Vampeires: Orígen

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COMPLICACIONES

Llevaba acostado un par de horas, dándole vueltas a la cabeza sobre todo lo que había pasado la noche anterior. La maldad y la bondad habían hecho acto de presencia en muy poco tiempo y me resultaba imposible de creer que pudiesen coexistir hasta tal punto de estar unidos. Vlad y Kassandra eran el día y la noche, era evidente que él se hubiese fijado en ella por su belleza, ¿pero ella? ¿Qué veía en ese hombre?

Me levanté de la cama corriendo las cortinas ya que el día estaba despuntando con un cielo despejado y probablemente allí acababa mi libertad de movimientos. Todavía inmerso en mis reflexiones escuché una voz familiar que me llamaba desde el pasillo. Me acerqué a la puerta y la abrí un poco. Allí se encontraba Karel semidesnudo abriendo puertas y llamándome.

¡Karel! ¿Pero qué haces? ¡Ven aquí! - dije en voz baja mientras le abría completamente la puerta. Cuando él se dio cuenta de donde me encontraba apretó el paso y entró como una exhalación en la habitación. Yo miré el pasillo antes de cerrar.

¡Por fin! ¡No sabes lo que me ha costado encontrarte! - dijo cogiendo aire. - ¿Cómo te ha ido la noche? ¿Ajetreada?

- Algo, ¿pero qué haces casi desnudo paseándote por el castillo? ¿Quieres que nos maten? - le dije intentando parecer serio, pero al ver a mi amigo en esa tesitura era difícil contener la risa.

- ¡Se llevaron mi ropa esos malditos hombres! Y eso no es lo peor. - dijo asustado. - había una mujer desnuda en mi habitación.

- ¿Cómo? - Dije entre risas. - ¿No te habrás equivocado de habitación? Mira que tú eres un imán para los equívocos.

- Pues no... sé. Pero la muchacha parecía que me esperaba, y no dejaba de manosearme. Yo me resistí y le dije como pude que se fuese, pero parecía asustada ante la idea de salir de allí. Entonces ella se echó a llorar y claro, la consolé.

- ¿Qué entiendes tú por consolar? Espero que no sea lo que creo. - dije aún más divertido que antes. Con Karel cualquier cosa era posible.

- Pues la abracé intentando calmarla y nos recostamos en la cama. Al poco ella se había quedado dormida entre mis brazos y no me atreví a moverme para no despertarla. Hace unos pocos minutos que se marchó dándome un beso. Fue entonces cuando salí a buscarte. Todo esto es muy raro.- habló tan rápido que respiró profundamente para coger aire. - ¿Y a ti como te fue con la Señora del Demonio? - dijo cambiando de tema.

- Se llama Kassandra. - le reprendí – Y es increíble Karel, me parece que yo le gusto. Estuvimos casi toda la noche juntos y lo pasamos muy bien, pero me da miedo que esto se desmadre. - Contesté haciéndole partícipe de mis temores.

- ¿Y a ti? ¿Te gusta ella? - dijo poniéndose más serio mientras me clavaba su mirada.

- No lo sé. Estoy hecho un lío, ¿pero la has visto? Es un regalo para la vista y si la conocieses entenderías de que hablo. Ella tiene algo especial.

- ¿Y Leena? ¿Qué pasa con ella? - respondió como si no hubiese escuchado nada de lo que le decía.

- ¡Lo se Karel! - dije comprendiendo a lo que se refería mi amigo – Pero ya no estoy tan seguro de que consigamos volver, y es mejor no hacerse falsas ilusiones.

- ¡Ah, claro! Y entonces vamos y le decimos a Vlad: Señor Demonio, ¿Le importa si nuestro amigo le roba la esposa? - dijo sarcásticamente – Jaroh, esto no puede ser, y aunque no volviésemos, podríamos buscar otras mujeres para rehacer nuestras vidas, pero ella no es la más indicada. Y si regresamos ¿Que pasaría entonces?

Por primera vez mi amigo parecía más sensato que yo y no podía ignorar que llevaba razón. Aquello no podía salir bien aunque en el fondo yo sabía que lo que sentía era más fuerte de lo que era capaz de reconocerle a mi amigo.

- Está bien, entendido. Pero por favor no le digas esto a nadie, no es algo de lo que me sienta orgulloso. - dije con tristeza.

- Es algo normal, si no dudásemos estaríamos vacíos, guiados solo por el instinto. Tranquilo, esto queda entre nosotros. - me dijo intentando levantarme el ánimo.

Karel intentando cambiar de tema como solo él sabía hacer.

¿Tampoco tienes ropa? - dijo mientras miraba mi cuerpo desnudo. - ¡Vaya par estamos hechos! Así no hay forma de escaparse de aquí. - terminó riéndose.

- Por cierto, eso que llevas puesto no lo reconozco – le devolví la gracia.

- Creo que es parte de la ropa interior de la muchacha – dijo ruborizándose mientras miraba aquella especie de calzón que parecía querer explotar bajo la presión de tanto cuerpo.

Rompimos a reír acaloradamente. Efectivamente así no íbamos a llegar muy lejos.

Durante varias horas estuvimos hablando de la posibilidad de salir de allí lo antes posible.

En un momento dado la puerta se abrió sin previo aviso. Era Kassandra. Llevaba solo un camisón semitransparente que hacía intuir un cuerpo perfecto. Tenía su pelo rojizo suelto que le caía libremente por su espalda. Ella al darse cuenta que no me hallaba solo, intentó taparse con las manos.



Jaroh Lonescu

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En el texto hay: vampiros, suspense, vampiros y romance

Editado: 18.02.2018

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