Volaré

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Parecía ser un buen día...

9

 

 

Esa misma noche Valérie recibió la llamada de Claire Renaud, la dueña de la tienda de vestidos. La aparentemente aristocrática señora había decidido contratarla para trabajar en su boutique, y le comunicó que la esperaba al otro día a las nueve de la mañana. <<Generalmente abro a las diez, pero necesitamos de al menos una hora para darte las indicaciones más básicas>>, dijo la señora antes de despedirse. Todo empezaba a mejorar: ya tenía trabajo en un sitio que le había gustado, se encontraría al final del día con Iván, el borracho de la casa azul, lograría recuperar sus zapatos después de reunirse con el salvaje de Pierre, su madre seguía portándose de manera cariñosa y comprensiva, y los dolores por los golpes recibidos aquella horrible noche empezaban a ser algo del pasado. Pensó que podía sonreír nuevamente, que el futuro era brillante, que ahora tenía algo más de independencia, y que lo mejor de todo llegaría el tres de julio, cuando recibiera su primera clase de aviación.

 

Madrugó al siguiente día, tomó una refrescante ducha, se vistió de pantalón y zapatos negros, blusa blanca, acomodó su cabello, puso algo de maquillaje en su rostro, aunque no era mucho el que necesitaba para verse mejor que la mayoría de mujeres de su edad, y tomó el desayuno en compañía de su madre.

-No te demores mucho con el muchacho que vas a ver después del trabajo, recuerda que ahora tendrás que madrugar casi todos los días –le dijo su madre antes de despedirla con un pico en cada mejilla.

Media hora más tarde, pocos minutos antes de las nueve, se encontró parada frente a <<Anne Claire>>, la boutique que a partir de ese día sería el lugar en donde pasaría la mayor parte de su tiempo. No fueron muchos los minutos que debió esperar antes de que su dueña apareciera.

-Esta llave roja es la que debes usar para la cerradura de arriba, y esta plateada para la de abajo. Las dos deben girarse a la izquierda para abrir, y hacia la derecha para cerrar –dijo Claire después de haberla saludado.

Una vez adentro, le indicó el lugar donde se encontraban los interruptores de las luces, le enseñó el lugar en el que podía dejar su bolso y su chaqueta, aunque Valérie no llevaba ninguna, y le mostró el pequeño cuarto de baño, el cual debía permanecer reluciente en todo momento.

-Abrimos a las diez y cerramos a las seis de la tarde, excepto los viernes que vamos hasta las siete. Los sábados estamos de diez a cinco y los domingos no abrimos, ese será tu día de descanso –dijo la señora.

-¿A qué hora puedo almorzar? –preguntó Valérie.

-Si estoy aquí contigo, tienes media hora para ir a cualquier sitio de los alrededores y comprar tu almuerzo. Si no lo estoy, lo cual lo sabrás con la debida anticipación, tendrás que almorzar aquí mismo lo que hayas traído de tu casa o lo que hayas comprado antes de llegar a trabajar.

-Creo que me tocará traer algo de mi casa todos los días, no tendré dinero para ir a restaurantes hasta que reciba mi primer sueldo.

-Te pagaré todos los viernes, lo único que te pido es que cuando estés aquí sola almorzando, y entre una clienta, deja tu comida a un lado para atenderla.

-No hay problema…

El resto de la mañana transcurrió rápidamente. Claire no paró de hablar, enseñándole de qué manera se debía comportar ante los clientes, mostrándole los diferentes modelos que vendía, sus tallas, sus precios, las ocasiones para las que habían sido diseñados, todo lo que guardaba en la pequeña bodega de la parte trasera de la tienda, y la forma como se operaba la máquina registradora.

-Aparte del recibo que produce la máquina, debes apuntar en este cuaderno todo lo que has vendido, con su respectivo precio, fecha de la venta, y número de referencia –dijo Claire mostrándole un pequeño cuaderno azul.

Todo parecía estar bastante organizado, lo que sin duda facilitaría el trabajo de Valérie. Solo esperaba que entrara la suficiente clientela, esto con el fin de que no tuviera tiempo de aburrirse, una vez hubiese pasado la novedad de trabajar por primera vez en su vida.

-La seguridad es muy importante –dijo Claire-, lo último que quiero es que se roben un vestido. Tienes que estar muy atenta, especialmente cuando estés sola y estés atendiendo a más de una persona al mismo tiempo. Debes tener cuidado con los grupitos de mujeres, una o dos de ellas te pueden distraer mientras la otra se guarda un vestido en su cartera…

-¿Ya le ha sucedido? –preguntó Valérie torciendo los labios.



carlosdiazdc

Editado: 26.08.2018

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