Vas a quedarte

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CAPÍTULO 3

Recordaba a la perfección el día en que la conoció. Cuando la vio por primera vez. Justo después de que el sol se escondiera y las estrellas se plantaran con furia en el cielo, Harry encontró a Sunny. En un pintoresco bar, un grupo de personas la rodeaban, mientras la chica de cabello rizado y tan brillante como el oro, coordinaba una canción en su guitarra y su voz, armoniosa como el canto de una sirena, desplegaba letras que acompañaban la melodía. Tenía los ojos cerrados y una expresión que denotaba profundos sentimientos con sabor a melancolía.

HARRY

El atardecer en Clearwater me recordó lo bonita que puede ser la vida. Es la naturaleza que puede ser increíble y al mismo tiempo usual, que la pasamos por alto. Nos olvidamos que las cosas más hermosas son las más simples, esas que están todo el tiempo ante nuestros ojos, pero no logramos verlas, olvidamos verlas, porque siempre estamos buscando algo más allá, que supone estar lejos de nuestro alcance y entonces nos esforzamos tanto por obtenerlo que cuando lo conseguimos pierden toda la atracción y se vuelven insignificantes.

—¿Qué dices si te digo de ir a una fiesta esta noche? — pregunta Michael, mientras nos dirigimos a por unas cervezas. Andrew, su amigo, también nos acompaña.

—Te agradecería la invitación, pero esta noche, paso. El viaje me agotó. Y mañana tengo que comenzar a trabajar en la casa— le recuerdo. Es mi objetivo principal y no se me olvida.

—Ah sí, esa casa. No sé porque no la vendes y empiezas a vivir la vida— opina. —Te darían una buena cantidad por ella.

—Tengo otros planes— contesto sencillo. No tengo que darle explicaciones a Michael y, además, no lo entendería. Ese lugar tiene un valor sentimental, lo tenía para mi padre y lo continúa teniendo para mi madre, así que por esa simple razón quiero hacer lo mejor que pueda. Mientras tanto, no puedo dejar de observar como empieza a transformarse la noche en la playa. Los locales que la rodean han encendido sus luces y en algunas esquinas, hay artistas tocando, bailando o haciendo alguna actuación. Es agradable y empiezo a sentir que podría acostumbrarme a pasar una buena temporada en esta ciudad.

—Eh, nos sentaremos aquí a beber. ¿Te quedas?

—Claro, solo unos tragos— murmuro acomodándome en una banqueta frente a la barra. A mí lado se acomoda Michael y al final, Andrew. El barman nos toma el pedido y los tres coincidimos, cerveza.

Estamos hablando de cosas triviales, no estoy demasiado metido en la conversación, por lo que me percato que están preparando el pequeño escenario. Colocan un micrófono al medio, algunos parlantes por detrás y encienden una luz. Lo están ambientando.

—¿Hay algo especial esta noche?— pregunto a los chicos. Michael toma la palabra.

—Es micrófono abierto. Cualquiera puede cantar o lo que sea— se encoje de hombros. —Pero no te ilusiones, la mayoría que se sube ahí es una mierda— agrega, y escucho sus risas junto a las de Andrew.

—Uh, mira quién está hoy— Andrew le da un codazo a Michael y le hace una seña, para que el contrario ponga la vista en el escenario.

Yo también lo hago y de inmediato, lo que veo llama mi atención. Es una chica que lleva colgada a una guitarra y se acerca tímida al micrófono mientras posiciona el instrumento para tocar. Oigo algunos murmullos por parte de mis compañeros, pero hago oídos sordos, porque algo en ella me atrapa. Quiero escucharla. Me giro sobre la banqueta, dándole la espalda a los chicos y pongo atención, como si supiera que lo que está a punto de salir de su boca es arte. Y lo es. Estoy escuchando y siento mis pies despegarse de la tierra, trasladarse a otro sitio, a algún lugar mejor que este mundo.

Vaya. Hacía tiempo que no oía algo que me inquietara de ese modo. Es arte.

Continúo mirándola, pero ella no puede verme, tiene los ojos cerrados. Finalmente los abre cuando finaliza la canción y al oír los aplausos, se sonroja y baja la mirada, pero sonríe. Como si la apenara recibir los halagos, pero al mismo tiempo, no puede evitar sentirse animada.

—Muchas gracias— pronuncia, entre sus manos sostiene la guitarra y juguetea con ella. En un efímero segundo, pude jurar que nuestras miradas se encontraron, pero la chica rompió el contacto al instante.

—Muy bien, esa fue Sunny con su canción original— murmura el presentador que dirige la noche. —Démosle otro aplauso.

—Aburrido...— gritan desde alguna mesa, no alcanzo a captar quién lo hizo. Pero sí oigo nuevamente las risas de Michael y Andrew. —Qué venga otro— acotan como si fuera divertido. Me cuesta creer que la gente pueda ser tan grosera y, además, que no sepan apreciar la música.

La veo bajar del escenario y atravesar un camino entre todas las mesas hasta llegar a la puerta de salida. Sé que tengo que hacer algo. No puedo dejarla ir así. Me pongo de pie y acelero el paso hasta salir.

—Hey, espera, por favor.

—¿Qué quieres? — ella se gira y la forma en que me observa me da la sensación de que estoy estorbando su día.

Vamos Harry, di algo que no te haga parecer un maldito imbécil.



queenev

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En el texto hay: amor, drama, desamor

Editado: 14.04.2019

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