Visiones: El medallón sagrado

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Perdón

Allen se sentía como si fuera otra persona, como si su vida hubiese sido una mentira. Ya sabía su verdad y de boca de alguien que él no esperaba. Cruzaba la oscuridad pensando en aquella carta y deseaba que todo lo que vivía fuese una broma de Kenny o de su padre, pero, con todo lo que vio y sintió lo que estaba viviendo estaba muy lejos de ser una broma de mal gusto. A su mente aterrizaban los recuerdos de niño y su padre. Los sentía tan claros.

Recordaba como su padre lo mantenía lejos de sus reuniones con personas extrañas, caras sin emoción, sin sentimiento. Todo comenzó a tener sentido, eran personas de su religión, la religión de Hynan. En todo el viaje a ese extraño pasillo nunca pudo ver el símbolo de Hynan, al parecer no tenía ninguno, por otro lado, el de Dilend lo conocía perfectamente; el ojo rojo atravesado por tres flechas que apuntaban al cielo. ¿Qué significaban? Aun no lo sabía y no quería averiguarlo; lo único que quería era conocer la opinión de su padre, quería explicaciones. En cuanto a "Kino" o Clark Remson o "el hombre de la coleta", anhelaba averiguar el motivo más allá de lo que Jay le dijera antes: lealtad a Dilend.

Su nuevo destino estaba justo a sus ojos. Un pasillo más lo aguardaba, sus paredes eran blancas y estaba escrito "perdonar" por todos lados. Observó el fondo, pudo ver que había una entrada más a la derecha por la luz roja que salía del lugar. Su brazo derecho aún no se movía como él quisiera, no obstante, se curaba muy rápido. Con su mano izquierda revisó sus bolsillos para saber si llevaba todo lo que ese pasillo le había obsequiado: las tres cartas, que no sabía su función; el medallón, lo que lo llevó a ese lugar; y el arma, que tampoco conocía su función; así como los pequeños documentos que no tenían importancia.

Dobló a la derecha para encontrarse con una habitación totalmente roja. Al fondo, justo en frente de Allen yacían amarrados a la pared, con sus bocas tapadas, Roman Kennington y Clark Remson uno al lado del otro. Más arriba en un tono rojo más oscuro la tenebrosa pregunta: "¿A QUIEN ASESINARÁS?"

Allen sacó su arma y la miró detenidamente, por un momento le encontraba sentido. Tal vez era el momento de utilizarla.

—Dos balas... ¿Este es el momento de usarla? —dijo en voz alta. Clark no hizo ningún gesto, pero Roman abría los ojos como platos y negaba con la cabeza— ¿o es contra Jay y el torturador?

El joven Kennington nunca había sostenido un arma en su vida y menos con su mano débil. El suicidio le pareció hermoso, para suicidarse solo tenía que jalar el gatillo, no necesitaría mucho entrenamiento para lograr algo tan fácil. Sentía el frío del acero en la sien izquierda, respiro hondo, le dedicó una mirada a los dos hombres y dijo: "están perdonados" lo último que escuchó fue la explosión del arma y su cuerpo se desplomó...

...Allen sacudió su cabeza no podía imaginar semejante cosa, sabía que la maldad quería que terminara así, sin embargo, él no lo iba a permitir tenía que destruir a Dilend.

Ansiaba saber la verdad así que les destapó sus bocas para escuchar lo que tenían a decir.

—Allen, yo no quería que tu pasado llegara de nuevo a ti —pronunció Roman apenas tuvo su boca libre—. Hice lo posible para lograrlo por mismo, oré mucho a Hynan para que me diera el privilegio pero no fue posible...

—Solo tenías que prepararme para esto no negarlo.

—Lo sé... pero como dije antes no quería que vivieras esto...estúpidamente creí que todo había sido destruido y que tendrías una vida tranquila.

— ¿Qué haces aquí, entonces? —preguntó Allen.

—Para mí los Dilend habían muerto, ya no volvería a saber de ellos jamás en mi vida pero me equivoque... cuando supe que habitaban este lugar quise detenerlos pero solo un Miller podía... y... ese eres tú.

Allen tragó grueso.

—Hijo... tú eres el único que puede detener el regreso de Dilend... perdóname por no haberlo dicho antes.

El chico no respondió y en vez de eso volteo sus ojos a Clark, que miraba hacia el techo rojo.

— ¿Y tú? —bajó la cabeza cuando escuchó.

—Pedí a Hynan una señal, le pregunté si debía hacerlo...—su voz era débil y miraba al vacío—. La respuesta fue negativa. Yo no quería dejar a mi abuelo sin vengar así que decidí hacerlo sabiendo que iba en contra de la respuesta. Me uní y luego de una ardua búsqueda di con Jay Jacobs. Luego del día de la matanza me enteré que había sido Jay pero ya era tarde...lo que hice con tu familia fue egoísta porque quise devolver a mi abuelo y asesiné mucha gente... creo que esa es mi paga por desobedecer...también... tuve una hija—en este momento su mirada se entristeció—. Pero su madre se la llevó y no la conocí nunca... Hynan me castigó. Por eso te ayudé.



AnSteven

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En el texto hay: pasado, visiones, pueblo

Editado: 30.10.2018

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