Vida prestada

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3.- Novedades

 

Sigo a Ophelia todo lo rápido que puedo, asustada por lo que pueda pasar si nos pillan. Chloe no para de reír de esa forma tan particular, igual de nerviosa, pero al mismo tiempo excitada. ¿Por qué hemos tenido que hacer esto? ¿Es que acaso no era suficiente con habernos escapado de la comunidad? Cuando acepté venir al concierto, lo hice con ilusión y ganas por descubrir algo nuevo, pero no me imaginaba que mis amigas fueran a decidir colarnos en la zona privada para buscar a Fox. ¡Vete tú a saber dónde estará!

—¡Venga, chicas! —exclama Lia en voz baja, agitando los brazos para que la sigamos.

—Esto es muy mala…

—¡Agáchate! —dice tirando de mi brazo.

—Esto es muy mala idea —susurro.

—Bobadas, verás cómo me lo agradeces cuando estés delante de Mason.

—Ay, Dios, sujetadme si me desmayo —ríe Chloe.

—¿Cómo crees que vamos a llegar hasta él? ¿No has visto a sus guardaespaldas? No dejan que nadie se le acerque.

—Lo intentaremos, al menos.

Voy a responder cuando de repente echa a correr, mi amiga le sigue y yo voy a imitarlas, cuando un grupo de hombres trajeados pasan por delante. Vuelvo a esconderme tras la pila de cajas y cojo entre mis manos el rosario que llevo colgado al cuello. Me hago todo lo pequeña que puedo e incluso contengo la respiración hasta que dejo de oírles, cuando sus pisadas se alejan, vuelvo a levantarme, pero mis amigas ya no están ahí.

—Lia —murmuro yendo hacia la esquina en la que las he perdido—. ¡Chloe!

Maldita sea, ¿qué voy a hacer ahora?

No puedo quedarme aquí, así que camino despacio por los pasillos desiertos, sin saber qué hacer si me encuentro a alguien.

 

M A S O N

 

Leo los últimos tweets de Emilia mientras el peluquero termina de peinarme para el concierto. Ya me han explicado la ropa que voy a llevar y cuando cambiarme, aunque no sé para qué si van a hacerlo ellas. Junior ha salido a hacer algunas de sus cosas, y yo estoy deseando que Leo termine para que me deje solo y así poder relajarme un poco. Los últimos días han sido una puta locura, hace solo un par de noches que volvimos de Phoenix, y otras dos antes de Nueva Orleans. Y así desde que comenzó la gira hace más de un mes. Y para colmo, Emilia no deja de llamarme, y no entiendo para qué. Lo nuestro acabó hace meses y la última noticia que tenía, era que se iba a casar con ese viejo verde, ¿qué mierdas quiere ahora de mí?

—¿Qué está pasando ahí fuera? —comenta Leo apagando el secador para recoger sus cosas.

Escuchamos gritos y pasos apresurados, así que bloqueo mi móvil y me lo meto en el bolsillo de los pantalones que me han puesto. Miro a mi peluquero, que se encoge de hombros y señala la puerta.

—¿Qué es este escándalo? —pregunto abriéndola y asomándome.

Michel y K-Box tienen sujeta a una chica, cada uno por un brazo. Dada la vuelta y llorando mientras pide que le suelten.

—¡Eh! —grito cuando no me responden—. ¿Qué pasa?

Se giran para mirarme, a la vez que la giran a ella. Cuando me ve, su boca se abre y deja de gimotear, supongo que es una fan que ha intentado colarse, pero me sorprende al ver que no dice nada y que no llora más al verme. Es lo que suele pasar.

—Disculpa, Mason, no sé cómo ha llegado hasta aquí.

—Por favor, tan solo quiero encontrar a mis amigas e irme a mi casa. Yo no-no debería estar aquí —murmura para sí misma antes de romper a llorar de nuevo.

—Mason, viene tu madre —dice Junior aproximándose con rapidez por el lado opuesto del pasillo—. ¿Quién en esta? Da igual, que no la vea, que no la vea. —Tira del brazo de la chica y la mete en mi camerino, cerrando justo cuando Olivia aparece sobre sus descomunales tacones.

—Nene, ¿cómo vas? —pregunta revolviendo un poco mi pelo— Estás espléndido. —Me guiña un ojo y se acerca para darme un beso en la mejilla.

—Gracias, mamá. ¿Te quedas?

—No puedo, tengo una cita con la decoradora del yate. Solo he venido a desearte suerte.

—Gracias, aunque ya sabes que no la necesito. —Ambos sonreímos y se marcha sin decir adiós a Junior, el cual lleva años loco por ella, a pesar de sacarle nueve.

—Déjame un rato, ¿de acuerdo? Necesito unos minutos —pido a mi asistente.

—Bien, te avisaré cuando queden cinco minutos —dice antes de responder a su teléfono. Mi madre le pone tan nervioso que ni tan siquiera se acuerda de la chica.

—¿Qué hacemos con ella? —me pregunta Michel señalando a la puerta con la cabeza.

—Tranquilo, yo me encargo.

Abro la puerta y me detengo cuando ella se sobresalta al verme. Sigue llorando, pero no parece que sea de emoción, hay algo extraño en ella.

—¿Estás bien? ¿Cómo te llamas? —pregunto cerrando la puerta tras de mí.

—Sa-Savannah Dixon. Di-discúlpame, no tendría que estar aquí, si pudieras indicarme el camino hacia la salida —habla con nerviosismo—. Ne-necesito un taxi para ir a esta dirección. —Me muestra la palma de su mano mientras se seca las lágrimas de los ojos con la otra.



Nerea Vara

Editado: 30.11.2018

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