Viperian

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1. Sangre

Cuando me despierto, lo primero que siento es el intenso dolor que recorre todo mi cuerpo; especialmente por mi brazo izquierdo. Intento mover los dedos de este brazo, para así descartar una posible fractura, y me tranquiliza notar que aun soy capaz de hacerlo. Posteriormente empiezo a sentir la humedad que reina en este lugar, y la capa de polvo y demás porquería que se encuentra debajo de mí.

Estoy tumbado en el suelo, donde me tomo un momento para evaluar los daños de mis muñecas, y después intento sentarme. Sin embargo, como estoy demasiado aturdido, lo único que logro es regresar al suelo con más fuerza; haciendo que las diminutas partículas de polvo se me impregnen en la espalda, provocándome un picor realmente insoportable.

No entiendo porque no tengo puesta mi camisa y ni falta hace que me preocupe por ello ahora. Pues, dedicando una simple mirada a mi alrededor, me percato de la ausencia de Renet y comienzo a asustarme.

Con ello, desde mi interior emergen las fuerzas que necesito y consigo ponerme en pie. Al principio me mareo un poco y me tambaleo, pero luego consigo estabilizarme y comienzo a buscar a Renet por toda la habitación con la mirada.

La tenue luz de unas linternas, que se encuentran encima de un escritorio algo gastado, es lo que me ayuda a orientarme por lo que parece ser un estudio de similar deterioro. Y por las que puedo guiarme y caminar lentamente hacia la puerta.

Una vez en el pasillo, el cual está completamente a oscuras, empiezo a llamarlo mientras camino en dirección hacia la única luz que se ve al final de este, y desde donde proviene un olor particularmente desagradable.

—¿Ren? —lo llamo una vez más, justo antes de doblar la esquina

—Aquí estoy, Derek —me responde Renet en voz alta.

Atraído por su voz, termino por doblar la esquina que me falta, y por fin puedo verlo; puedo verlo parado sobre un gran charco de sangre espesa.

Esta ya es una escena verdaderamente horrible para mí, pero aún hay más:

Rodeándolo, se encuentran los cadáveres de cinco personas, todas estas con enormes cortes en diferentes partes del cuerpo; algunos se encuentran con las vísceras de fuera también, que es de donde proviene el peculiar olor.

No obstante, lo peor de todo, es que Renet todavía tiene en su mano el arma que ha causado esas muertes.

—No fue un trabajo limpio, ¿verdad? —me pregunta, con el asomo de una sonrisa sombría en su rostro.

—Creo que esta vez te excediste un poco —le respondo en tono neutral.

—Sí, eso parece —me dice, empezando a abandonar aquella sonrisa, para después mirar con lastima a sus víctimas.

—Ren, mírame —le pido, y él lo hace al instante—. No sé si se lo merecían, pero hiciste lo correcto —le suelto.

Y eso es un grave error.

—¡Matar personas no es lo correcto, Derek! —exclama él, empezando a enojarse.

—Por supuesto que no lo es —coincido calmadamente—. Sólo digo que ellos nos habrían matado de no ser por ti.

—Y gracias a eso no debe haber ningún tipo de repercusión moral, ¿no? —inquiere verdaderamente enojado.

—Lamentablemente no —le respondo enseguida.

Ante eso último, Renet ya no agrega nada más y simplemente se limita a lanzar el cuchillo de su mano al charco de sangre. Luego camina hacia mí, se detiene a unos pasos y nos miramos por un momento, antes de dejarnos llevar por el impulso, y el deseo, de abrazarnos, besarnos y sentirnos uno; como siempre lo ha sido.

Nos transportamos a ese espacio donde sólo existimos nosotros dos y nos quedamos ahí durante mucho tiempo; tanto que dar una cifra exacta es algo que se escapa de mis posibilidades por el momento. Y sólo nos detenemos hasta que, con mi mano, lo toco en una parte de su espalda que lo hace quejarse y apartarse de mí.

—No es nada —intenta explicarse al instante, apartándome la mirada, y con una mueca de dolor en el rostro.

Hago caso omiso de lo que dice y lo jalo con urgencia de vuelta hacia mí.

Rápidamente le doy a vuelta, le quito la camisa y dejo al descubierto algo que me hace olvidar mi propio dolor: una herida larga, aunque no bastante profunda, en la parte media de su espalda; herida de la que ya no emana sangre, debido a que la camisa la ha absorbido, y que ahora simplemente luce enrojecida e hinchada.

No comento nada al verla. En cambio, empiezo a rasgar su camisa por las partes que no han quedado empapadas de sangre. Con las tiras que saque, hare una especie de vendas que ayuden a que no le se infecte a herida hasta que pueda llevarlo a un hospital.

—Vamos —le digo con voz potente, tomándolo de la mano y llevándolo a la habitación que he dejado hace poco.

Allí, Renet se sienta en el suelo, dejando escapar un bufido de dolor que parece haber aguantado desde hace rato y se me que queda viendo expectante mientras yo continúo arrancando más tiras de su camisa.

—¿Con que fue? —le pregunto sin mirarlo, ocupado en mi labor.

—Con un cuchillo de doble navaja —me responde sin demora—. Una de más y habría sido un pequeño tridente, o un tenedor gigante —añade, riéndose de lo que dice.

—Yo no le veo lo divertido, Renet —siseo, arrancando la última tira con más brusquedad.



Yerz Syeth

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En el texto hay: gay, futuro postapocaltpico, ciencia ficcion

Editado: 17.02.2018

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