Volver a creer. #1

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Capítulo 4.

Capítulo 4

 


 

No lo puedo detener, sale de este fatídico escondite sin ninguna pizca de miedo y yo me quedo patidifusa. ¿Qué parte de que tiene un arma no entendió? Oh por dios, este hombre va a morir por mi culpa.

Asomo mi cabeza sin despegarme del árbol por temor, el vagabundo camina en su dirección con las manos en el bolsillo de su horrible chaqueta blanca, que se encuentra tan sucia que parece de color marrón.

— ¿Viste a alguna rubia por aquí? —Pregunta, es la primera vez que me doy cuenta de cómo arrastra cada palabra.

El sujeto que acabo de nombrar “suicida” niega con la cabeza.

—No.

— ¡Mientes!

— ¿Y qué si lo hago? —Pregunta dando un paso hacia el frente.

El vagabundo no tarda ni cinco segundos en sacar su arma del bolsillo, jadeo asustada, ese hombre en verdad está loco porque ni siquiera lo vi dar un paso atrás.

—Sal de mi camino —Amenaza con el arma apuntando a su pecho—. ¡Sal o te mato!

—Tranquilo —Dice él levantando las manos—. ¿Qué es lo que quieres? ¿Dinero?

El vagabundo ríe.

—No qiero dinero, pero una caliente rubia que paso por aquí me basta para esta noche —Una arcada es lo único que puedo sentir avecinándose—, y tú te estás interponiendo.

—Lo siento, pero eso no pasará.

Él comienza a avanzar hacia el vagabundo con las manos hacia arriba y lo siguiente pasa en cuestión de segundos. Toma el brazo de éste el cual se ve sorprendido, sujeta su muñeca con fuerza y la lleva lejos de su cuerpo, gira el brazo con el arma hacia la derecha y se aleja de la posición inicial en la que se encontraba el vagabundo. Luego lo empuja con fuerza y lo lanza al suelo mientras gira hacia la derecha sosteniendo su brazo.

El vagabundo cae de rodillas, su mano permanece en el brazo de él y le saca el arma. Ladeo la cabeza totalmente sorprendida, salgo de mi escondite con pasos cautelosos sin saber que decir o hacer.

Él continúa de rodillas con la cabeza hacia abajo, y el hombre que acaba de salvarme la vida “literalmente” me mira con el ceño fruncido.

— ¿A caso no vas a llamar a la policía? —Asiento con la cabeza, me siento algo estúpida por no haberlo hecho antes así que me alejo para marcar el número de la policía. Cuando finalizo la llamada me acerco un poco más pero no demasiado.

—Ya van a llegar —Comunico—, si puedes sostenerlo así por un rato más te lo agradecería.

Arquea una ceja.

— ¿Piensas que voy a dejarlo ir?

—Bueno, obviamente no lo vas a dejar ir... ¿o sí? —Niego con la cabeza—. No me hagas caso creo que sigo en estado de shock, usualmente no digo tantas estupideces.

En eso el vagabundo intenta levantarse y por inercia doy un paso atrás, pero el hombre es mucho más rápido y hace más presión en el brazo que tiene sujeto y el vagabundo gime de dolor.

—Eres una maldita perra —Sisea.

—Discúlpate con la señorita —Esta vez el brazo del hombre hace un ruido que me asusta y éste lloriquea—. No escucho tus disculpas.

Levanto la vista hacia aquel hombre, me sorprende que continúe conmigo y que me haya ayudado sin pedir nada a cambio.

— ¡Lo siento! ¡Lo siento! —Gime aullando de dolor—. Ahora suéltame por favor.

No lo suelta pero por lo menos afloja su agarre. Yo no digo nada, solo me mantengo calladita hasta que llega la policía y debo dar mi declaración de los hechos, hago la denuncia correspondiente y ellos se llevan al vagabundo en su patrulla. Busco al hombre “suicida” y lo veo alejarse de la escena, sin dudarlo corro en su dirección.

Al escuchar mis pasos voltea para mirarme con el ceño fruncido, se detiene y una vez que estoy al lado suyo sonrío.

—Gracias —Digo una vez que recupero el aliento—, perdón por no dártelas antes pero en verdad estaba actuando como una estúpida allá.

—Tranquila, no fue nada del otro mundo —Se encoge de hombros restándole importancia y yo lo miro arqueando una ceja.

— ¿Qué no fue nada del otro mundo? ¿Bromeas? —Pregunto sin poder creerlo—, parecías un maldito ninja, amigo.

— ¿Amigo? —Pregunta con un cierto tonito raro.

— ¡Sí! ¡Salvaste mi vida! Desde ahora eres un gran amigo.

—Exageras.

—No, no lo hago —Afirmo con rotundidad—, te has ganado mi amistad, debes sentirte muy afortunado —Él no sonríe pero veo la diversión bailar en su mirada.

—Claro —Dice algo incómodo.

—En serio muchas gracias… —Guardo silencio al notar que no me ha dicho su nombre.

—Cayden —Responde y yo sonrío.

—Muchas gracias Cayden —Levanto mi mano para estrecharla con la suya—. Un gusto conocerte, me llamo Raizel.

—Un placer Raizel.

—Dime Rai, odio mi nombre completo —Él luce sorprendido—, Solo bromeo ¡Amo mi nombre!

—En realidad es un nombre feo —Dice con algo de humor.

— ¿Qué? —Llevo una mano hasta mi pecho luciendo ofendida—, pero si es hermosa, significa rosa en español.

—Y rose en inglés.

La manera que lo pronuncia me da una sensación rara que no se descifrar.

— ¿Sabes Cayden? Debes enseñarme esos movimientos, Ethan y yo fuimos a unas clases de defensa pero no aprendimos nada.

— ¿Las clases eran tan malas?

—En realidad ambas eran buenas solo que nosotros nos pasábamos catalogando a los chicos más guapos y no prestábamos mucha atención.

Ladea la cabeza divertido.

— ¿Con tu amigo?

Me di cuenta de que había dicho demasiado.

—Bueno, sí. Él es… ya sabes, gay.

—No es de mi incumbencia. En todo caso no es nada del otro mundo, estamos en el siglo XXI.

— ¿No estás en contra ni nada?

— ¿Por qué lo estaría? —Pregunta mientras seguimos caminando—, todos tenemos derecho de enamorarnos, sea de un hombre o de una mujer.

Sonreí, yo pensaba igual que él.

—Creo que deberíamos hablar con mi novio sobre esto.

Él para de caminar saca el celular que tenía guardado en su bolsillo trasero y yo lo miro de manera disimulada. Se nota que cuida su físico sin la capucha puedo ver que su cabello está desordenado pero aun así no luce nada mal. El color de su cabello es negro, muy oscuro como sus largas pestañas, siento algo de envidia la verdad.



Mila Baez

Editado: 06.10.2019

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