Volver a creer. #1

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Capítulo 6

Capítulo 6
 


 

Me siento en mi escritorio de manera brusca soltando un bufido.

— ¡Ja! ¿Pero que se ha creído el señor Harrison? —Me pregunto a mí misma—, vaya idiota.

Molestísima aun por todo saco los papeles para trabajar. Tengo mucho que hacer hoy y no quiero quedarme hasta tarde, debo ir a la casa de Karina con mi novio para disculparnos por no haber podido asistir a su cumpleaños ayer. Recuerdo que todavía no le he comprado un regalo y maldigo. Miro las carpetas para comenzar pero el telefonillo suena, avisándome que mi jefe me necesita. Cuento hasta tres para no decir alguna estupidez.

—Señor Harrison ¿Necesita algo? —Me sorprende a mí misma mi propia calma.

—No te hubiese llamado si no necesitaba nada, Raizel.

Arrugo el ceño al darme cuenta que se dirige a mí por mi nombre y no por mi apellido, aunque tampoco me dice Rose así que no se muy bien que pasa por la cabeza de ese loco.

— ¿Pues qué se le ofrece? —Pregunto de mala gana sin poder evitarlo.

—Como su intento de desayuno fue un tremendo desastre —Abro la boca ofendida—, quiero que vaya por uno nuevo.

—Pero tengo mucho trabajo…

—Ya verá eso más tarde —Dice cortándome—, quiero un café negro sin azúcar —Recalca bien lo de sin azúcar—, y una media luna. Espero que no sé confunda está vez.

Clavo mis uñas en la palma de mi mano, es eso o ir a matarlo.

—Como ordene su majestad.

— ¿Perdón?

—Como ordene Señor Harrison —Murmuro rápidamente—, lo tendrá todo en cinco minutos.

Cuelgo sin esperar una respuesta no quiero seguir oyendolo, su voz realmente me tiene harta. Tomo mi bolso donde guardo la tarjeta que Cindy me encargo para gastos del Jefe, me apresuro hasta el ascensor y presiono el botón de la planta baja. Al llegar abajo veo a mi amigo riendo mientras tiene mucho trabajo que hacer, niego con la cabeza.

— ¡Hey tú! —Lo llamo, él cuelga rápidamente—, continúa con tu trabajo tonto.

Él se lleva una mano al corazón al verme.

—Maldita, pensé que eras alguien más.

—Deberías agradecer que fui yo y no el jefe —Digo caminando en su dirección—, el jefe es un idiota amargado. —Eso lo añado en voz baja.

Él abre los ojos sorprendido.

—Pero es guapo, sexy…

—Shhh —Llevo mis manos hasta su boca—, no hables tan alto ¿Quieres que alguien te oiga?

Él sonríe sobre mis manos. Debería ir ya, creo que los cinco minutos ya han terminado.

—Debo irme —Murmuro apartando mis manos—, debo ir por su desayuno ya que dijo que lo que traje hoy fue un desastre.

Él sonríe nuevamente.

—Uff Raizel, pedazo de jefe tienes —Él ignora lo que digo, puedo notarlo—, ya quiero verlo en persona dicen que las fotos no les hacen justicia ¿Es guapo?

La pregunta me pilla por sorpresa.

¿Es guapo? La verdad no me fije en eso, pero debo admitir que lo es además sus ojos son bonitos. También tiene un rostro bonito, de acuerdo es un maldito Dios pero su actitud de mierda no ayuda.

Me encojo de hombros.

—No está mal —Rueda los ojos—, ahora me voy porque mi pobre jefecito debe estar muriéndose de hambre.

Me río por lo último y salgo de la empresa rumbo a la cafetería, debo ahorrar para comprarme un auto, pero todo lo que tengo es para un departamento así que creo que lo del auto no pasara.

Cuando llego a la cafetería Tobías me mira extrañado.

—Hola Raizel ¿no deberías estar en tu trabajo? —Asiento—, ¿Qué vas a ordenar?

—Vengo de allí, Un café negro sin azúcar y una media luna, por favor —Añado antes de que se me olvide.

—Marchando —Lo veo preparar el café—, ¿Nueva orden? ¿A quien intentas complacer señorita?

—Nuevo jefe —Él suelta un “Oh” como si entendiese todo—, solo debo ir corriendo para allá para que  no se enfríe.

Iba ser sencillo e iba a sorprender a mi jefe con mi rapidez.

Pan comido.

—Aquí tienes —Me entrega todo—, avísale a tu hermano que me debe diez dólares.

Ruedo los ojos.

—Como si fuera a pagarte.

Se encoje de hombros.

—Tú solo dile —Asiento.

— ¡Nos vemos mañana niño!

Salgo del local sin perder tiempo, camino con paso apresurado y me pongo contenta al saber que no he demorado casi nada. En eso veo en una Tienda unos pendientes que me llaman mucho la atención, son el regalo perfecto para Karina, veo que el local se esta cerrando y camino para allá.

— ¿Hola? ¿Van a cerrar? —Pregunto extrañada.

Una señora de edad voltea en mi dirección asintiendo.

—Sí, surgió un inconveniente y me debo marchar —Me dice la señora.

Muerdo mi labio.

¿No voy a tardar tanto, no?

—Antes de que se vaya ¿Puedo ver aquellos pendientes? —Ella asiente, abre nuevamente la puerta y entramos—, esos de allí.

La señora camina hasta ellos y luego me los entrega. Dejo el café con la bolsa en el mostrador para tomar entre mis manos los pendientes.

—Son hermosos —Murmuro sonriente—, me los llevo.

Pago de manera apresurada, tarda un montón en dármelos así que cuando me lo entrega salgo del lugar casi corriendo para llegar más rápido, a una cuadra de la Empresa me percato de que no tengo el café en mi mano.

—No, no, no —Murmuro sin poder creerlo—, ¡Lo olvide en el mostrador!

Me pego en la frente y corriendo vuelvo al lugar donde compre el pendiente pero ahora si está cerrado.

—Esto no me puede estar pasando a mí.

Sin más remedio corro nuevamente hasta la cafetería pero al entrar me sorprendo al ver que está repleta.

¡De donde ha salido tanta gente!

Me pongo en la fila a esperar, zapateo exasperada.

La fila tarda medio siglo y yo sigo sin obtener lo que quiero. No sé cómo sucede pero cuando por fin le dan su orden a la persona en mi frente, él voltea con brusquedad chocando contra mí, termina derramando su café caliente en mi camisa blanca.

— ¡Ay! ¡Quema!

—Lo siento —Levanto la mirada hacia el señor que se ve realmente arrepentido, suelto un suspiro.



Mila Baez

Editado: 06.10.2019

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