Vas a quedarte

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CAPÍTULO 2

1 mes después.

HARRY

—Harry, cariño. Es sábado por la noche. Todo ese trabajo puede esperar— mi madre coloca ambas manos sobre mis hombros, buscando que me relaje. Tiene razón, es fin de semana y debería despegarme del trabajo, pero sigo sentado frente al escritorio en lo que solía ser la oficina de mi padre, tratando de mantener la empresa en orden.

—Papá siempre lo tenía todo bajo control. No puedo permitir que las cosas pierdan su rumbo— le explico, porque puedo imaginar a la perfección como papá se estresaría si algún detalle queda al azar. —Se lo prometí— recuerdo. Cuidar de la familia, cuidar de la empresa que tanto esfuerzo le requirió.

Veo de reojo a mi madre, ella baja la vista al suelo con melancolía, lo está recordando, lo sé. Seis meses no son nada. Aún se siente como si ayer hubiera estado aquí, justo a mi lado, hablándome de alguna banda de rock o dándome un consejo. Duele. Mamá larga un suspiro y suelta mis hombros.

—Ven. ¿Puedes dejarlo todo, aunque sea unos minutos? Hay algo que quiero mostrarte— indica y sin chistar, abandono el trabajo para seguirla. Nunca podría negar algo a mi madre y, además, me muero de curiosidad. Emprende camino escaleras arribas, nos dirigimos a su habitación, donde se sienta en la cama y abre el cajón de la mesita de noche, sacando de allí una carpeta mediana color negro. —Acércate— palmea el colchón y entonces me siento, justo a su lado.

—¿Qué pasa, mamá? Me estás asustando— intento descifrar lo que está pasando, pero no lo consigo. La carpeta sigue cerrada.

—Tranquilo, no es nada malo— me da una pequeña sonrisa, la cual me calma. —Es sobre un proyecto que tenía tu padre. Mejor dicho, que teníamos con tu padre—menciona y acto seguido, saca una foto del interior de la carpeta. Observo la imagen, una playa de arena blanca, compuesta por un mar de aguas cristalinas y un cielo despejado y claro, del tipo que jamás he visto en Londres. En medio del paisaje, se ve una casa pequeña de maderas blancas y algunos detalles en azul marino. La imagen es preciosa, dan ganas de estar ahí. —Ahí vivía tu papá cuando nos conocimos. Es en Clearwater, Florida. Te habíamos hablado ya de ese lugar, ¿no?— asentí. Papá en reiteradas ocasiones me contó anécdotas de él viviendo en los Estados Unidos, justamente en esa playa. Incluso su mejor amigo vive allí. —Un mes antes de morir, compró esta casa. Ni siquiera fue a ver en qué estado se encontraba, pero se enteró que estaba en venta y quiso tenerla, porque le traía buenos recuerdos. Mejor dicho, nos traía buenos recuerdos. Queríamos volver este verano, reformarla. Planes...— su voz se cortó y suspiró, retenía las ganas de llorar. No lo hacía porque simplemente yo estaba ahí y sé que no le gusta mostrarse triste. Intenté reconfortarla abrazándola por los hombros y ella inclinó un poco la cabeza hacia a mí.

—Se nota que es un lugar hermoso— coincido. Aún sin conocer, es lo que aquella foto me transmite. —¿Qué quieres que haga, mamá? Puedo acompañarte... Podríamos ir los tres— digo, incluyendo a mi hermana menor. —O tal vez puedo deshacer la compra, podría...— busco opciones para ayudar, pero ella me detiene.

—No, no estoy lista para regresar. No sin él— murmura, algo que puedo comprender perfectamente. —Y tampoco quiero devolverla, es especial. De verdad queríamos tenerla— afirma, entonces deshace el abrazo, pone la espalda recta y voltea a mirarme a los ojos, convencida. —Harry, quiero que vayas tú.

—Parece un buen sitio. Estoy seguro de que lo es, incluso perfecto para ir de vacaciones. Yo no... No creo que me corresponda ir. Al menos no ahora— lamento no poder cumplir su pedido, pero siento que ir muy lejos sería un error.

—Te la pasas trabajando, Harry. ¿Hace cuánto que no sales con tus amigos? Te despegas de la oficina solo para dormir y ni siquiera estoy segura de que lo hagas— aunque no lo admitiera, mamá tenía razón. Algunas madrugadas, apenas alcanzaba a conciliar el sueño por unas horas. Las ojeras me delataban hasta frente un desconocido.

—Mamá...

—Me vas a decir que lo puedes controlar, ya sé— la nostalgia en su voz se transformó en reproche. —Pero no se trata de eso. No voy a permitir que olvides lo que eras antes de que todo pasara. Lo que de verdad te gustaba. Entiendo que quieras homenajear a tu padre, pero volviéndote esclavo del trabajo no es la forma— suspira tomando paciencia, la dureza sigue en sus palabras e intuyo que se viene algo aún peor.

—El negocio era su sueño. No puedo dejar que todo se pierda, así como si nada.

—No se perderá. A partir de mañana, yo me encargaré. Estuve ahí desde que todo empezó, conozco perfectamente cómo manejar cada asunto— murmura con seguridad y le creo. Mi madre siempre fue la mano derecha de papá. Su mejor amiga. El amor de su vida. Absolutamente todo. —Lo siento tanto por sonar tan dura, pero tienes dos opciones: te encargas de la casa, o te quedas aquí a recuperar tu vida.



queenev

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En el texto hay: amor, drama, desamor

Editado: 14.04.2019

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