Varaloon

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CAPITULO 4

— Lamento preguntarlo, pero, allá adentro dijiste que mi vida peligraba en la Tierra, ¿por qué? — le pregunte mientras caminábamos.

— Había un grupo de abogados que se juntaron y pusieron un precio a tu cabeza para que ellos tuvieran el camino libre para obtener el puesto de socio que acababa de abrirse en la firma—.

— Malditos — dije enfadada — y… ¿crees que hubieran tenido éxito? —.

— Si, robaron tu agenda y sabían dónde estarías en cada momento del día,  tenían preparado como matarte en cada una de tus citas, el último plan, por si todos los demás hubieran fallado, era explotar tu departamento mientras dormías; pagaron mucho e iban a asegurarse de que no fuera desperdiciado su dinero — no podía creerlo, era solo un absurdo lugar como socio en la firma, se sentían tan amenazados por mí y confiaban tan poco en ellos mismos que habían preferido matarme.

— Gracias — dije en voz baja — salvaste mi vida—.

— Ya te lo dije, no permitiré que nadie te haga daño, no si puedo evitarlo. Ven conmigo necesito explicarte las reglas, debes acatarlas al pie de la letra; escuchaste a Alfa y Omega, no dudaran en ordenar tu ejecución si rompes alguna de ellas. Primero te llevare a la plataforma de lanzamiento, esperaras ahí mientras yo voy a mi laboratorio por unas cosas, tú no tienes que preocuparte por nada…

— Yo estaré con ella — atrás de nosotros estaba una persona, era el hombre de cabello castaño que había estado en mi audiencia.

— Agon, ¿Qué haces aquí? —.

— Pidieron que alguien los vigilara hasta que se fuera, y yo me ofrecí, pero no te preocupes, estaré a una distancia considerable, no escuchare nada de lo que digan… — se había dado la media vuelta para irse, pero se detuvo y volvió a mirarnos — oye no quise mencionar nada allá adentro, pero tienes razón en decir que es prácticamente perfecta — en ese momento se dio la vuelta y se alejó unos 5 metros de nosotros, lo mire con un poco de desconfianza y Zatre se percató de eso.

— No te preocupes, podemos hablar con confianza. Pero, regresando a lo que nos importa en este momento, una de las leyes principales de Varaloon es que no debes mencionar nada sobre la nave o nosotros. Les explicamos todo cuando llegan aquí, pero después quitamos todo recuerdo sobre su vida en la Tierra y de la nave pero dejamos las leyes en su subconsciente, para que piensen que han vivido aquí toda su vida. Cuando llegues a Terra, un Reprogramador “revisara” tu cerebro, te dará nuevos recuerdos, te entregaran un vehículo y te podrás ir a tu nuevo departamento.

— ¿Me van a quitar los recuerdos de mi vida? — pregunte preocupada.

— No te preocupes, no dejare que eso pase, pero necesito que vayas con él — señalo al hombre que debía estarnos vigilando y subió la voz para que él lo escuchara – Agon necesito que vengas un momento—.

— ¿Qué sucede? — pregunto cuando llego junto a nosotros

— Necesito unas cosas de mi laboratorio, ¿podrías llevarla en mi lugar a la sala de lanzamiento? Los veré ahí en cuanto pueda.

— Pues, si no tengo otra opción — contesto encogiéndose de hombros.

— Gracias, nos vemos en un rato — dijo, se dio la vuelta, camino un poco y giro hacia la pared, desde el ángulo en que yo lo veía parecía que chocaría con la pared, pero enseguida pareció que hubiera atravesado, pero yo sabía que había aparecido una puerta.

— ¿Cómo sabe dónde están las puertas? — pregunte sin darme cuenta en voz alta.

— Cuando llevas viviendo aquí toda la eternidad, terminas conociendo todo, y más aún si fuiste uno de los principales diseñadores de esta maravilla — contesto mi acompañante — permíteme presentarme debidamente; soy Agon — dijo mientras hacia una reverencia — uno de los padres de tu civilización—.

“¿Qué puedes contestar ante una presentación así?” pensé.

—  Em… encantada, soy Samanta — conteste torpemente.

— Si, lo sé, todos hablan de ti, aunque no todos dicen cosas buenas — me ofreció su mano — ahora, si gustas acompañarme, Zatre se enojara muchísimo si llega antes que nosotros — mire con desconfianza su ofrecimiento y cruce los brazos sobre mi pecho, él se encogió de hombros y puso sus manos en la espalda — y ustedes las mujeres humanas se quejan de que la caballerosidad murió… bueno sígueme—.



N.S. Melendez

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En el texto hay: brujos, asesinato, sirenas

Editado: 22.07.2019

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