Vive Carter

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Capítulo I: Ruleta rusa.

Capítulo I: Ruleta rusa.

Carter

La primera vez que hice una estupidez por impulso e instinto, fue a los trece años, al robarle un beso a la niña más bonita de mi salón, frente a todos mis compañeros de clase y profesor. El castigo que obtuve fue una semana de expulsión por comportamiento indebido y una tremenda cachetada por parte de Amanda.

Recuerdo perfectamente cómo mi corazón había latido con ferocidad ante la adrenalina del acto y cómo al tocar sus labios se había detenido un segundo para volver a latir con desenfreno y entusiasmo, el sudor en las palmas de mis manos y yo tratando de limpiarlo en mi pantalón, mi boca reseca y áspera al tragar, el sudor brillando al bajar por mi frente, y me encantaba como mis piernas temblaban a cada paso que me acercaba.

Habían tantas cosas que había sentido en tan corto tiempo.

Ahí me di cuenta cuánto me gustaba la adrenalina que recorría por mi cuerpo, la gran emoción que salía por cada poro de mi cuerpo, la ruleta rusa de los nervios aumentando y disminuyendo. Y al legar la valentía sentirme lo suficientemente fuerte y capaz de realizar mi gran hazaña.

Esa fue mi razón por la que entré al taller de teatro, al equipo de fútbol y tiempo después al taller de canto y baile. Son muchas las razones por las que debo agradecer a Amanda y la más importante hasta ahora de mi vida es La Lista.

Pero ahí no empezó todo.

Y al estar de pie y a punto de cometer otra estupidez en mi vida, lo vuelvo a recordar.

Y todo vuelve a comenzar, como si hubiera sido la primera vez, el nerviosismo creciente, el sudor propagandose, el latido herratico del bombardeo de mi corazón; de nuevo, al tocar el timbre.

-R. R, besos.

 



Carol R. Rivera

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En el texto hay: viajes, deseos, amor

Editado: 09.01.2019

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