Víctoria: Sed de venganza [libro 1]

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Capítulo V


Pasaron los minutos y las dos estaban ansiosas. Afuera estaba todo normal; los guardias estaban haciendo su rutina, como siempre, hasta que unas camionetas negras blindadas se estacionaron frente a la casa. De ellas bajaron unos hombres vestidos de la misma forma : camisa azul manga larga y pantalón negro, estos comenzaron a dispararle a los cuatro guardias que no tuvieron ventaja numérica para defenderse. Parecía una guerra.
 


Las chicas observaban todo por la ventana . Karla divisó el rostro de su padre, el cual se dirigía hacia el interior. La puerta se abrió de golpe y los hombres de Fausto Reyes inspeccionaron todo el lugar mientras Karla abrazaba a su padre.

Fausto era un hombre de 50 años de edad, apuesto, varonil, de cabello negro y ojos café oscuro. Era un hombre con mucha presencia.
 

—Patrón, encontramos el cadáver de una señora en la cocina y a este  hombre dormido—mencionó Mateo, el jefe de seguridad de Fausto, mientras inspeccionaba a Raúl quien no se dió cuenta de lo que estaba pasando por su estado.
 

Victoria quedó impactada al ver a Mateo, era un hombre de veintidós años, tez clara, ojos verdes y cabello castaño: sin duda era el hombre más guapo que ella había visto.
 

Fausto llegó a la cocina a ver con sus propios ojos a la mujer muerta. Mateo lo siguió al igual que Karla.
 

—¿Quien hizo esto? —preguntó Fausto.
 

—Fui yo quién la mató, señor —respondió  Victoria acercándose  a ellos.
 

—Papá, ella es Victoria. Sin su ayuda y sin su amistad no hubiera podido salir de este infierno—le dijo Karla a su padre.
 

Fausto le sorprendió un poco el hecho que una joven de quince años pudiera asesinar a alguien de esa manera.
 

—Siendo así, te agradezco todo lo que hiciste por mi hija —comentó Fausto.
 

—Lo hice con mucho gusto, señor. Karla es mi amiga —respondió Victoria viéndo a karla.
 

Todos guardaron silencio por un momento.
 

—¿Qué hacemos con el hombre en la sala?— preguntó Mateo de repente.
 

—Es mejor dejarlo alli padre, él merece morir por lo que nos ha hecho de otra manera — mencionó Karla con rabia—. Te lo explicaré todo cuando nos vayamos de aqui—interrumpio Karla. Fausto quedó pensativo, pero confiaba en su hija—.Papá, ¿Victoria puede vivir con nosotros? Ella no tiene a nadie —le preguntó a su padre.
 

 

Fausto accedió a la petición de Karla, segundos después  cada uno fueron saliendo de  la casa. Victoria iba detrás de ellos.
 

Llegaron al exterior de la casa, para Victoria era la primera vez después de tantos años de encierro que podía sentir el sol en su piel, podía sentir por fin el viento pasar por su rostro. Se quedó sin habla y sin movimiento, quiso llorar, pero se contuvo. No quería que alguien la viera llorar nunca más y odiaba sentirse vulnerable.
 

Karla, al ver que su amiga se habia quedado estática, fue por ella y la tomó de la mano.
 

—¿Estás bien, Victoria? —preguntó Karla preocupada.
 

—Sí, lo estoy. Sólo que... es la primera vez desde que llegué aquí, que estoy afuera —contestó Victoria reincorporándose a la realidad.
 

Karla asintió con la cabeza en señal de apoyo para su amiga. Ella solo pasó un par de meses encerrada y ya se sentía desesperada por salir de ese sitio, mientras que Victoria llevaba años en cautiverio, era de esperarse su reacción.  Karla no podia imaginar  por todo lo que tuvo que pasar su amiga todos esos años junto a esos malnacidos. Admiró la fortaleza de Victoria y su valentía al acabar con la vida de esa maldita mujer ella sola.
 

Minutos después las camionetas se pusieron en marcha con dirección a la hacienda de Fausto Reyes, localizada a veinte minutos a las fuera de la ciudad. 
 


 



Evelyn Romero

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En el texto hay: misterio, accion, venganza

Editado: 06.06.2019

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