Vampeires: Orígen

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RECUPERACION

- ¡Jaroh, despierta! – fueron las palabras que llegaban lejanas hasta mis oídos acompañadas de un par de bofetadas que me devolvieron a la realidad.

Me incorporé bruscamente mientras unas manos intentaban retenerme en mi ímpetu por levantarme. Al principio desdibujado, creí ver la cara de Leena y pensé aliviado que todo se trataba de una pesadilla, pero conforme fui recuperando la visión, la preciosa cara sonriente de Kassandra terminó por devolverme a la realidad.

-¿Qué ha pasado? – dije llevándome la mano a la cabeza que parecía querer estallar por momentos.

- Te has desmayado pero no es nada, seguro que ha sido la tensión acumulada por todo lo ocurrido. – dijo dulcemente Kassandra. Su cara se encontraba muy cercana a la mía y parecía analizarla meticulosamente. – ¿Te he dicho alguna vez que tienes unos ojos preciosos? Son como dos joyas de color violeta, las mismas que siempre quise tener en mi poder. – dijo dándome un beso en cada parpado. Yo me encontraba todavía un poco confuso pero podía recordar los momentos en que murió Stefan en mis manos y aquellos pensamientos hicieron que intentase buscar con la mirada por la habitación en busca del cuerpo del soldado. Bastó poco tiempo para darme cuenta de que me encontraba en otra habitación.

- Parece que necesitas salvarme continuamente para volverte tan cariñosa. – contesté intentando retomar el hilo de la conversación. – Respecto a mis ojos, son tuyos.

Kassandra pareció dudar, se la veía muy pensativa y supuse que asistiría a una de sus conversaciones con una gran cantidad de preguntas por lo que me preparé. – Dilo de una vez. – solté intentando que dijese lo que estaba pensando.

Ella reaccionó como esperaba, ruborizándose. - ¡No seas tonto! Pareces mi padre cuando hablas así. Solo quería preguntarte si todos los de tu tierra... son como tú, tan bellos y enigmáticos. Intuyo que tenéis unos poderes que superan cualquier cosa que un simple mortal pueda hacer. Antes cuando estabas desmayado, vi como algunas cosas se movían en la habitación e incluso llegó a elevarse una lámpara de una mesa. ¿Es algo normal en ti?

- Si, son algunas las habilidades que tenemos los Vampeires, aunque rara vez los usamos ya que de donde yo vengo no tenemos necesidad de usarlos. Por ejemplo, aparte de mover objetos con la mente, podemos trepar por paredes. – dije divertido.

- ¿Trepar? ¡Demuéstralo! Deja que lo vea por favor – dijo suplicante como una niña.

- Está bien, pero... - dije mientras la atrapaba entre mis brazos - ... tú me acompañarás. – La cogí por sorpresa solo el tiempo justo para acercarla a la pared y empezaba a trepar. Ella empezó a gritar nerviosa intentando soltarse de mi fuerte abrazo. Seguí subiendo hasta llegar al techo y puse mi espalda pegada, arrastrado mi cuerpo por toda la superficie mientras mantenía suspendida a Kassandra con su espalda contra mi pecho. Ella se calmó un poco y rió nerviosa.

- Es fantástico Jaroh – dijo sin disimular la emoción. Mi cara estaba junto a la suya y el roce de nuestra piel fue como un bálsamo para mi corazón. Ella se agarraba con fuerza a mis brazos por miedo a caer.

- Tranquila, mientras estés conmigo, no te dejaré caer. – susurré.

- Vale ahora bájame. – ordenó.

- Como gustes – Seguí arrastrándome hasta colocarme encima de la cama y deje que la gravedad volviese a dominar la situación. Kassandra al notar la caída cerró los ojos y se encogió esperando un golpe amortiguado sobre la cama, algo que no ocurrió. En vez de eso notó como su cuerpo se iba posando lentamente sobre el suave colchón de plumas. Unas manos invisibles fueron dándole la vuelta hasta dejarla boca arriba. Disfruté cada instante como nunca antes había hecho y su cara sorprendida fue mi trofeo.

- Eres malo, muy malo – dijo riendo mientras buscaba mi boca.

- Kassandra por favor no me tientes, ya sabes que lo que siento no podría controlarlo ni con todos los poderes del mundo. Quiero pedirte un favor y por favor concédemelo sin pretextos. Quiero salir de aquí. Me refiero a que estas paredes me agobian y me hacen sentir prisionero. Además Karel debe recuperarse en un ambiente sin tantos ajetreos. – supliqué.

Ella pareció disgustada pero no pudo resistirse a mi mirada. Con suavidad me apartó de su cuerpo y se sentó en la cama. – De acuerdo, si así lo deseas podéis alojaros en la cabaña que hay cerca de aquí, pero con una condición, tenéis que permitirme que os visite cuando quiera y soportar mis cuidados y atenciones sin protestar. – dijo firmemente.

Me pareció un trato justo por lo que asentí. Ella se levantó seria y abrió la puerta. – Voy a disponerlo todo para que hoy mismo os trasladéis.

Me quedé solo en la habitación y sentí rabia. Rabia por no poder concederle lo que ella deseaba, aunque se lo mereciera, aquello no podía ocurrir. No debía ocurrir. Maldije mi mala fortuna, pues por más que quise buscar una razón para aquella contención, no la encontré. Y entonces lo supe, aquello me perseguiría mientras estuviese cerca de ella y sería una de las pruebas más duras a las que me había enfrentado. Me dejé caer de nuevo en la cama acunado por esos pensamientos.



Jaroh Lonescu

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En el texto hay: vampiros, suspense, vampiros y romance

Editado: 18.02.2018

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