Vera: En Busca de un Hogar

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Capítulo 4 - No Debí Tocar El Piano

Regresando a la cabaña, Clarice, estaba tejiendo y en cuanto me ve entrar se levanta de golpe.

-Al fin llegaste.

No supe que decir, preferí quedarme callada, no parecía de muy buen humor y la comprendí menos. Hacía un rato me ofreció ayuda y ahora está molesta.

-¿Por qué me has dicho que no? –Me pregunta enfadada refregándose las manos en su delantal aunque éstas estén limpias, parece que tiene un “toc”.

-Porque… sabía lo que debía hacer –Me excusé, fue lo primero que se me ocurrió, y no estaba mintiendo.

-Siempre ayudé a mi trabajadora desde el primer día y tú me lo has negado, mocosa. No debes decirme que no.

-¿Está molesta conmigo? –Pregunté con mirada triste, no sabía que ella odiaba que le negaran algo. Me pareció tierno de su parte que me haya querido ayudar, me sentía una basura por haberla rechazado, parece que empezamos con el pie izquierdo.

-Estoy furiosa Vera, muy furiosa. Ahora por eso comerás mis sobras –Sentenció pero para mí no era nada nuevo, ya había comido sobras en el orfanato -. ¿Estás familiarizada con ellas, verdad? -Me preguntó burlona como si me leyera la mente, yo asentí -. Entonces estarás como en casa.

Luego de nuestra “charla” me mandó a que ordeñara las vacas, por supuesto, ésta vez no le negué la ayuda y ella se ubicó detrás de mí mientras, tomando mis manos, me decía cómo debía presionar para que salga la leche y, además, dónde debía ubicar la cubeta luego de terminar.

-¿Lo has entendido? –Me pregunta al finalizar su explicación.

-Sí, señora Doptberry –Le respondo educadamente y ésta se retira.

Durante mi labor me ha entrado la duda de qué le habrá pasado a la niña anterior, a la que ocupaba mi lugar antes de mi llegada. Pensaba que quizás la señora Doptberry le consiguió algún hogar familiar más placentero en el que podía desempeñarse mejor, o mejor aún, le consiguió una familia, porque eso era lo que me prometió. Me prometió que me haría sentir como en casa y que estaría rodeada de amor, la escuché decírmelo mientras me explicaba lo que debía hacer.

-Yo podré brindarte el afecto que necesitas –Me dijo cuándo notó mi mirada triste.

Sin embargo estaba comenzando a creer que estaba rodeada en un lugar peor que el orfanato, me sentía peor que nunca. Por lo menos allí había niñas de mi edad con las que podía jugar y hablar, aquí la señora Doptberry no tenía amistades y sólo vivía ella conmigo, la única compañía que teníamos eran los animales. Me sentía muy sola.

A las siete de la tarde, la señora Doptberry, me he acostumbrado a llamarla así y no Clarice, me ha dicho que a ésa hora terminaría mi horario laboral fuera de la cabaña, pero debía trabajar dentro.

Me llevó a mi dormitorio para enseñármelo, era pequeño pero lindo, de hecho la cama era más cómoda que la de la mansión. Me dijo que yo debía dormirme a las nueve y despertarme a las ocho, cuando comenzaba mi trabajo afuera.

Me dijo cómo debía preparar la cena por si acaso, ya que había momentos en los cuales ella no tenía ánimos para cocinar. Cada vez que hacía algo bien, ya sea seguir sus pasos como escucharla atentamente, me pellizcaba una pompa o le daba un golpe suave, seguido de un “bien hecho”. A mí me hacía sentir feliz el hecho de que estuviera haciendo todo bien, en cambio Madame Parrosci siempre buscaba lo peor de cada labor, nunca se conformaba con nada, en eso me quedo con Doptberry.

Aquella noche, durante la cena, la señora Doptberry me pidió que me sentara en su regazo ya que quería contarme algo sobre la niña que había trabajado antes. Yo, entusiasmada, me dirigí a ella y estaba dispuesta a oírla, en cuanto me senté, la señora Doptberry, me brindó una sonrisa dulce y cautivadora mientras me acariciaba mis cabellos opacos.

-La otra niña se llamaba Aixa…, su cabello era castaño y sus manos muy suaves, cosa rara ya que nunca se bañaba y vivía con las manos en el lodo y la suciedad. Se parecía a ti…, tenía esa mirada tan… tan inocente y madura a la vez, no sé cómo describirla.

-¿Qué pasó con ella? –Le pregunto aprovechándome de su buen humor y su motivación para hablar -¿Por qué se fue?

-Me la quitaron, ella nunca quiso irse, éramos muy felices, hasta a veces quería compartir la cama conmigo para que le leyera una historia…, era muy tierna.



Domitila Tronte

Editado: 13.08.2019

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