Vas a quedarte

Tamaño de fuente: - +

CAPÍTULO 9

Valiente, pensé, cuando oí tu historia. Habías dejado la comodidad de tu antigua vida, cruzando de un continente a otro, para hacer realidad el sueño de las personas que te trajeron a este mundo. Te envolvías de seguridad y lo demostrabas sonriendo. Cada vez que lo hacías, me recordabas que todo iba bien. Valiente, pensé, cuando fuiste capaz de ponerte de pie y mostrarme que no tenías miedo de hacerle frente a los demonios. Qué valiente, por elegir quedarte conmigo.

SUNNY

En cuanto se instalaron mis hermanos en casa, supe que tarde o temprano los gastos aumentarían, pero al mismo tiempo, estaba segura de que encontraríamos como arreglarnos. Brad, después del colegio, ocupaba algunas horas como instructor de surf y aportaba lo que podía para ayudar. Mientras tanto, me preparaba para la fiesta que tenía en un par de horas. Ese era el plan para la noche de sábado: fiesta en la playa. Aunque no había ningún motivo divertido de por medio, en realidad tenía que trabajar. No dudé en aceptar al leer la suma de dinero que ofrecían por ocupar el puesto. Lo necesitaba, más que nunca, desde que el propietario del departamento empezó a reclamar que pagara los meses que debía.

El trabajo consiste en atender la barra de bebidas del puesto más recurrido y que explotaba, porque Magic Drink's era el bar que preparaba los mejores tragos de Clearwater.

Apenas llegué, el encargado me guío hasta la estructura que habían armado y me explicó cómo funcionaba cada cosa. Tenía experiencia preparando tragos, así que no necesitó decirme demasiado.

—Una cosa más, Sunny. Tienes que cambiarte la ropa— mencionó, mientras rebuscaba en un canasto bajo la barra.

—¿Qué? — lo miré sin comprender a qué se refería.

—¿Nadie te dijo? Todas usarán este traje de baño— dijo mostrándome un bikini que acababa de encontrar. Había tres similares, a excepción del color. Las tres chicas que atenderíamos lo debíamos usar.

—Lo siento, pero no voy a usar eso. Nadie lo mencionó cuando me dieron el trabajo— murmuré, observando detenidamente las pequeñas prendas. La gente estaba llegando, y de solo imaginarme llamando la atención por vestir eso, me ponía nerviosa e incómoda.

El hombre asintió, titubeó algo, pero finalmente se puso firme y me miró consistente.

—Bien, no lo usas, no hay trabajo. Lo siento, pero así son las reglas— dijo ofreciéndome una última oportunidad a decir sí. Pensé en el dinero. Pensé en el departamento. Pensé en mis hermanos y en que no podíamos quedarnos en la calle o realmente los perdería. Entonces, la idea de usar ese bikini por unas horas ya no lució tan aterradora. Sin embargo, siguió causándome incomodidad, pero me vi obligada a decir que sí.

Extendí la mano y tomé la prenda, demostrando que lo haría.

—No, está bien, la usaré.

—Perfecto. Puedes cambiarte en los baños químicos.

Él se quedó acomodando las barras y yo me dirigí a los baños, donde me tomé algunos minutos para cambiarme. El traje de baño estaba compuesto por un corpiño triangular color rojo y unas bragas del mismo color. Eso era todo. Se me llenaron los ojos de lágrimas cuando volví a imaginar mi cuerpo expuesto. Me daba miedo saber que los hombres mirarían, que posiblemente más de uno desearía tocarme como si fuera un objeto sexual y que, en el peor de los casos, alguno se sobrepasaría, como lo hizo Michael aquella vez.

<<Tú puedes hacerte esto. Tú puedes. Necesitas el dinero. Será por unas horas, pasarán rápido, luego irás a casa y mañana todo estará solucionado>> me repetí tratando arduamente de convencerme. Al salir, me puse la remera por encima, planeando dejármela lo más posible. De todos modos, el encargado al verme me recordó que debía quitármela para trabajar.

Y lo hice.

La fiesta inicio, llegó a su mejor punto, la playa estaba repleta y ahí estaba yo, con un minúsculo traje de baño, detrás de la barra sirviendo bebidas. Ojalá pudiera ser como mis dos compañeras, se ven sonrientes, seguras e incluso divertidas mientras atienden al público. Yo intento copiar la actitud, pero no tengo demasiado éxito, me tiemblan las manos cuando sirvo, lo que me obliga a ser lenta para no causar problemas. Aunque lo estoy llevando bastante bien, veo a mi temor materializarse, lo que me desestabiliza al instante. Busco el rescate de mis compañeras, pero ambas están ocupadas atendiendo a otros grupos, así que no me queda opción. Tengo que ser yo.

—Hola. ¿Qué vas a llevar? — actúo normal, manteniendo la distancia de Michael, que está apoyando sobre la barra y me observa con desdén. Siento que me desviste con la mirada.

—Te llevaría a ti, pero de momento no puedo— "bromea" y ríe solo. Pongo los ojos en blanco, porque está enojándome.

—¿Vas a llevar algo o no?

—Así enojada me pones más— dice. Entonces, siento que podría arrojarle todas las botellas sin cansarme. —Dame un Mai-Tai— pide uno de los famosos tragos playeros. Giro para buscar una de las botellas que necesito y puedo jurar que está mirándome el trasero. Vuelvo a mirarlo. Es tan detestable, acomodado de aquella manera, relajado, como si todo en el mundo le perteneciera, exento de cualquier culpa. Está tan tranquilo, pero a mí el corazón me late a mil. Como lo supuse, no me quita los ojos de encima mientras preparo el trago y cuando finalmente se lo entrego, me toma de la muñeca. —Te espero a la salida para repetir lo de la otra noche— alcanza a susurrarme y si lo escucho, es porque su fuerza me impidió alejarme antes. Tengo que ser brusca para deshacerme de su agarre, el trago cae derramándose entero y un montón de personas giran a mirarnos, incluyendo el encargado, que me hace mala cara.



queenev

#3148 en Joven Adulto
#8872 en Novela romántica

En el texto hay: amor, drama, desamor

Editado: 14.04.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar