Vigilia: Celestia.

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 Capítulo 3. Agnes.

«Muchos eran los ángeles apenados y no pocos los ángeles opositores. El Concilio no llegó a un acuerdo y este terminó en guerra. Guerra que no se inició, ya que el Creador en persona la detuvo. Sin deseo de dolo, desterró a Infernia a los opositores, deseoso de que el tiempo los consumiese y hallasen su tiempo para la reflexión.»  Extracto de Los pergaminos del Saber.

«Tres son los planos de existencia. Celestia, Infernia y Terra. Dos son los superiores y uno , Infernia, el inferior, siendo este último el más próximo a Terra.» Extracto del Códice: La Creación.

«Celestia fue creado para albergar a los Ángeles primogénitos. Tras el destierro, se crearon Infernia y Terra. Infernia para reciclar y Terra para recargar.»  Extracto del Códice: La Creación. 

«Que sueño... que pocas ganas de ir a clase. Al menos hoy tenemos prácticas, me libraré de ver a David...»

Se levantó perezosamente de la cama. Fue directa al armario, lo abrió y se quedó mirando al infinito, adormilada, indecisa. Se acercó a la ventana, levantó la persiana y poco a poco sus ojos se fueron acostumbrándose a la luz del día.

Cogió una camiseta marrón, un pantalón vaquero oscuro ceñido y una sudadera amarillo mostaza del armario. 

«Hoy me pongo los calcetines de colorines» pensó Agnes mientras cogía las Converse Amarillas de caña alta.

Tras vestirse, pasó por el cuarto de baño. Se hacía la trenza, mientras su hermanastra Lorena,  daba tumbos de aquí para allá, con descontrol y prisa.

Ya en la cocina, se preparó un tazón de leche con cereales que apenas tocó, manteniendo la mirada hacia el infinito.

Con apatía, preparó su mochila amarilla, y con dedicación y mimo se aseguró que las pegatinas de su carpeta ,del mismo color que la mochila, no tuvieran ningún borde despegado.

«Las próximas van a ser con relieve» pensó mientras terminaba de repasar las pegatinas.

Salió de casa despidiéndose de Lorena, con un débil “Hasta ahora”.

—¡Agnes, espera! —gritó Lorena —Te acompaño, que quiero pasarme por reprografía. Cómo no vaya a primera hora luego me será imposible.

Llevaban un rato caminando. Lorena iba pendiente de su móvil, creando un silencio entre ambas, que facilitó que Agnes, como era habitual, navegase por sus pensamientos, aburrida, cansada y con sueño. No dormía bien, llevaba dos años que no había forma.

No dormía bien desde el año en el que llegó a Valencia para cursar su grado de psicología. Fue pisar la ciudad y las pesadillas recurrentes la atormentaban.

Meses atrás decidió ir al psicólogo. Fue buscando una solución pero ningún miembro del equipo y ningún profesor de su grado, encontraban explicación alguna. Dejó de luchar en cuanto la comenzaron a cuestionar. Nadie creía que tuviese el mismo sueño de forma recurrente, noche tras noche, por casi dos años… en cierta forma era comprensible.

—De repente todo brilla. Estoy lejos, y de repente empiezo a caer… más y más rápido hasta que golpeo el suelo. Pero no estoy muerta, estoy dormida. Entonces veo una luz brillante a lo lejos. Va de un sitio para otro, hasta que de repente, desaparece. A partir de aquí las imágenes cambian según la noche, pero el inicio es siempre es el mismo. —explicaba con voz calmada Agnes al psicólogo.

—Suelo estar rodeada de muchas personas, encadenada, y recibiendo múltiples torturas. Ellos ríen, y yo tengo una fuerte sensación de pérdida. Grito y lloro... al final llega la oscuridad y me despierto. Son sueños sin sonido, en blanco y negro y con imágenes bastante desagradables que se repiten de forma aleatoria. —haciendo una pausa para evitar las lágrimas Agnes prosiguió— Suelo despertarme llorando y angustiada, pero eso no es lo malo, lo malo es que noto que falta algo en mí, noto que estoy rota, incompleta, siento que con cada sueño pierdo partes de mi.

Ya hacía un mes que había dejado de ir al psicólogo. Aún así las noches eran tan duras que tenía miedo de dormir.

De repente la sobresaltó Lorena, cogiéndola del brazo bruscamente y a punto de tirarle la carpeta.

—¡Tierra llamando a hermanita! —Dijo Lorena con mucha energía y riéndose.

—¿Cómo haces para levantarte con tanta energía? ¡Qué envidia me da que puedas dormir! —replicó Agnes un tanto huraña.

—Lo siento, ojalá pudiera ayudarte —dijo Lorena mientras acariciaba cariñosamente el brazo de su hermanastra.

Agnes se percató al llegar al semáforo de que no se había dado cuenta del trayecto, miró al frente y luego sonrió con complicidad a Lorena. Cruzaron y Agnes se esforzó en no volver a caer presa de sus pensamientos y así poder disfrutar de la compañía de Lorena.

Al poco de cruzar, un golpe fuerte las sobresaltó. Parecía que una bicicleta había atropellado a un peatón cerca del cruce.



Lithany

Editado: 22.10.2019

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