Venice: La caída

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Capitulo 1

Comenzaba a atardecer pero a pesar de la época el bosque no se encontraba tan frio como en otras ocasiones, Leonard había aprovechado el tiempo para salir a cazar. Avanzaba lentamente sobre la nieve, buscando alguna liebre que aún no estuviera en su madriguera, el estofado de liebre era el favorito de Clare, su hija de quince años quien había estado enferma desde el principio de semana y había pedido a su padre una comida caliente, su padre recordó las palabras de su hija “un caldo de pollo, no, ya se, ¡un estofado de liebre! Por favor papá”. Sonrió al imaginar la alegría en la cara de su hija mientras le hacia la petición.

En otro momento salir a cazar a esas horas habría sonado una locura, pero durante toda la semana Leonard no había visto ni escuchado algo que temer, ni un lobo ni un oso, ni siquiera algún bandido que quisiera acercarse a su propiedad, por desgracia tampoco había encontrado ningún animal del que pudiera alimentarse. “Ha habido mala caza, ya mejorara” pensó para sí mismo.

Algo empezó a moverse entre unos arbustos cercanos, como intentando salir de su escondite, Leonard tomo su rifle y apunto hacia el lugar del cual salto una liebre enorme, la más grande que había visto en meses, Leonard jaló el gatillo fallando el primero tiro, rápidamente apuntó a la liebre que corría y disparo una segunda vez, esta vez la tenía, esa noche su hija comería un estofado de liebre y por la mañana la enfermedad se habría desvanecido.

Cuando retomó el camino a casa, con el rifle colgando de su espalda y la liebre que había cazado sobre su hombro, pensaba en su hija y la reacción que tendría al ver el tamaño de la liebre, tal vez podrían comer estofado toda la semana, también pensaba en su hijo, un joven de diecisiete años llamado Gabriel, quien siempre le recordaba que no debía consentir tanto a su hermana, pero Leonard no podía evitarlo, los quería tanto a ambos y quería darles siempre lo mejor. Pensaba también en su esposa, ya no se encontraba con ellos, había partido de su lado dos años atrás en un desafortunado accidente del tren donde viajaba, ella era una músico excelente, tocaba el violín pero prefería quedarse en casa con su esposo y sus hijos en vez de dedicarse a tocar profesionalmente, cuando recibió una invitación para una importante audición él la había motivado a asistir, ella amaba tocar el violín y después de algunas palabras quedó convencida. Leonard aún se arrepiente por las noches de haberle animado a que fuera, si no lo hubiera hecho ella no habría estado en ese tren en el momento del accidente. Fue difícil para los tres soportar la perdida, pero Leonard decidió esforzarse incluso más que antes para mantener segura y unida a su familia, “ella aún está con nosotros” les decía a sus hijos, “está aquí, en nuestro corazón” mientras cerraba las manos de sus hijos entre las suyas y las pegaba a sus pechos con un cariño sincero.

Estaba a punto de salir del bosque, y solo a unos quince minutos caminando de su hogar, pero algo le llamo la atención y lo hizo detenerse, recostada sobre un árbol se hallaba una pequeña niña, parecía tener la edad de su hija y era tan hermosa que daba la sensación de ser alguien importante, una señorita de sociedad incluso una princesa. Dejó la liebre y su fusil en el piso y se acercó a la pequeña, parecía estar durmiendo, su respiración era agitada y sus mejillas estaban sonrojadas, parecía tener fiebre, “y como no se enfermaría con esa ropa, parece más un trapo que un camisón” pensó el hombre.

Leonard dudó por un momento, la tomó de los hombros y la sacudió con delicadeza esperando alguna reacción, al ver que la niña no respondía de ninguna forma tomó la cantinflora de cazador que llevaba en su cinturón y la puso sobre la boca de la pequeña, ella bebió rápidamente y comenzó a toser, Leonard retiró la cantinflora e inclinó a la niña un poco hacia delante, dando unos pequeños golpes a su espalda para ayudarla a sacar el agua.

La niña lo miró de una extraña manera sin decir una palabra.

-¿Estas bien? –dijo Leonard preocupado-. ¿Cómo llegaste aquí? ¿Dónde está tu familia? ¿Acaso estas sola a este lugar?

La niña lo miraba con unos ojos cansados y a punto de cerrarse

-¿Cómo te llamas? –Le pregunto a la pequeña-. ¿Puedes hablar? ¿Entiendes lo que digo?

Al ver que la niña no respondía Leonard tomo una decisión, se puso el rifle en la espalda, amarro la liebre al rifle y tomo a la pequeña en sus brazos.

-Espero no meterme en problemas por esto –le dijo a la pequeña en sus brazos, quien dormía y parecía no escucharlo-. Pero si te dejo aquí, el bosque seguro te matara.



G. M. A. Uvera

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En el texto hay: vampiros, detective, angeles

Editado: 21.01.2019

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