Vida prestada

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2.- Descubriendo

M A S O N

 

Mañana por la noche es el concierto en Los Ángeles, así que hoy tengo una entrevista en el programa de “Welcome to my country”, y mañana la prueba de sonido y de vestuario, además de repasar los bailes con las bailarinas. No sé por qué cojones se empeñan en que ensaye antes de cada concierto, me sé todas las malditas coreografías de memoria.

—Mason, tenemos que irnos. —Junior coge su teléfono y me observa, esperando a que termine la partida a la Play—. Espera, quédate así —dice apuntándome con la cámara de mi móvil—, no mires.

—A ver —le pido cuando ya me ha hecho la foto—. Métele filtro y súbela. Qué guapo soy, joder.

—Venga, tío, nos están esperando.

—Pues que esperen.

Mi móvil suena entonces, así que aparto la mirada un segundo de la televisión para ver quién es.

—¿Qué coño hace llamándome esta?

—¿Quieres que conteste? —me pregunta él.

—No. Mejor siéntate y vamos a jugar otra.

—¿Qué parte de “nos están esperando” no has entendido?

Le miro con el ceño fruncido, e inmediatamente sé que no cambiará de idea al ver que su expresión no se relaja. Bufo y tiro el mando de cualquier manera, él lo recoge y yo voy a ponerme mi sudadera. Le sigo hacia la puerta de la calle y él espera a que Michel, mi guardaespaldas, salga también antes de cerrar. Me da mi gorro y guantes para las manos y se sienta en el coche, a mi lado.

Normalmente suelen llevarme en furgoneta negra y con los cristales tintados cuando acudo a eventos o cosas profesionales, siempre llevada por Jeoffrey, no confío en nadie más, pero me encanta conducir, así que a veces ignoro las caras desaprobatorias de Junior y llevo alguno de mis coches.

—¿Hasta qué hora vamos a estar? He quedado con Jim para cenar —comento arrancando el coche y avanzando por la pavimentada entrada de mi mansión en Bel Air.

—Lo sé, he visto los mensajes.

Toda la urbanización es mía, tuve que comprarla hace dos años cuando la fama traspasó los límites y los paparazzi me hicieron fotos practicando sexo con la bailarina de uno de mis videoclips. Así que ahora vivo casi alejado del mundo, únicamente con la gente del servicio, mis guardaespaldas y Junior, que tiene una casa adosada a la mía, por si le necesito a cualquier hora del día o de la noche.

—Pues eso, que como no hayan acabado a las seis, me largo.

Sin responder, teclea algo en su teléfono y yo detengo el coche unos segundos hasta que la puerta de la urbanización se abre, saludo al guardia de seguridad y acelero, incorporándome a la carretera.

—Te van a preguntar por la pelea del otro día, asegúrate de no decir nada que pueda perjudicarte.

—¿Qué quieres que diga? No voy a permitir que me dejen como el culpable, eso ya te lo digo.

—Nada, no respondas, cambia de tema. Di que has ido para hablar sobre el concierto de mañana, no sobre tu vida privada. —Asiento sin abrir la boca—. Pero sé simpático, y controla tu mecha, no salten a la mínima cosa que te digan.

—Lo intentaré.

—Emilia te está llamando otra vez —dice cogiendo mi móvil del salpicadero.

—No entiendo nada, ¿me ha mandado algún mensaje?

—No, ninguno.

 

Después del programa de televisión, y de aguantar el coñazo de Junior por no haber hecho lo que me pidió y haber entrado en el juego del presentador, me despido de él y le doy la noche libre para cenar con Jim en casa. Aunque por “libre” ya sabe que no significa marcharse muy lejos, puedo necesitarle en cualquier momento.

—¿Al final vas a venir mañana? —pregunto a mi amigo.

—Espero que me dé tiempo, la sesión termina a las siete y media.

—¿Vas a ver a Amelia? —Le tiro un beso antes de reír y él me lanza un puñado de palomitas.

—Claro, tío. Es la protagonista, tiene que estar en las fotos.

—El protagonista eres tú.

—Masculino, pero ella es la femenina.

Jim Dolinger, actor consagrado de veinticinco años. Le conozco desde hace muchísimo porque salió en una película con mi madre, pero no entablamos amistad hasta hace dos años y medio cuando me acompañó en la gira de Fox World Tour. Le habían dado el papel protagonista en una película en la que su personaje era cantante, por lo que su asistente y la productora le sugirieron acompañarme para ver de primera mano cómo funciona todo. Al tener edades similares y bastantes cosas en común, su asistente, Linda, se pudo en contacto con Junior y organizaron una comida para hablar sobre el tema. Desde entonces hemos compartido muchas cosas, tanto buenas como no tan buenas.

 

S A V A N N A H

 

Silencetown es una de las pocas comunidades Amish que se encuentra en Nuevo México, cerca de Gallup, puesto que el ochenta por ciento están en Oiho y Pensilvania. En cierto modo esto es algo bueno, ya que estamos a unas 650 millas de Los Ángeles. Teniendo en cuenta que Ophelia ha conducido más de nueve horas para venir a buscarnos, y que ya son las cuatro de la madrugada, ha decidido que lo mejor es parar a descansar. Ha querido alejarse al menos dos horas de nuestra comunidad por si nuestras familias salen a buscarnos, a pesar de que ambas les dejamos una nota escrita. Necesito alejar ese pensamiento de mi cabeza para que no me atormente la culpabilidad.



Nerea Vara

Editado: 30.11.2018

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