Viviendo Con El Enemigo

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CAPITULO XXXIX

Estoy caminado de vuelta a casa. Luego de su repentina confesión, solo quise salir corriendo como alma que lleva el diablo, no podía soportar estar ahí un segundo más, el ambiente era incómodo. Definitivamente mi mundo está hecho un caos, ¿desde cuándo yo le gusto a Michael? Eso sin duda es algo que me niego a aceptar. Sin duda él estaba loco, pero más loco era que hora no tenía a nadie con quien hablar.

Quiero acudir a Teresa, pero odio tener que arruinar su felicidad con mi desdicha, y, sobre todo, conociéndola, sé que ella se va a poner peor de lo que yo me encuentro en este momento. Sé que ella se va a culpar por todo esto. Primero, va a llorar, y luego, va a volver a llorar con más culpa por creer en Mark, quien nos engañó a todos.

Se me escapa un suspiro. Está claro que él no puede quererme. Somos enemigos naturales, está en nosotros odiarnos, después de todo lo hemos hecho por doce años.

He llegado a casa, las luces están encendidas, por lo que indica que mamá y Robert están en casa. Saco mis llaves que están en el bolsillo trasero de mis jeans y la deslizo en la cerradura. La puerta se abre sin problemas y veo como mamá y Robert están tan absortos teniendo una charla entre ellos.

Miro a mamá, quien me da una sonrisa que parece más bien una mueca. Frunzo el ceño. A decir verdad, siento que algo no va bien, la casa está muy silenciosa. Instintivamente miro en dirección a las escaleras, esperando a que de ahí baje Mark.

—El no va a venir—dice mamá, como si supiera que estoy pensando en él.

— ¿He? —pregunto media aturdida, pero mamá niega con la cabeza. —Te digo que Mark ya no vendrá—dice de nuevo.

De alguna forma no estoy leyendo el contexto, ni siquiera sé porque ella me dice que Mark no vendrá. Yo sé que todo esto está muy feo, pero Mark es parte de la familia, estoy segura de que no se va a quedar encerrado en su habitación de por vida. Algún día él tiene que volver a hablarnos.

—No entiendo a lo que te refieres—digo aun en negación.

Mamá mira a Robert y este le da un asentimiento de cabeza. Definitivamente ellos saben algo que yo no. —No creímos que fuera necesario contarte esto, pero de cualquier forma te vas a enterar. —Esto me da un mal presentimiento. —Me estas asustando—le digo a mamá. Ella respira profundamente y suelta el aire de una forma dramática.

—Mark ya no es parte de esta casa—dice ella—, él se fue a vivir de forma definitiva con su madre. Dejo la casa anoche. Y entonces me llegan las palabras de Michael como confirmación de lo que mamá esta diciendo.

Me quedo muda y tiesa ante la noticia. —Debe ser una broma—digo sin poder creerlo. —Él no puede ir a vivir con su madre, ella…— dejo la frase a medio terminar al darme cuenta de cómo mamá me mira.

—hicimos esto por tu bien—me dice mamá, pero yo niego con la cabeza. —Yo no te pedí que hicieras nada, se supone que somos una familia, y como estúpida creí que solucionaríamos esto. No digo que mi corazón va a sanar de un día para otro, pero no pensé que ustedes fueran a correr a Mark así, como si no fuera tu hijo—digo mirando a Robert—, además esto es un asunto entre Mark y yo. No somos niños, y créanme, puedo vivir con esto de tener que verlo. No necesito que ustedes—hago comillas con mis dedos—, me protejan.

Mamá se levanta del sofá y se acerca a mí. —No quiero hablar de esto ahora—digo, y ella se detiene. —Necesito estar sola, y sin esperar respuesta subo las escaleras.

Al llegar a mi habitación me dejo caer en la cama. Esto es una completa porquería, no es necesario mandar a Mark con su madre, no después de que ella no quiso saber nada de él en años. No soy una niña pequeña, y, sobre todo, esto no es algo que se va a solucionar con alejarlo de mi vida. ¡Caramba!, no es como si mis sentimientos fueran a desparecer porque no lo veo. Yo no quiero sacarlo de esta forma de mi vida, necesito encararlo de una manera en donde no estén nuestros padres presentes.

Las lágrimas comienzan a deslizarse por mis mejillas. Odio en lo que me he convertido. Sin duda está roto mi corazón. Estoy hecha una llorona, si fuese la protagonista de un libro, definitivamente odiaría a este personaje, quien no es capaz de hacer nada por ella misma. Me he convertido en la clase de protagonista que más odio.

Tome mi celular y me seco las lágrimas, definitivamente necesito desahogarme con alguien que sé, me va a entender. Después de tres pitidos, Teresa atiende el celular. Solo es necesario decirle que necesito verla para que ella se preocupe.

— ¿Puedes venir por mí? —pregunto contendiendo las lágrimas. —Estoy en casa, pero no quiero estar aquí. —siento unos ruidos a través de la línea y la oigo gritar unas cosas. —Está bien, voy saliendo a buscarte.



Lina Shuls

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En el texto hay: juventud, amorodio, amistad

Editado: 28.12.2019

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