Vida prestada

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5.- Mentiras

S A V A N N A H

 

Miro a Mason mientras él saca su móvil del bolsillo, el cual ya ha sonado dos veces. Toca la pantalla y vuelve a guardarlo.

—¿Y si les ha pasado algo? —Comienzo a inquietarme por no saber dónde pueden estar Chloe y Ophelia—. Pensé que ya habrían vuelto a casa.

—No te preocupes —dice acercándose—. Seguro que estarán a punto de llegar, se forman unas colas enormes a la salida de los conciertos. Además, igual se han quedado por allí para buscarte.

—Madre mía, tienen que estar preocupadísimas. —Agito las manos con nerviosismo y me muerdo el labio para no empezar a llorar de nuevo.

—Joder —maldice cuando vuelve a sonar su teléfono.

—Es Junior, ¿verdad?

—Sí, está histérico.

—Debes irte, Mason. Tienes que ir a la fiesta esa y ocuparte de tus cosas, bastante te he molestado ya —digo avergonzada.

—No voy a dejarte aquí sola sin poder entrar en casa. Va a empezar a llover y no sabemos cuándo volverán tus amigas. Por cierto, ¿por qué no tienes móvil?

—Yo… Me lo he olvidado en casa. —Asiente y bufa antes de tocar algo en el suyo para que deje de sonar.

—Venga, vete ya. Muchas gracias por traerme hasta aquí.

Vuelve a negarse y me dice que prefiere estar aquí conmigo, antes que en una fiesta igualita a todas las demás, en la que tendrá que cantar y hacer todo lo que Junior le pida. Me explica que muchas veces rompe las normas porque la situación le supera, que se siente observado las veinticuatro horas del día y hay ocasiones en las que necesita un respiro.

—Ven conmigo. —Se apoya en el coche y me dedica una encantadora sonrisa, la cual provoca cosas en mí que el Ordnung jamás aprobaría.

—¿A la fiesta? —Asiente—. Me has disfrazado para salir del concierto y que no me vieran, y ahora me pides que vaya contigo a una fiesta en la que estaremos juntos todo el tiempo.

—Sí. Me da igual que nos vean, Savannah. Si te he puesto mi ropa ha sido por ti, para que no se te eche encima toda la prensa rosa. Te aseguro que a mí me es indiferente, cada día me sacan con una chica diferente. —Asiento no muy convencida de cómo tomarme lo que acaba de decir, y él parece notarlo—. A lo que me refiero es que da lo mismo si es cierto o no que estoy con una chica, ellos se inventan las cosas y difunden rumores de la nada. Es mi día a día y estoy acostumbrado.

—Entiendo. Yo no… Lo cierto es que ni tan siquiera debería estar aquí. —Suspiro y meto las manos en la sudadera que todavía llevo puesta.

Nunca había vestido algo semejante, pero me gusta. Es calentita y huele muy bien. Huele a Mason Fox. Cielos, Chloe nunca me perdonará que yo esté viviendo esto con el chico de sus sueños.

—¡Ahí está!

Los dos giramos la cabeza cuando una furgoneta se detiene en la entrada de la calle y varios fotógrafos y gente con cámaras enormes salen de ella.

—Me cago en la puta. Sube al coche, vamos. —Obedezco por inercia, sin saber qué hacer si no.

Mason pone el coche en marcha y avanza por la avenida a una velocidad que seguramente no está permitida.

—Ponte el cinturón, voy a intentar perderles.

 

M A S O N

 

Doblo la calle y tuerzo para meterme en Hollywood Boulevard y distraerles entre los coches. Savannah va agarrada al asiento y con los ojos cerrados, así que disminuyo la velocidad y pienso en otra cosa, puesto que los paparazzi siguen justo detrás de mí.

—Oye —digo poniendo una mano en su rodilla—, abre los ojos. No voy a correr más, tranquila.

Mira mi mano y parece que no se siente muy a gusto, por lo que la quito y vuelvo a fijar la vista en la carretera.

—¿Estás bien? Me tienes muy inquieto, Savannah. No acabo de entender lo que te pasa, no-no… Dime algo.

—Estoy bien. —Deja escapar una bocanada de aire y gira el rostro para mirarme.

El móvil vuelve a sonar por decimoquinta vez en menos de veinte minutos, por lo que le doy al manos libres y me preparo para el sermón de mi asistente. Pero no es él.

—Junior, no te infartes, estoy de camino —me adelanto.

—Nene, soy mamá. ¿Dónde estás?

—Mamá… Eh, sí, estoy de camino. ¿Por qué?

—He terminado antes de lo esperado con la decoradora, así que me he pasado por la fiesta para verte cantar, pero me han dicho que no habías aparecido por allí.

Savannah me mira aterrorizada, y yo me llevo un dedo a los labios para indicarle que no hable.

—De acuerdo, llegaré en unos minutos. Hasta ahora.

—Venga, no tardes, está todo el mundo esperando por ti. Ten paciencia en la entrada, al parecer han venido todos los paparazzi de la ciudad —añade antes de colgar.

La morena no dice palabra, pero por su mirada puedo ver que no sabe ni dónde meterse ahora mismo, algo, por otro lado, muy extraño. Una vez más, me desconcierta. Veamos, si hiciera una encuesta por Twitter en la que la pregunta fuera:



Nerea Vara

Editado: 30.11.2018

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