Volviendo a amar

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A samaritano que no se le ve la intención...

"Valen la pena las segundas oportunidades" –SNBrito.

Me aguanto las ganas de querer salir corriendo de este lugar. No pensé que el primer semestre de mi último año llegaría tan rápido. Desde que llegamos a Los Ángeles lo primero que hice fue organizarme y planificar todo lo que haría de ahora en adelante. Ya no habrían salidas ni nada más que pudiera comprometerme. Debía centrarme en lo que necesitaba por ahora.

Aprieto los brazos de la mochila y camino. Los muchachos se mueven de un lado a otro, algunos me observan y otros pasan de largo. Esta es la secundaria más extraña que he visto en mi vida. En California solía ir con un uniforme, pero aquí es todo lo contrario. Todos van vestidos de la manera que le plazca, obviamente sin exagerar. Hay muchas variantes de estilos y yo me siento toda una intrusa con un jeans gastado, una blusa rosa pálido, unos tenis cualquiera y una coleta desaliñada. Seré la burla de todos. 

En la entrada, muchos cuerpos golpean el mío y entonces me doy cuenta de que si ellos cruzan, yo también puedo hacerlo. Debo apretarme las pilas, ni que fuera algún ser extraño de otro planeta. 

Con las manos apretadas en los brazos de mi bolsa, me dirijo a la dirección tratando de no chocar con nadie de manera torpe. Hay demasiadas personas en un pasillo no tan grande. 

A mitad del camino me detengo en seco. No tengo alguna indicación de a dónde debo ir para llegar a ese sitio. Me giro y veo a una chica rubia leyendo un libro. Me acerco a ella con timidez y cuando nota mi presencia, me observa inquisitiva. 

—Perdón, ¿tienes alguna idea de dónde está la dirección? ¿Así le llaman aquí, cierto? —Cierra el libro y me mira como si fuese un bicho extraño. 

Al menos no repara en mi complexión.

—Se llama Rectoría y sí. Puedes seguir derecho, al final del pasillo, giras a la derecha, abres la puerta y listo —habla. Sus ojos azules y el rubio de su cabello me recuerdan mucho a Greena, sin embargo, no reparo mucho en ello y le doy las gracias antes de seguir la indicación que me ha dado. Trago duro cuando estoy frente a la puerta, pero me extraña que no esté el marco indicando que es el lugar de la Rectoría. Suspiro y empujo la perilla. No hay nada, todo está oscuro. Esa chica me ha jugado una broma. 

Escucho una risa detrás de mí y no me queda de otra que voltear hacia la persona. Hay un chico rubio mirándome con algo de intensidad. Me encojo, pero no digo nada. 

—Cristián te hizo la broma, ¿no? Siempre lo hace. —Frunzo el ceño. 

—¿Cris quién? Sólo hablé con una chica que leía un libro y me dijo que viniera aquí —respondo. El chico sonríe, echándome a un lado para cerrar la puerta donde no sé qué rayos hay. 

—Bueno, hoy me tocará ser tu guía —murmura, posando su brazo sobre mis hombros para conducirme a donde sea que me lleva —. Mira, la chica del libro es Cristián, siempre está disponible para bromas, es así de efusiva y carismática. Ya la conocerás y bueno, yo soy Brett Morgan, es un gusto ser el "primero" a quien conoces de este lugar —habla, como si no fuese una extraña para él. Me guía hacia la Rectoría, aunque en el camino me va diciendo diferentes cosas del Instituto.

Me enseña dónde queda cada cosa y me asalta la risa cuando me muestra dónde quedan los baños. Él, como buen pillo que es, abre la puerta donde se encuentran las mujeres. Todas se asustan, hay muchas arreglando su maquillaje y otras en las cabinas. Miro a las chicas y les pido disculpas antes de que me muestre la otra parte del pasillo donde se encuentra el baño de los varones.

—No, no abras o me sentiré más avergonzada que con el cubículo anterior —pido. 

—Vale, no lo hago —dice con una sonrisa. 

Continuamos el camino hasta que por fin me deja en Rectoría y se despide. Por lo menos he encontrado a alguien que sí se ha dignado a uniforme en este lugar. 

Toco la puerta y escucho un pase. Giro la perilla y entro. 

—Buenas... —emito, está llenando unos papeles y sólo me mira unos segundos —. Soy la nueva, vengo de California –digo. Sin mirarme, hace una seña para que me siente cosa que me hace sentir algo molesta. Es un director bastante extraño; no es extrovertido, ni emite alguna palabra para aminorar la tensión del ambiente. 

Al final termino sentándome en la silla. ¿Por qué Brett no me advirtió sobre esto? Soy una completa desconocida aquí, se supone que este señor que está frente a mí debe decirme la mayoría de las cosas, porque sé que debo descubrir lo demás. El silencio se extiende hasta que por fin hace algo: pone frente a mí unos papeles. 

—Llénelo a la hora del receso, señorita Clark. Debajo está su horario y tiene trabajo en la biblioteca después de clases. —Mi ojos se abren con sorpresa ¿trabajo? Pero si apenas y he entrado. 

—¿Cómo que trabajo? Esto es un Instituto, no una cárcel de adolescentes hormonales a los que tiene que controlar para que no se vayan a la cama con otras personas —replico. 



Sarah Brito

Editado: 24.10.2019

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