Vampeires: Orígen

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RETORNO

- ¿En qué piensas?

Preguntó Milos. Karel a nuestro lado lo miró con cara de asesino. Evidentemente no querían rememorar el pasado. Aunque después de dos años, para mí, era todo un doloroso presente.

- Pienso que llevamos varios años buscando a los Vampeires que escaparon y el único que no hemos podido encontrar es a Vasile. Algo realmente raro...

- Quizá haya muerto. – respondió Karel aliviado – Hemos podido acabar con todos ellos. ¿Por qué no ha podido despeñarse por algún acantilado o haber sido asesinado en un descuido?

Yo evalué su respuesta y aunque era posible, algo me decía que no tendríamos esa suerte.

- De todas formas, el haber desistido de su búsqueda es lo mejor que podemos hacer. Tenemos que centrarnos en encontrar la forma de que volváis a vuestra tierra. – contestó Milos.

- ¿Volver nosotros dos? ¡Querrás decir nosotros tres! Que no se te pase por esa cabeza que te vamos a dejar aquí. Tú vienes a nuestra tierra, ya que ahora es tuya también. Además me quedaré más tranquilo.

Mientras le hablaba un sentimiento de renovadas ganas de regresar se apoderaron de mí. De todas formas ya no había nada aquí que mereciese la pena como para quedarme.

No sé bien si la lejanía en el tiempo desde la muerte de Kassandra tenía algo que ver con ese deseo, pero si realmente esa herida estaba cicatrizando era un buen momento para volver.

Llevaba varios meses pensando con más asiduidad en Leena que en Kassandra y eso me hizo sopesar si realmente la seguía queriendo.

Aunque se lo ocultaba a mis amigos, me sentía despreciable y por mucho tiempo que pasase no cambiaba nada sobre esa impresión. ¿Cómo podría mirar a Leena después de haber desistido en la lucha por mantener nuestro amor a flote? Eso no era lo realmente grave. El haber resuelto volver cuando la mujer con la que quise estar ya estaba muerta, acrecentaba ese desprecio hacia mi persona.

De vez en cuando miraba a mis compañeros y pensaba también en sus enormes sacrificios. Karel, siguiéndome por todos los rincones de este mundo sin quejarse, cuando tuvo la oportunidad de volver solo y rehacer su vida. Milos, aunque seguía siendo el mismo de siempre, sacrificó su humanidad para convertirse en uno de nosotros. Aunque no lo comentaba, sabía que echaba de menos el poder admirar el paisaje a plena luz del día. Sus ojos lo habían relegado a eternos atardeceres y noches de grises intensos.

- Novato – así es como ahora llamaba Karel a Milos - ¿Se puede saber cuánto falta para llegar a donde se encuentra esa bruja?

- No mucho, según nos dijo el doctor ya deberíamos ser capaces de ver sus terrenos.

- ¿Tú capaz de ver algo? – lo picó – perdona pero no estoy seguro de que el proceso contigo haya salido bien. Creo que te ha faltado un hervor.

- ¡Lo que usted diga señorita! Seguro que soy más Vampeire que tú. ¿O es que quieres tapar alguna deficiencia con tu arrogancia? – le dijo mirándole la entrepierna. Karel simuló enfadarse y lo rodeo con su brazo sobre su cuello.

- ¡Cuando quieras te demuestro que te equivocas! – dijo mientras apretaba más su abrazo.

- No gracias. No eres mi tipo.

Verlos como dos niños traviesos me aliviaron la pesadez de momentos antes y sonreí a placer mientras me unía a sus juegos.

Conforme avanzábamos nos percatamos que el ambiente estaba enrarecido, algo había cambiado tan rápido que no nos dimos cuenta. De la frondosa vegetación alrededor del camino pasamos a una tierra yerma, ni rastro de ese verdor característico, solo unas malas hierbas esparcidas tan alejadas entre sí que parecía que alguien las había colocado así a propósito.

Milos intentaba aparentar serenidad y Karel era una gran mole asustada.

- Esto no es normal. ¿No será mejor venir otro día? – me dijo mientras con la excusa de decírmelo al oído se había agarrado a mi brazo.

- ¡Si claro cuando mejore la decoración! ¿No? Si cuando yo te llamo señorita... - le espetó Milos.

- ¡Eh! ¡Qué esto parece sacando de una de mis peores pesadillas! ¿O me lo vas a negar?

- Venga no exageremos, que no es para tanto. – les dije a los dos sin poco convencimiento.

Unos metros más adelante, una pequeña choza, de un tamaño casi ridículo se alzaba a duras penas sobre el polvoriento suelo. Estaba realizado de barro o por lo menos el color y la textura se asemejaban bastante. A media altura, unas minúsculas ventanas parecían ser dos ojos que observaban a cualquiera que se dignase a llegar a tan asolado lugar. Era obvio que no se trataba de un lugar donde uno desease ir de visita, un lugar que por todo adorno disponía de dos troncos secos que probablemente llevasen un siglo muertos. La puerta tampoco inspiraba confianza, más bien invitaban a dar media vuelta y no regresar jamás. Colgada de esta podía verse unas pequeñas calaveras de algún animal que no supe identificar. Pero por sus pequeños colmillos afilados supuse que era un carnívoro. Los únicos adornos del exterior eran dos antorchas que se encontraban apagadas.



Jaroh Lonescu

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En el texto hay: vampiros, suspense, vampiros y romance

Editado: 18.02.2018

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