Volver a creer. #1

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EXTRA.

¿Qué? ¿Pensaron que no sabrían nada más de mí? Pues aquí les vengo con un Extra.

 

—Vamos superman ya quiero ir a casa —Digo adentrándome a su oficina.

Él levanta la cabeza de su computadora y me hace un gesto con las manos de que se demorará unos segundos. Ruedo los ojos, últimamente la Empresa está yendo en su mejor momento por lo que tenemos más trabajo de lo esperado. Hay muchas nuevas aplicaciones y demás que están causando furor en la industria de la tecnología.

Camino hasta el sofá y me siento allí cruzándome de piernas, él me mira de reojo y yo le sonrío. Él suelta un suspiro y me hace un gesto para que vaya hasta donde está, lo hago sin rechistar Cayden hace que me siente entre sus piernas y agradezco llevar un pantalón elegante ya que coloco mis piernas a sus costados, llevo mis manos por detrás de su cuello y lo miro a los ojos.

—Perdón —Suelta entonces escondiendo su rostro en la curvatura de mi cuello—, sé que he estado trabajado bastante y...

No lo dejo terminar.

—Shh —Levanto su rostro entre mis manos y beso castamente sus labios—. No te preocupes, te entiendo cariño.

Me abraza con fuerza y siento todo el amor que transmite en ese brazo.

—No sé cómo eres tan comprensiva conmigo —Murmura.

—Tal vez porque soy tu asistente y sé lo mucho que trabajas —Me río—, no tengo que estar comiéndome el coco pensando en sí llegas tarde a casa por otra cosa.

Él suelta una carcajada y me alegra el verlo reír.

—Amo tus ocurrencias.

— ¿Podemos irnos ya? Enserio ya quiero irme.

Él asiente y besa mi mejilla con dulzura.

—Espera y guardo estos papeles.

No le molesta que esté su regazo al contrario creo que le agrada demasiado, coloca las carpetas en orden y cuando intento ayudarlo se niega a que me esfuerce y me río, este es mi trabajo pero le dejo mimarme sin quejas.

Cuando abre unos de los cajones de abajo y me sorprendo al ver que ya no está bajo llave como hace tiempo, sin poder evitarlo estiro la mano allí por alguna razón y él me mira extrañado.

— ¿Qué haces?

No respondo ya que ni yo misma sé muy bien que hago, cuando veo esa foto que había visto años atrás la levanto, está del revés como esa vez y siento a Cayden tensarse debajo de mí. Volteó la foto para ver a una chica hermosa, muy hermosa. De cabello negro y unos ojos casi dorados. Ya la he visto... pero no recuerdo donde.

—Ella es Geraldine.

No lo dice él, lo digo yo. Lo afirmo como si ya la conociera, y por alguna razón lo siento así.

—Lo es —Dice suspirando.

—Ella te amaba —Murmuro—, y donde quiera que esté es feliz.

Las palabras brotan de mis labios sin poder evitarlo, es como si las tuviese dentro de mí desde hace tiempo.

Él besa mi cuello.

—Gracias, creo que todavía necesitaba oír eso.

Giro mi rostro en su dirección para besarlo en la mejilla. Guardo la foto en su lugar y aunque él no quiera término ayudándolo a guardar todo, solo quiero ir a casa ya. Cuando vamos en el auto me siento un poco mal por lo que abro la ventana para que me entre mejor el aire.

Cayden intenta ir más rápido ya que sabe que me comienzo a sentir mal, gracias a Dios no tardamos mucho en llegar. Me abre la puerta y me aferro en su mano para salir, un mareo me hace sostenerme más fuerte de su agarre.

— ¿Te encuentras bien, rubia? —Pregunta preocupado.

Asiento restándole importancia con la cabeza.

Aun así Cayden me sujeta de la cintura al llegar a casa, me abre la puerta y apenas él la cierra tras nosotros escucho el grito.

— ¡Mami! ¡Papi!

Me pongo de cuclillas en el suelo para levantar a mi princesa del suelo y abrazarla con fuerza.

— ¿Cómo está mi pequeña? —Ella sonríe y besa mi mejilla.

—Bien, nana trajo chocolate.

Aunque deba regañar a mi madre por darle dulces a esta hora no lo hago ya que sus ojitos azules como los de Cayden me miran con un brillo que me derrite por dentro.

Ella se desespera entre mis brazos y entiendo que quiere ir con su papá por lo que se la extiendo a Cayden que la abraza y luego la levanta dándole vueltas. Ese momento hace que mi corazón se caliente.

—Mi hermosa princesa.

— ¡Te quelo papi!

Me cruzo de brazos.

—Y para mí no hay...

Me quedo callada cuando siento nauseas, sin poder evitarlo termino corriendo rumbo al baño de la planta baja y termino vaciando mi estómago en el retrete.

Me sujeto el cabello con una mano y una vez que me siento vacía me levanto para enjuagar mi boca, mi pequeña corre adentrándose al baño justo cuando jalo la cisterna.

— ¿Mami estas bien?

Algunas palabras le salían más claras para solo tener cuatro añitos, como había palabras que también le costaba pronunciar.

—Creo que a tu hermanito no le gusto la pasta que comí hoy, Ger.

Ella se ríe y se acerca hasta mi pequeño y crecido vientre para regañar a su hermanito. Realmente no teníamos ni las más ni mínima idea de si era niño o niña, pero Ger se había empeñado en que era su "Hermanito" así que yo no podía discutírselo porque se echaba a llorar.

Salgo con ella de la mano y ella me lleva a su recamara, me muestra sus juguetes nuevos que le regalaron en su cumpleaños hace unos días y juego con ella.

—Ella es Shalon. Shalon ella es mami.

Reprimo una sonrisa.

—Oh —Murmuro sorprendida—, es todo un placer conocerte Señorita Sharon.

Mi hija asiente de acuerdo con mi saludo y vuelve a responderme, en eso se basa nuestro juego hasta que comienzo a marearme nuevamente. Cayden llega justo en ese momento y frunce los labios al mirarme.

—Estás muy pálida, Rose.

Lleva una mano hasta mi rostro y lo acaricia, realmente lo único que quiero hacer es dormir pero no quiero ser esa clase de padres que deja a sus hijos de lado por venir muy agotados del trabajo.

—Ve a acostarte Raizel, yo juego con Geraldine —Niego con la cabeza—, tu madre está abajo y como no vayas a acostarte la traeré aquí para que te obligue.



Mila Baez

Editado: 06.10.2019

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