Violencia

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RICARDO

Es un día soleado, la carretera se encuentra despejada, hace un calor intenso y a lo lejos se puede ver el espejismo de la carretera evaporándose; Ricardo lo ve, pero él disfruta del aire acondicionado de su pequeño pero recién estrenado Jetta Volkswagen. “Highway to hell” suena todo volumen en el estéreo y hace vibrar las bocinas de ambas puertas del carro.

-No stop signs, speed limit- Ricardo canta con un fluido inglés  -Nobody's gonna slow me down- agita su cabeza divertido -Like a wheel, gonna spin it- ¿Y cómo no estarlo? -Nobody's gonna mess me around- Ese Jetta es su primer coche -Hey Satan, paid my dues- y lo ha comprado a sus escasos veintiocho años -Playing in a rocking band- tiene un buen trabajo -Hey mama, look at me- y su hija está por nacer -I'm on my way to the promised land, whoo!- y el dinero para el parto ya está a salvo y depositado en la cuenta del hospital.

Una llamada entra al teléfono y como el celular ya está sincronizado al vehículo interrumpe la canción, Ricardo presiona un botón y toma la llamada.

-¿Ricardo?- es su esposa.

-¡Hola mi amor!- grita Ricardo emocionado –¡Ya lo tengo!-

La esposa de Ricardo ríe -¿En verdad? Que bueno mi amor, te lo mereces, aunque ir hasta allá solo porque acá no lo tenían de ese color-

-Soy un desesperado, ya sé- interrumpe a su esposa.

-Bueno, por favor no manejes muy rápido de vuelta a casa-  Ricardo ve el velocímetro marcando los 160 kilómetros por hora –Tu reina y tu princesa te esperan- Ricardo saca el pie del acelerador y se siente avergonzado por lo infantil que estaba siendo.

-Claro que no amor, iré al límite, lo prometo- el velocímetro baja hasta 90 kilómetros por hora.

-No importa que tardes…-

-Importa que llegue- Ricardo completa la frase que inicio su esposa.

-Así es- le responde su esposa con ternura.

-Te amo ¿Sabes?- le pregunta Ricardo.

-Claro que sí y yo te amo a ti- le responde su esposa.

Ricardo cuelga con un botón, AC/DC vuelve a escucharse en el estéreo pero el antojo por el Rock había pasado, saca  su celular y abre su aplicación de Spotify, desvía un poco la vista del camino y con una mano comienza a escribir “Alejandro” después arque las cejas y mira de reojo el camino, borra el nombre y comienza a escribir “José José”. Aparece un anuncio para contratar Spotify Premium. Ricardo vuelve a arquear las cejas y mirar de reojo la carretera.

-Excelente- exclama Ricardo al encontrar la canción “40 y 20”, la cual le recuerda cuando conoció a su esposa Sara, se la dedicó en su tercera cita porque Sara es 9 meses mayor que él y siempre bromean sobre lo mayor que es. “Mi viejita hermosa” le dice de cariño cada cumpleaños que han pasado juntos desde los 22 años.

Al presionar el botón para reproducir deja el celular en el asiento del copiloto, pero inicia una publicidad de la aplicación. –Puta madre – maldice Ricardo mientras lamenta no haber pagado esos 49 pesos. El comercial sobre el próximo concierto de una banda desconocida para Ricardo termina, dura poco sin embargo siempre ha sido una persona desesperada y siente el comercial eterno.

La canción “José José” comienza a tocar en el estéreo.

-“Mentiras son todas mentiras
Cosas que dice la gente
Decir que este amor es prohibido
Que tengo cuarenta y tu veinte”-
El cantante alguna vez apodado el “príncipe de la canción interpreta con su melodiosa voz uno de sus clásico-

-“Que yo soy otoño en tu vida
Y tu eres dulce primavera
No saben que guardo un verano
Que cuando te miro te quema”-
Ricardo sonríe y recuerda esa mesa en la cafetería donde vendían el café de hoya a 15 pesos y era el único lugar donde podía invitar a Sara.

-“Cuarenta y veinte
Cuarenta y veinte
Es el amor lo que importa y no
Lo que diga la gente”-
Café y charlas, era lo único que necesitaban para ser felices.

Unas luces de policía iluminan el espejo retrovisor, las sirenas suenan, Ricardo mira su espejo con detenimiento. “¿Y ahora qué?” piensa.

Ricardo abre su guantera, una cajetilla de cigarros nueva guardada se ve, Ricardo maniobra y saca un papel, lo ve y es el permiso que le dieron en la agencia.

La patrulla toca el claxon para que el Jetta se orille.

-Ya voy- dice Ricardo para sí.

El Jetta reduce su velocidad, Ricardo prende las intermitentes, las luces comienzan a parpadear y el carro se detiene por completo.



Karlman Arroba

Editado: 27.12.2018

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