaba algún movimiento brusco. Al final optó por quedarse quieto como una estatua y respirar lo más superficialmente para evitar el dolor que a veces le causaba alguna que otra magullada costilla.

- ¡Maldita sea! ¡Y pensar que la persona que ordenó este estropicio – dijo mientras se levantaba la camisa para observar el pésimo panorama que presenta su pecho – es esa mala bestia que hemos tenido hasta hace poco en nuestra presencia!

- Karel deberías de tranquilizarte, tu estado no es más idóneo para que se curen esas heridas. - le dije suavemente.

- Lo que más me jode de todo esto es el porqué de elegirme a mí para ser ejecutado, ¿por qué no te eligieron a ti Jaroh? - dijo ruborizándose al escuchar sus palabras – No te ofendas no quiero decir que preferiría que te hubiesen matado, sino el criterio que siguieron de selección.

- Creo que eso puedo responderlo yo – dijo Milos bajando la voz – A estas alturas ya deberíais saber con quién estáis tratando y es costumbre de Vlad la de ejecutar a las personas mejor dotadas físicamente dejando solo a uno o dos vivos, los mas escuálidos y pequeños que no supongan una amenaza. Al fin y al cabo si quería saciar su curiosidad no os necesitaba a los dos, con uno bastaba y ese corpachón no ha jugado a tu favor. - dijo mientras miraba a todas partes nervioso.

- Pues la verdad ese Vlad no es gran cosa, seguro que lo hubiese podido aplastar con una sola de mis manos y se habría arreglado todo este asunto de una vez por todas – dijo mientras hacía el gesto de golpear a un imaginario Príncipe Vlad con la mano completamente abierta.

Podía ver la furia que salía a la superficie cada vez que ese hombre que tanto nos asqueaba salía en nuestras conversaciones, como se nos cambiaba la mirada y se nos apretaba la mandíbula terminando por hablar entre dientes.

- Si claro, asunto arreglado. ¡Ay, Karel! A veces pienso que eres demasiado ingenuo – dijo Milos poniendo los ojos en blanco. - Solo serviría si subiese al trono una persona mejor que él, y la verdad, aunque su hermanastro Vlad Calugarul es un bobo que reinaría con facilidad, sería demasiado influenciable dejando paso a los manejos de las sanguijuelas ávidas de poder que rodean la Corte. Y las otras opciones mejor ni tenerlas en cuenta.

- ¿Entonces es preferible que la cosa siga igual? - dijo Karel sorprendido de lo que acababa de escuchar.

- No. No es preferible, pero si la cosa sigue así no tardarán los turcos en deponerlo y gobernar este roto reino. A veces creo que cualquier cosa que venga de fuera será mejor que lo que hay dentro. - dijo suspirando.

- ¿Creéis que tardará mucho Stefan en volver? - dije incomodo ante la idea de permanecer por demasiado tiempo en aquel sitio donde se podía ver todavía los regueros de sangre que habían dejado los turcos. - Espero que en su fe ciega hacia Vlad no se le haya ocurrido la brillante idea de acompañarlos personalmente a la frontera.

- ¡Por Dios, que no sea eso! - dijo Milos haciendo grandes esfuerzos por mantenerse despierto. - Si no duermo pronto, seré yo quien acabe personalmente con Stefan y ese Vlad del demonio – dijo en su desesperación.

- Um, ese Vlad del demonio, ¡cuántas veces habré oído yo esa frase! – dijo una voz desconocida.

Sobresaltados, nos incorporamos de un golpe intentando descubrir quién era aquel intruso. Milos estaba pálido como la nieve al darse cuenta que había dicho la última frase en rumano y aquella persona había entendido más de lo que hubiese deseado que supiese. Karel fue el único que no se inmutó, ya que estaba acostumbrado a no entender la mitad de lo que se decía, pero si tuvo curiosidad por ver quien se incorporaba a nuestra fiesta particular girando la cabeza hacía el lugar de donde venía la voz.

Lo que se presentó ante nuestros ojos fue una bella mujer como nunca habíamos visto. Su cara de una palidez increíble, superaba la que podía conseguir mi amigo, aunque la de ella parecía ser permanente. Unos ojos grandes y de un azul intenso acompañaban al resto de su cara como dos inmensos diamantes que habían sido incrustados sobre esa superficie para poder deleitarse en su brillo. Su nariz pequeña acorde con los labios carnosos y sonrosados, acababan aquel bello conjunto. Pero lo que me llamaba poderosamente la atención era su pelo, de un rojointenso, le nacía en abundancia de su cabeza. De aspecto muy cuidado, lo traía trenzado y recostado en uno de los lados sobre su pecho. Lucía un vestido sencillo pero elegante, como diseñado para la comodidad de trayectos largos, de color verde oliva, cerrando un cuadro esplendido para la vista.



Jaroh Lonescu

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En el texto hay: vampiros, suspense, vampiros y romance

Editado: 18.02.2018

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