Vas a quedarte

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CAPÍTULO 1​

La oscuridad abundaba en el mundo de Sunny casi de forma catastrófica, porque incluso había llegado a teñir su alma. Del otro lado del mundo, Harry estaba llorando, porque la oscuridad también lo había alcanzado, llevándose lo que más quería. Dos personas desconocidas, que solo tenían una cosa en común: a travesaban el peor momento de sus vidas.

SUNNY

No es no, pero con Michael, negarse pierde el sentido. No lo entiende. Le he repetido unas cien veces que no quiero estar con él y, aun así, continúa insistiendo. Entro en pánico cuando en medio de la fiesta, me arrastra hasta una habitación y cierra la puerta con llave, impidiendo que pueda huir. El cuarto es tan pequeño que empiezo a sentir que voy a ahogarme. Solo hay un sofá sobre el que me empuja y quedo acostada, mirándolo a la cara con temor. Miedo que aumenta cuando veo su mirada y encuentro seguridad en sus actos, sabe lo que hace y entiendo que no planea detenerse, a pesar de mis suplicas y mis gritos desgarradores. Nadie puede oírme, la música en el exterior está tan alta que aplaca cualquier tipo de sonido. Mis ruegos son devastadores y lo desesperan, golpea mi rostro y luego tapa mi boca, entonces empiezo a quedarme sin aire.

—De esta no salvas, preciosa— me dice acercándose a mi oído. Empiezo a sentir asco, él está sobre mí y su mano libre transita por todas partes, luchando con mis reacciones por defenderme. —Te va a gustar, créeme. Será bueno para los dos.

Muerdo la mano que está oprimiendo mi boca y lo escupo, removiéndome con todas mis fuerzas, pero está sobre mí y su peso duplica o incluso, triplica el mío.

—No, Michael, no. Déjame. Déjame ir, mierda— grito desgarrando mis cuerdas vocales.

—Aquí mando yo, ¿escuchaste, preciosa? — me propina otro golpe en el rostro, una parte de mi labio se rompe y empiezo a sangrar. Puedo degustar el sabor, el líquido escurriendo desde mis labios, pasando por mi barbilla, hasta mi cuello.

La paliza es tan fuerte que pierdo estabilidad. Todo a mi alrededor gira, se siente como una verdadera pesadilla. Una de sus manos viaja hasta la parte baja de mi vestido y se encarga de hacer a un lado mi ropa interior. Lo mismo haca con su vaquero y luego su prenda interior, lo que más temo está a punto de pasar, lo anticipa la sensación agria paseándose por mi garganta, provocándome arcadas y ganas de vomitar.

—No, por favor, no— murmuro como puedo a pesar de la opresión en mi boca. Las lágrimas caen y busco desviar la atención, defenderme. Bloquear lo que está a punto de hacer. Mi vista se concentra en el estampado cuadriculado de las paredes, cuento uno a uno los cuadraditos que la componen, como si así pudiera viajar a otro mundo donde no están violándome.

Porque es justo lo que Michael hace, su miembro se introduce en mí sin ningún tipo de consentimiento, luego de golpearme repetidas veces y sacando provecho de que su fuerza física es superior a la mía.

Me duele todo el cuerpo y mi alma, despedazada por completo, se sale de mí, he dejado de ser yo misma y nunca he estado tan perdida.

Michael sale de mí cuando consigue lo que quiere, me observa satisfecho, repugnante.

—¿Te gustó? Sé que sí, estuvo increíble— modula acomodándose sus prendas inferiores, abrochándose el pantalón. —Demás está decir que no harás nada estúpido, ¿no? Eres inteligente, Sunny.

Él sonríe creyendo tener todo bajo control, mientras yo sigo tirada sobre el sofá, herida y humillada, rogando que se trate de una pesadilla, así lo veo irse. Cierra la puerta y lo primero que hago es inclinarme para vomitar. Estoy temblando y no estoy segura de que mis piernas puedan llevarme muy lejos.

No sé a dónde ir, ni con quién contar. Llevo tiempo alejada de mi familia, aunque, de todas formas, sé que no podrían ayudarme. No lo comprenderían. Mi única amiga es Lana, quién para colmo, es hermana de Michael y, además, lo adora. Nunca me creería. Completamente sola en la habitación, temblando y respirando con dificultad, me las arreglo para ponerme de pie y acomodar mi ropa. Repleta de miedo, tomo valor para salir de la fiesta, aun estando herida nadie se percata, cada uno está inmerso en su mundo y aquellos que miran, me observan con desdén y lejanía. Me ven como si estuviera loca. Por una parte, siento alivio al no ser vista... La vergüenza me consume. Quiero encontrar un lugar a salvo, donde nadie pueda tocarme, donde nadie pueda hacerme daño... Deseo con todas mis fuerzas llegar a mi apartamento.

En realidad, desearía que nada de esto estuviera pasando.

♡♡♡♡♡

Mi apartamento es pequeño: un piso, el cual solo tiene una sola división, el baño. Nunca me molestó el tamaño, al contrario, para mí es perfecto y por diversos motivos. En primer lugar, porque allí guardo todo lo que amo, segundo porque cada rincón está planeado a mi gusto y tercero (pero no menos importante) porque es lo que puedo rentar con mi dinero, lo que significa independencia. Desde que me mudé, mi vida ha tomado un giro, me convertí en alguien libre. Al llegar, entro al interior y aseguro la puerta con llave, tengo una especie de pánico, como si Michael estuviera siguiéndome. Dejo mis pertenencias y me desvisto para meterme a la ducha, abro el grifo y dejo el agua recorrer mi piel. Utilizo la esponja para frotar cada parte de mi cuerpo, lo repito incontables veces, esperando así poder borrar cada rastro del abuso que cometió Michael. Sin embargo, es en vano, porque continúo sintiéndome asquerosa, invadida, ultrajada, es tan frustrante, la escena se reproduce tantas veces en mi cabeza, que termino desesperada y llorando sobre el piso.



queenev

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En el texto hay: amor, drama, desamor

Editado: 14.04.2019

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