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capitulo 2

La rustica mesa tenía un mantel de cuadros verdes, tres sillas y un jarrón decorativo con margaritas. Helena se sentó en su puesto predilecto, su madre se acomodó frente a ella y dieron las gracias por los alimentos. En la mesa había un tazón grande, que contenía manzanas, peras, naranjas, bananos y las más grandes y maduras fresas de todo el mundo. Helena se inclinó y tomo un puñado de fresas antes que cualquier cosa.

—Cuidado niña, te vas a atragantar si te las comes todas a la vez— La reprendió Denise—la verdad me parece increíble que puedas meterte en la boca más de una.

—No me voy a atragantar—dijo Helena con la boca llena-sabes que siempre quiero más.

—No hables con la boca llena, cuantas veces te lo he dicho.

A la gente normalmente le disgustaba algún gesto o sonido, y para la madre de Helena ese disgusto era que comieran con la boca abierta, no lo soportaba, menos cuando su pequeña hija lo hacía.

—Perdón—dijo Helena recordando cuanto le disgustaba eso a su madre —es que... tengo hambre

—Está bien, solo no lo vuelvas a hacer.

Helena siguió mirando los manjares que había en la mesa, junto a la fruta se encontraba una jarra llena con jugo de arándanos, Helena la cerco, se sirvió un vaso y tomo un gran sorbo, más allá de la jarra de jugo vio lo que había estado buscando, lo que llamo su atención cuando su madre solo lo nombro para levantarla de le cama. En un plato de color blanco, se encontraban los soñados y sabrosos emparedados, de crema de maní y mermelada de fresa casera, esparcidos sobre el pan tostado integral que compraban en el supermercado.

—¿Podrías pasarme uno? —dijo Helena con ojos soñadores a su madre-no los alcanzo.

—Seguro, te daré el más grande.

Denise tomo dos emparedados, puso uno en su plato y otro en el de su hija. Por su parte la pequeña devoro rápidamente el suyo, lamiendo las migajas tanto que el plato parecía estar limpio. En cuanto termino Helena llevo su plato al fregadero y lo lavo, luego se dirigió a la sala y tomo su mochila para ir a la escuela. La niña corrió de nuevo a la cocina y apuro a su madre, recordándole que el trayecto desde la casa en medio del bosque hasta la escuela tomaba quince minutos caminando rápido.

—¿Te emociona volver a la escuela? — indago Denise ante los apuros de su hija— nunca antes te había visto tan emocionada, ni siquiera cuando fueron de excursión a las colinas rocosas.

—Bueno, es que nunca antes habíamos tenido la oportunidad de presentar un proyecto en la feria de ciencias.

Denise le dedico una sonrisa a su hija mientras salían de la casa rápidamente, pero en cuanto se encaminaron por la senda, dejo divagar sus pensamientos, le preocupaba su hija, a veces se comportaba de forma extraña. La mayoría de los niños les gustaba salir a jugar o montar en bicicleta y compartir con sus amigos, pero Helena prefería quedarse en casa a leer libros, sobre todo de fantasía, no la estaba juzgando, tampoco era como si no tuviera amigos, es más, cuando iban al pueblo, Denise no podía distraerse ni dos segundos porque su hija ya estaba jugando con algún niño, pero ahí empezaba el problema, Helena tenía una imaginación muy activa, inventaba toda clase de juegos fantásticos con princesas, castillos y seres mágicos, o hablaba de futuros insospechados con máquinas extrañas y realidades impactantes. Estaba consciente de que había que dejar soñar a los niños, pero su hija pasaba los limites. A simple vista no había nada raro en ella, pero con solo escucharla hablar sobre sus libros de una manera tan "real" era inquietante. La feria de ciencias, por ejemplo, era un evento para los estudiantes de secundaria, pero ese año habían dejado que la primaria participara para que se familiarizaran con lo que tendrían que hacer en el futuro. Todos los niños se habían quejado al unísono por tener que hacer tarea extra, pero su linda y dulce pequeña había saltado y aplaudido la noticia.

—-Mama... — la voz de la chiquilla la saco de sus reflexiones— ya llegamos.

—Oh, el camino fue rápido— se agacho para quedar a la altura de la niña y así poder darle su habitual abrazo de despedida—Te quiero.

—Y yo a ti.

la niña intento retirarse, pero su madre la retuvo en un protector abrazo de osa perezosa para darle besos y mimos cariñosos. Helena terca ante el contacto se zafo del agarre y salió corriendo. Lo último que vio Denise de Helena fue el brillo de su ondeante cabellera antes de desaparecer por las puertas de la primaria.

 



Ingrid P.J

Editado: 19.06.2019

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